La Real comenzó la temporada en en Anoeta como se esperaba, ganando y sumando tres puntos que vendrán bien de cara al futuro más inmediato. Por mucho potencial y talento que tenga un equipo, sólo la clasificación es capaz de dar ese respaldo de confianza que debe permitirle crecer en su juego. No sé por qué, pero soy de los que me fijo en el debe en las victorias y en el haber en las derrotas. Será por eso de que dicen que el halago debilita y la crítica en los malos momentos no genera más que pesimismo. Así que si les digo que la Real no me terminó de convencer anoche quizás me tachen de loco.
Trataré de explicarme. Este equipo tiene un potencial en ataque como pocos en el campeonato. Ver juntos del centro del campo en adelante a Griezmann, Vela, Agirretxe, Illarramendi o Xabi Prieto levanta el ánimo a cualquiera. Y si miran al banco y ven al Chory, Ifrán, Pardo y compañía, ¡qué les voy a contar! Pero creo que un conjunto que quiere ser competitivo a lo largo de 38 jornadas tiene que ser sólido, dominar el juego, algo que muchas veces se relaciona con tener el balón y no siempre es lo mismo. Ayer sí coincidieron estos dos aspectos. Porque los de Montanier se movieron por impulsos, a rachas, sin un patrón constante que les proporcionase una cierta tranquilidad.
El técnico normando introdujo dos novedades respecto al once del Camp Nou, ya que Agirretxe entró como nueve de referencia y Vela sustituyó en la izquierda al Chory. Markel tomó la posición de Elustondo y Griezmann ocupó la zona del elgoibartarra en la zona ancha para tratar de desequilibrar en la zona de creación. Los aficionados se frotaban las manos ante semejante combinación de jugadores de talento. Pero la primera cuestión era tener el balón para hacer peligro con él. Ése fue el caballo de batalla con el que tuvo que lidiar la Real toda la tarde.
La presencia de Griezmann en el centro del campo motivó que Xabi Prieto y Vela jugaran abiertos en las bandas para dejarle espacios en el pasillo central por los que pudiera penetrar. Esta variación táctica representó una novedad con respecto a la habitual movilidad que caracterizó a los tres atacantes blanquiazules en la pasada temporada. En esta ocasión era entendible, ya que la acumulación de futbolistas en ese espacio podía ahogar al futbolista más desequilibrante en el aspecto ofensivo.
La primera media hora fue prolífica en ataque. Pocas veces se habrán visto en Anoeta tres remates a los postes -Agirretxe, Ansotegi y Griezmann- y un gol anulado que debió subir al marcador -Agirretxe arranca en posición legal cuando centra Xabi Prieto- en semejante periodo de tiempo. Pero el cuadro blanquiazul mantenía una puerta abierta por la que podía colarse el Celta. Y ésta era la dificultad para adueñarse de la pelota. Cuando dos o tres jugadores de talento se asociaban en una jugada saltaban chispas. Como en la conducción de Vela, cuyo pase a Griezmann acabó en la madera. Pero si el rival guardaba el balón, costaba recuperar el sitio. La posición tan ofensiva sobre el campo hacía vulnerable al cuadro blanquiazul a las pérdidas de balón. Por lejanas que fueran.
Antes del descanso Iago Aspas avisó en un par de acciones. Una acabó en tarjeta amarilla para Ansotegi y la segunda, en la que sirve un gran pase cruzado a De Lucas, la salvó milagrosamente un providencial De la Bella. El inicio del segundo acto confirmó estos temores, porque el Celta pareció crecerse por momentos. Bravo salvó a bocajarro un balón de De Lucas, pero en la siguiente acción el experimentado delantero anotó el 0-1.
Y en esto salió Pardo
Resulta curioso que un equipo con tanto potencial ofensivo y talento como el realista acabara resolviendo el encuentro por corazón, por casta. Porque de ella tuvo que tirar cuando se pusieron feas las cosas. Y ése es un aspecto que no hay que dejar pasar de largo. Apenas cuatro minutos tardó Griezmann en liarla en una conducción de derecha a izquierda en la que asistió a Agirretxe. El remate del usurbildarra con la izquierda no era tan sencillo como parecía.
El tanto fue un mazazo para un cuadro gallego que hasta entonces parecía sentirse cómodo en un guión de partido revuelto, de idas y venidas, y con el cartel de víctima propiciatoria que le ofrecía su condición de recién ascendido. Pero todo cambió con ese balón peleado por Vela tras un centro cruzado de Estrada en el que Agirretxe robó la cartera a la defensa contraria. Con ventaja en el marcador, la historia iba a ser diferente.
La montaña rusa en la que se instaló la Real desde el primer minuto de juego -algo que normalmente beneficia al equipo de menor potencial, en este caso el Celta- fue frenada con la entrada en el campo de Rubén Pardo. Montanier cambió el dibujo táctico y situó al riojano en un doble pivote junto a Markel Bergara, con Griezmann de enganche por detrás de Agirretxe y Prieto y Chory en las bandas. Y el de Rincón de Soto serenó los ánimos. Su armonía con el balón reduce el sofoco en la grada, calma a sus compañeros y desanima a un contrario que va perdiendo y comprueba la dificultad de quitarle la pelota. Pero es que en ataque aprovecha también cualquier resquicio para hacer daño con sus envíos, como uno que lanzó hacia Agirretxe para que éste cabeceara en plancha. Pero lo que tienen los buenos jugadores es que, además, saben elegir bien las opciones de juego. Así lo demostró con esa conducción en diagonal en los minutos de descuento para dormir el partido y no arriesgar a que un pase fallido provocara una contra del rival.
Así agonizó el choque. Con una Real más aseada con el esférico y más junta en defensa, que no bien posicionada. A los blanquiazules les sobra corazón para defender un resultado y conscientes de que había que sufrir para amarrar los tres puntos, redujeron los espacios entre las líneas y apretaron los dientes. Aunque esa sensación de peligro no terminó de disiparse hasta el pitido final, tampoco hay que olvidar que estamos en la segunda jornada de Liga y que el equipo aún se está ensamblando. En el centro del campo, especialmente, donde se da la circunstancia de que el once de ayer no se encontraba ninguno de los tres titulares de la pasada campaña: Elustondo, Aranburu y Zurutuza. Y es en la zona ancha donde se libran las batallas en los partidos, aunque en las áreas se decidan. Pero como dicen que bien está lo que bien acaba, ya saben: tres puntos al saco y a Mallorca.
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