No hay color. Al menos en el CampNou. La insalvable diferencia entre ambos equipos y el hecho de que el más fuerte actúe como local convierten los duelos jugados en feudo azulgrana en una historia que se repite cíclicamente en cada visita como si del 'El día de la marmota' se tratase. Como no creo que sea oportuno comparar los méritos contraídos por uno y otro equipo, lo más lógico será medir a la Real por su propio rasero. Y lo que pudimos ver es un equipo con dos lecturas bien diferentes, con calidad para hacer daño en campo contrario y muy blandito en el aspecto defensivo, lo que aprovechó el Barça para darse un festín goleador sin la necesidad aparente de apretar el acelerador.
Jugar en el Camp Nou nunca ha resultado fácil para la Real, por lo que viene bien tener en cuenta este aspecto a la hora de hacer una valoración de esta primera derrota liguera. Que el 85% de las visitas a campo azulgrana hayan acabado con triunfo local habla claro de la superioridad del Barcelona en estos duelos directos. Otra cosa es en San Sebastián. Pero en la Ciudad Condal no hay más historia que ésta. Incluso en sus mejores temporadas hincó la Real la rodilla sin apenas ofrecer resistencia.
Ya nadie recordará cómo en las dos campañas de los títulos ligueros en 1981 y 1982 los blanquiazules perdieron por 2-0, sin ser capaces siquiera de hacer un gol. Schuster y Quini habían sentenciado el choque para el descanso en la primera ocasión. Simonsen y Alexanko lo hicieron en la segunda. Y allí estaban los Arconada, Gorriz, Kortabarria, Periko Alonso, Zamora, Satrústegui, López Ufarte y compañía. Pero, aunque marcharan por delante en la clasificación, el Camp Nou siempre ha impuesto mucho respeto a la Real. Más incluso que el Bernabéu si me apuran.
Más cerca queda en el recuerdo la temporada del subcampeonato con Denoeuix, la 2002/03. Los realistas aventajaron al final de Liga en 20 puntos a los azulgrana, pero también perdieron en este campo en un partido que tampoco tuvo contenido porque Saviola y Kluivert ya habían marcado para la media hora. El postrero tanto de Nihat apenas abrió la puerta de la esperanza.
Y eso que antes las sempiternas diferencias respecto a los grandes no eran tan abismales como ahora. El actual Barça, un equipo con base de cantera, se ha gastado 170 millones de euros en el fichaje de los siete futbolistas que ha captado en el mercado: Villa, Mascherano, Adriano, Afellay, Cesc, Jordi Alba y ahora Song. Por este último ha pagado 19 millones, prácticamente la misma cantidad que destina la Real al pago de los salarios de todos sus jugadores en un año.
El planteamiento previsto
Creo necesaria esta reflexión antes de valorar el partido. Montanier planteó lo que se esperaba, un trivote en el centro del campo compuesto por Elustondo, Markel Bergara e Illarramendi para que se emparejasen con Busquets, Xavi y Cesc, con Griezmann de falso nueve. El mutrikuarra fue más arriba a buscar a Busquets, lo que le permitió también estar más adelantado tras los escasos robos de balón realistas y hacer daño con sus pases a la espalda de la zaga blaugrana, como en el gol del Chory. Pero podemos pasarnos cien años hablando de táctica y lo cierto es que al tercer minuto Puyol cabeceaba a placer un balón a la salida de un córner.
Ya se vio en pretemporada que el juego de estrategia defensivo era muy vulnerable, como quedó comprobado tras los goles de córner encajados en Parma y Varese. Ayer cayó el tercero en cuatro partidos. Illarramendi, Markel y Chory protegían la zona de rechace, Griezmann se quedaba arriba para una hipotética contra y Xabi Prieto defendía la corta, con los cinco blanquiazules restantes -Ansotegi, Mikel, Estrada, Elustondo y De la Bella- en marcaje individual dentro del área. Todo saltó por los aires cuando el capitán azulgrana robó la cartera a un Ansotegi que reclamó falta. Para este viaje no se necesitaban alforjas.
Quizás lo único salvable fue la reacción que mostró la Real en los minutos posteriores al 1-0, cuando enlazó dos jugadas de peligro que sorprendieron al personal. En la primera de ellas Griezmann, en una de las pocas veces en las que se descolgó de nueve, asistió a Xabi Prieto, pero a su centro no llegó por poco Illarramendi en boca de gol. En la siguiente fue Prieto el que dio un balón franco a Illarramendi en la posición de mediapunta. El pase del mutrikuarra, de libro, rompió la espalda de Alves y resolvió Chory con maestría el mano a mano contra Valdés. Fue el único momento de gozo de los aficionados blanquiazules desplazados hasta Barcelona, que se dejaron sentir en la celebración.
Pero la Real de anoche fue un equipo con pies de barro y bastaron dos chispazos de Messi para resolver el choque al cuarto de hora. En el primero Elustondo no quiso cometer penalti y metió el pie sin fuerza, aunque uno se pregunta qué hacía el besaindarra ayudando a dos centrales que estaban sin jugador al que cubrir. En el segundo le ganó la acción en el primer palo a Ansotegi tras un centro de Tello para fusilar a un Bravo que no se creía lo que estaba viendo. Le habían marcado tres goles sin ni siquiera llegar a tocar la pelota.
Ya no hubo más historia, porque cuando un partido queda liquidado valorar los minutos de la basura no tiene sentido. Alves hizo el cuarto antes del descanso y Villa festejó su regreso a los terrenos de juego después de nueve meses completando la manita. En la Real pocos apuntes se pueden hacer. Que Bravo sí es verdad que tuvo más oportunidades de intervenir a disparos de Messi, Alves y Xavi, entre otros, y unos cuantos detalles de calidad blanquiazules, como el intento de vaselina de Elustondo desde el centro del campo, un remate rozando el poste del Chory al poco de la reanudación o una buena acción individual de José Ángel a cuyo centro no llegó Vela.
Pero el pescado estaba vendido para entonces. La derrota en el Camp Nou entra dentro de lo lógico, aunque no la fragilidad defensiva cuando el Barça tuvo el balón. Después de tres años en Primera se esperaba más agresividad, concentración y madurez en distintos aspectos del juego. Pero ya les digo que estos partidos no tienen historia.
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