JORGE F. MENDIOLA | SAN SEBASTIÁN
La retirada de Mikel Aranburu ha dejado al vestuario de la Real sin su principal referente. El último gran capitán ha colgado las botas y el testigo lo recogen seis jóvenes de corazón blanquiazul. Su misión será hacer funcionar el equipo fabricando fútbol desde la sala de máquinas del sistema de Philippe Montanier. No tienen las tablas de su maestro, pero les sobra talento y compromiso para llevar la nave a puerto. Son los herederos de Aranburu y son de casa.
Posan para la foto en formación, dos por puesto, aunque son cromos intercambiables que multiplican las alternativas en la pizarra. Su polivalencia y complementariedad les convierten en piezas adecuadas para el estilo de juego que practica la Real con el normando al frente.
Markel Bergara, Gorka Elustondo y David Zurutuza son los veteranos por edad y años en el plantel profesional. En poco tiempo han pasado de pedir consejos a ofrecerlos, consecuencia del proceso de reconstrucción impulsado desde el club. Acumulan ya cierta experiencia en la máxima categoría y asumen con naturalidad la cuota de responsabilidad que les corresponde.
Markel y Elus son los cuatros de Montanier. El curso anterior turnaron sus apariciones ligueras por culpa de las lesiones. No fueron dolencias graves, pero sí constantes y lo suficientemente incómodas para cortar su regularidad. De hecho, el elgoibartarra se perdió el tercio final del campeonato a causa de unas molestias en el pie. Cerró la temporada con once partidos jugados y 699 minutos sobre el césped. Siempre que ha estado disponible, el técnico ha echado mano de sus virtudes. Entra en su último año de contrato y debe ganarse la renovación.
Montanier también tiene a Elustondo en sus oraciones. La estatura y equilibrio táctico son el pasaporte del beasaindarra a la titularidad en una posición clave dentro del 4-3-3. No termina de convencer a un sector de la grada que sigue sin apreciar las cualidades que señalan los técnicos de Zubieta, pero acaba de firmar hasta 2015 y tendrá margen para explotar.
Zurutuza fue uno de los descubrimientos del ascenso. Martín Lasarte le entregó galones desde el primer día y el debarra respondió con fútbol y goles. Los problemas musculares que le acompañaban en los inicios de su carrera están olvidados y ahora Zuru destaca por su capacidad para esconder la pelota a los rivales y su despliegue pulmonar. Ídolo del realismo, afronta la campaña de su consagración en la Liga de las estrellas. Juega de volante, tiene facilidad para pisar el área y ya ha superado el centenar de encuentros con la elástica txuri urdin. Hace unos meses rechazó un ofertón del Athletic y amplió su compromiso con el club de sus amores.
Asier Illarramendi, Rubén Pardo y Javi Ros representan una inyección de sangre fresca en el equipo. Nacidos en los noventa, son jóvenes aunque están preparados para rendir en una plantilla de élite. Dan sus primeros pasos en la mejor liga del mundo y ya han llamado la atención de los grandes del continente.
Las perlas de Zubieta
Illarra es una de las perlas de la factoría de Zubieta. Vigilado de cerca desde Lezama, su nombre viene sonando desde hace años entre los aficionados y el año pasado dio el salto desde el filial. Su primera temporada completa fue un tanto irregular por la rotura de menisco que sufrió a finales de 2011. El día de su reaparición pagó la novatada en forma de expulsión, pero sus registros son positivos en términos globales: dieciocho partidos jugados y 1.404 minutos en acción.
Rubén Pardo fue la sensación de la temporada. Venía de conquistar el Europeo sub 19 y su ruidoso estreno incluyó una oferta del Real Madrid, que hace doce meses puso diez millones encima de la mesa de Jokin Aperribay y no renuncia a llevarse a golpe de talonario al, según Mourinho, sustituto de Xabi Alonso. Este año se esperan grandes cosas del riojano, el benjamín del vestuario con tan sólo diecinueve primaveras. Visión de juego, desplazamiento del balón en largo y un potente disparo -marcó un golazo al Sevilla- son algunos de los dones que atesora en sus botas.
Ros acaba de subir el último peldaño de la escalera de Zubieta y ya es miembro de pleno derecho de la plantilla profesional. Perdió la virginidad futbolística demasiado pronto y parece que le ha costado más que a otros cubrir el tramo final del recorrido desde categorías inferiores, pero como él mismo suele decir, el camino de cada jugador es diferente y el suyo ha resultado así. Agresividad, espíritu combativo, garra... Quienes lo conocen bien aseguran que no le falta calidad. Su entrega y hambre de balón le vendrán de maravilla a un grupo que no destaca precisamente por su malicia.
Seis hombres, seis canteranos, seis realistas que han mamado los valores del club desde niños. Entre todos suman 332 partidos en la Real, casi cien menos que los que jugó Aranburu en sus catorce temporadas en el primer equipo. Pero la calidad siempre sale a la superficie y compensa el hándicap de la inexperiencia. El centro del campo de Montanier está bien cubierto... por muchos años.