Real Sociedad
Actualidad
25 ANIVERSARIO DE LA COPA DE ZARAGOZA
Luken, el hijo del añorado Musti, se emociona al levantar la Copa que ganó su padre
25 de junio de 2012 - 08:34
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

MIGUEL GONZÁLEZ.  El título copero conquistado en La Romareda tuvo muchos y variados protagonistas. La mano del mítico Luis Arconada para detener el penalti decisivo, los goles de López Ufarte y Txiki Begiristain durante el partido, los más de 20.000 enfervorizados realistas que acompañaron al equipo, la maestría de John Toshack para recuperar un equipo campeón en cuatro años... Fueron tantas las emociones vividas que la lista sería infinita. Después de 120 minutos de dura batalla los lanzamientos desde el punto fatídico dictarían sentencia y hacia allí se dirigieron cinco valientes a lanzarlos. Gipuzkoa entera les confió su suerte. El añorado Musti Mujika fue uno de ellos y no falló, entrando por la puerta grande en la historia del club.

Un cuarto de siglo más tarde recordamos su figura a través de su hijo Luken, su viva imagen y que en agosto cumplirá 23 años. Junto a él visitamos el Museo de la Real, donde se guarda el trofeo conquistado aquel día. Se emociona al tener la Copa entre sus manos. «Para mí es un orgullo tremendo que mi aita fuera protagonista de aquel éxito. De hecho, guardo en la habitación la copita pequeña que repartieron a todos los jugadores».

Desde pequeño ha oído y escuchado en casa historias de aquella mágica noche. «Siempre me han dicho que fue una pasada. Que fue mucha gente a La Romareda y que nadie esperaba que después de las dos Ligas ganadas a principios de los ochenta la Real fuera a ganar otro título tan pronto. También he oído que la Real jugó mejor pero que no supo rematar y se llegó a los penaltis. El aita metió el suyo y Arconada paró el decisivo».

Desde pequeño ha oído y escuchado en casa historias de aquella mágica noche. «Siempre me han dicho que fue una pasada. Que fue mucha gente a La Romareda y que nadie esperaba que después de las dos Ligas ganadas a principios de los ochenta la Real fuera a ganar otro título tan pronto. También he oído que la Real jugó mejor pero que no supo rematar y se llegó a los penaltis. El aita metió el suyo y Arconada a paró el decisivo».

Aunque parezca mentira, no tiene más referencias visuales de aquella final que unas pocas imágenes rescatadas de la historia de la Real en YouTube. «El día del homenaje al aita de hace ocho años ETB emitió imágenes de la final en las que se le veía y me comentaron que me iban a pasar el partido completo, pero ahí lo dejamos. De hecho, aún hoy, no sé cómo lanzó el penalti. En internet lo he buscado varias veces, pero aparecen imágenes de la final sueltas, pero no los penaltis enteros. Ya me gustaría conseguir ese partido y algún otro en el que aparezca mi padre».

Apasionado del fútbol como su padre, el paso de los años le ayuda a comprender la tensión que debió soportar su progenitor al enfrentarse al penalti de su vida. «Cuando ahora veo cómo les temblaron las piernas a Cristiano y a Messi en la Champions, o al mismo Terry en aquella final de Moscú frente al Manchester United, me doy cuenta del mérito y el valor que tuvo el aita tirando aquel penalti. Estos clubes grandes luchan por ganar títulos todos los años, pero en la Real era entonces o nunca. Me imagino que sería una gran responsabilidad».

Al echar la vista atrás, Luken lamenta no tener ninguna camiseta de las que vistió su padre, sobre todo de la Real, ahora que todo el mundo colecciona elásticas de múltiples equipos. «Me da un poco de pena no tener ninguna camiseta suya. La única que tengo es una con el '10' del Milan de Gullit que se la cambió en un amistoso de pretemporada que jugó con la Real. En aquella época no era como ahora, en la que los jugadores tienen más acceso a las camisetas».

No obstante, conserva con cariño un museo particular que le ayuda a tenerlo presente a diario. «Tengo un cuaderno con fotos y recortes de periódicos en los que aparece. También un cromo suyo de aquella época, un póster oficial de la Real en el que aparece y una de esas fotos firmadas que editaba el club para repartir entre los aficionados y que me ha llegado hace poco. Me hace mucha ilusión tener cosas suyas. Cada vez más».

Luken estudia cuarto curso de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Navarra y en un futuro le gustaría trabajar en «algo relacionado con el deporte, aunque no tengo claro en qué. Quizás en algo de marketing o así. Me encantan todos los deportes, aunque el fútbol y el golf, los que más. Tengo handicap 9, soy algo paquetillo. Con 14 años varios amigos me metieron el gusanillo y sigo jugando. En Basozabal he visto a alguna vez a Olazabal entrenando, pero a pesar de que es muy majo, nunca me he parado a hablar con él. También veo mucho tenis. Mi favorito es Nadal».

Su nombre, gracias a Iturrino

Al preguntarle por el origen de su nombre, poco común, desvela una anécdota que no deja de tener su miga. «Cuando nací no tenían muy claro que nombre ponerme. Lucho Iturrino comentó a los aitas que por qué no me ponían su nombre, Luciano. Éstos le dijeron amablemente que no les convencía, pero cuando Iturrino les dijo que en euskera era Luken, les gustó y hasta hoy», dice con una sonrisa.

Muchos de los que fueron compañeros de Musti siguen manteniendo contacto con Luken. «Me llevo bien con Pedro Uralde, Mikel Lasa, Claudio Barragán, Loren... Me suelen contar historias de cómo era el aita y dicen que me parezco bastante a él, lo que es un orgullo. Me cuentan que era un tío divertido, muy majo. Yo también me acuerdo que de pequeño fui con el aita a pasar una semana a casa de Mikel Lasa y su mujer Maider cuando jugaba en el Real Madrid. Íbamos a ver hasta los entrenamientos».

Quién sabe si quizás sea ésta la razón por la que le tira más el color blanco que el azulgrana, aunque su verdadera pasión, como no podía ser de otra manera, es la Real. «Me gusta más el Madrid que el Barça. También quizás por Iván Campo, que jugó con el aita en el Alavés. Siempre le he tenido mucha más simpatía. Se portaron muy bien en el homenaje al aita. Vinieron todos a Anoeta y el único que no pudo hacerlo, Alfredo di Stefano, que se puso malo, disculpó su ausencia. Me dieron varias camisetas y un balón firmados. Una de las camisetas del homenaje se la regalé a Félix Apalategui porque la quería para la tienda y el balón se lo di a la pareja del aita. Yo me quedé con el recuerdo de aquel día, lo más bonito».

Es socio de la Real desde la inauguración de Anoeta y confiesa que cada vez está más enganchado. «Soy realista hasta la médula. A Atocha ya me llevaban, pero no me acuerdo. Mi primer recuerdo es de Anoeta. Desde ese día he sido socio y he vivido de todo: el año que casi ganamos la Liga, la Champions, el descenso, el ascenso... Este año no me he perdido ningún partido a pesar de estar estudiando en Pamplona».

El mejor momento en todo este tiempo lo tiene claro. «El partido que ganamos al Real Madrid de los galácticos por 4-2. También sentí mucha emoción cuando escuché el himno de la Champions en Anoeta. No lo olvidaré nunca».

Ha jugado en Anoeta

Luken tiene un registro particular del que sólo unos pocos privilegiados pueden presumir: ha jugado dos veces en el estadio de Anoeta. «Es verdad. En infantiles lo hice con el Lengokoak ante el Urola el día del homenaje al aita. Jugamos media hora hora y ganamos 1-0. Luego en juveniles lo hice en la Donosti Cup con el Ekintza. Nos juntamos los amigos y ganamos la final. Fue una sensación muy grande jugar en Anoeta».

Curiosamente, actuaba en la misma posición de Musti, la banda derecha. «En el puesto de interior derecho lo hice durante bastante tiempo, aunque luego acabé de delantero. No era ninguna figura, de hecho no hacía muchos goles, pero me lo pasaba bien».

Desde pequeño su vida ha girado en torno al balón. «Hasta los ocho años viví en Zumarraga pero luego vine a Donostia. Aquí he hecho mi vida y todos los amigos son de aquí. Recuerdo que de pequeño pasaba en Zumarraga los fines de semana. Venía el aita a buscarme los viernes a la salida de la ikastola para ir allí, pero luego el sábado había que venir temprano porque tenía partido en la playa. A los dos nos encantaba el fútbol. Cuando colgó las botas, se sacó el título de entrenador y empezó con el Urola, aunque también jugaba con la Real de veteranos, con la selección de Euskadi... Era un enfermo de fútbol y eso me lo ha transmitido. Hasta debo tener gestos de él». Cuando se le pregunta por sus aficiones, éstas no distan mucho de las de cualquier veinteañero. «Fuera de los estudios y el deporte, lo que más me gusta es estar con los amigos. Tengo la suerte de tenerlos muy buenos. Los del cole, el fútbol, la uni...». Luken, la viva imagen de Musti.
TAGS RELACIONADOS
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

FACEBOOK

HEMEROTECA
Marzo 2009
L
M
M
J
V
S
D

Vocento