ENRIQUE ECHEVARREN. Los jugadores que conquistaron la Copa, los que lo hicieron desde el terreno de juego y los que apoyaron a sus compañeros desde el banquillo y también en la grada, recuerdan para DV la experiencia vivida aquella histórica tarde-noche de La Romareda, donde un grupo de jóvenes y veteranos pasó a la historia del club blanquiazul tras una final vibrante.
Luis Miguel Arconada: «Al acabar, solo pensé en no perder los guantes»
Hacía un calor asfixiante y encima no pudimos calentar sobre el terreno de juego, porque antes de la final se disputaba un partido internacional sub-21 que nos obligó a hacer los ejercicios previos en el vestuario. Era un partido muy complicado para la Real, porque el Atlético de Madrid contaba con un equipo muy compacto y tenía la motivación extra de que hacía escasos días que Jesús Gil había sido elegido nuevo presidente y estaba presente en el palco de La Romareda, acompañado de su fichaje estrella, Paolo Futre. Los penaltis son un momento en el que te aislas completamente de todo lo que te rodea. No piensas en nada, te concentras al máximo y quieres estar sólo. La responsabilidad era muy grande, porque era la primera final de la Real y sentías desde el terreno de juego la trascendencia que encerraba estar tan cerca de poder proporcionar una gran satisfacción a toda la afición de la Real. Yo estaba tranquilo, había preparado concienzudamente la posibilidad de tener que afrontar una tanda de penaltis y había estudiado detalladamente las características y hábitos de los jugadores del Atlético que podrían lanzar penaltis. Afortunadamente, todo salió bien.
Yo pude acertar lo necesario en la portería y mis compañeros, que tuvieron que asumir la gran responsabilidad de lanzar los máximos castigos, también hicieron una aportación decisiva al triunfo final. Recuerdo que cuando le paré el penalti a Da Silva, en ese momento sólo pensé en no perder los guantes, que eran especiales y me había costado mucho conseguirlos en Alemania. Y también recuerdo que el delegado federativo Julián del Amo se me acercó enseguida para apremiarme a ir lo más rápido posible al palco a recibir y levantar la Copa. Aquel título fue muy importante para la Real, porque después de los dos campeonatos de Liga consecutivos, la llegada de Toshack al banquillo con nuevas ideas, y el importante relevo generacional que se estaba produciendo, fuimos capaces de reconstruir un equipo competitivo capaz de dar renovadas alegrías a la afición de la Real. Y además, en el plano personal, para mí representaba una enorme satisfacción haber sido capaz de recuperarme de la gravísima lesión de rodilla que había sufrido unos meses antes.
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