Al único que echó en falta Mikel Aranburu en su noche mágica fue a Mikel Labaka, su gran amigo, paisano y compañero desde siempre en las filas de la Real. El central azpeitiarra dejó en verano el club guipuzcoano para enrolarse en el Rayo Vallecano y ayer tenía que jugar uno de los partidos más importantes de su carrera. Los rayistas se jugaban la permanencia en Primera División en Vallecas frente al Granada en un partido a vida o muerte. Sandoval confió en el defensa guipuzcoano para formar en el eje de la zaga y Mikel Labaka permaneció en el campo durante los noventa minutos. Tuvo ocasión de celebrar el gol de otro exrealista como Tamudo en el último minuto y festejar con sus compañeros el éxito de seguir en Primera.
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