Era el minuto 74 y todos nos pusimos de pie. Se iba un futbolista, uno de los grandes, y eso siempre se merece un homenaje especial. Anoeta despidió a Mikel Aranburu, el capitán, con una de las ovaciones más cerradas de su historia. No era para menos. Ayer nos dejó un jugador que ya es leyenda. Una persona humilde y trabajadora que siempre ha dado la cara por este club y que se ha ganado el cariño de los aficionados con un compromiso de bandera.
El estadio donostiarra registró una gran entrada porque se sabía que el partido iba a tener una alta dosis de emoción. Los sentimientos no se pueden controlar y como el fútbol es precisamente eso, nadie se quiso perder la cita.
El homenaje previo fue sencillo aunque emotivo. La procesión fue por dentro, aunque todos sabíamos que el plato fuerte vendría bien con su retirada del terreno de juego. Ese momento histórico llegó en el minuto 74 y Philippe Montanier, en un gesto cargado de simbolismo, le sustituyó por Rubén Pardo, la joya de la corona, un futbolista llamado a liderar la medular del mañana. No era un cambio cualquiera, no, se iba un grande y entraba otro que va camino de serlo. Ojo.
Mikel quiso ser sencillo hasta en su despedida. Era su día, todas las miradas estaban puestas en él, pero el azpeitiarra no se entretuvo en demasía. Entregó el brazalete de capitán a Xabi Prieto, recibió el abrazo de sus compañeros y se fue del campo trotando.
¡Oh capitán, mi capitán!
Allí, en la banda, le esperaba Rubén Pardo con una sonrisa de oreja a oreja. Mikel le abrazó y le deseó suerte para el partido y también para el futuro. Es decir, Mikel hizo de capitán hasta el último segundo de su carrera profesional. Eso es tener el club en la cabeza. Enorme.
La Real acompañó en la fiesta con un triunfo de mérito ante el Valencia, el tercer mejor equipo de la Liga. Mikel se fajó en el centro del campo y rozó el gol en el segundo tiempo en dos ocasiones. En la primera de ellas estaba en el segundo palo y recibió un gran centro de Vela. Aranburu remató de cabeza pero Alves, bien colocado, despejó el balón a córner. Era el minuto 57.
Dieciséis minutos después, en el último minuto de su carrera, Mikel chutó a puerta de volea en el rechace de un córner. El remate no era fácil porque le exigía hacerlo a botepronto, pero el balón no se marchó muy lejos de la portería. Si llega a entrar eso, Anoeta se cae...
No importó. El momento más esperado había llegado. Anoeta se levantó y levitó con la retirada de su ídolo. Catorce temporadas defendiendo la elástica txuri urdin, en los buenos momentos y sobre todo en los malos, le han convertido en un personaje querido y respetado, también por los rivales.
Cuando el árbitro pitó el final, nadie se quería ir de Anoeta. Nadie quería dejar de aplaudir a Mikel Aranburu, al que sus compañeros mantearon como manda la costumbre. El azpeitiarra tomó el micrófono y se despidió con unas sinceras y bonitas palabras.
Da la casualidad de que otras leyendas del fútbol también cuelgan la camiseta este fin de semana, la mayoría en el Calcio. Les hablamos de mitos como Del Piero, Filippo Inzaghi, Gatusso, Seedorf, Nesta, Córdoba y Di Vaio. Se ve que todos los grandes se han puesto de acuerdo para decir adiós al unísono, aunque nosotros siempre nos acordaremos de uno. Mikel, beti zurekin.
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