
Faltan seis días para que la Liga baje el telón y la Real es uno de los siete equipos del campeonato que no se jugará nada en la última jornada. Con las tres primeras plazas decididas en favor del Real Madrid, Barcelona y Valencia, los blanquiazules son junto a Getafe, Betis y Espanyol uno de esos conjuntos que se han quedado en zona de nadie, con la permanencia asegurada pero sin el suficiente empuje para aspirar a luchar por Europa. La derrota en el Reyno de Navarra le mantiene en la decimocuarta posición, con una buena oportunidad de mejorar algún puesto en la última jornada si gana en Anoeta a un Valencia que no se juega absolutamente nada. Pero vayamos por partes.
Mala imagen en Pamplona. El resultado del Reyno de Navarra entra dentro de la lógica si se tiene en cuenta que se enfrentaban un equipo con aspiraciones de entrar en competición continental con otro que no tiene más objetivo que sumar el mayor número de puntos posibles. Y encima, en casa del primero. Sin embargo, y por encima de la derrota, lo peor fue la imagen que transmitió el equipo de Philippe Montanier, superado en lucha y agresividad por su rival en todas las zonas del campo, aunque de una forma más evidente en la parcela central. Y no creo que se tratase de una falta de actitud de los jugadores, sino de capacidad para entender cuál era el guión del partido y lo que éste les exigía. No todos los encuentros son iguales y, aun manteniendo el mismo sistema de juego, hay veces en los que es necesario adaptar la táctica en función de las circunstancias. Éstas juegan un papel importante en muchos deportes y saber entenderlas acerca al éxito. En La Concha no se rema igual con bare que con mar de fondo, ni en ciclismo se toman las mismas precauciones al bajar un puerto en seco o en mojado. En fútbol, tampoco.
Mal colocados y sin presión. Osasuna es un equipo que hace fácil el fútbol, algo que tiene mucho mérito. Basa su juego en una fuerte presión y un rápido contragolpe, que acompaña de un poderío, tanto ofensivo como defensivo, en el juego a balón parado y una gran organización para defenderse cuando está en ventaja. No le importa tanto el cómo, sino el objetivo final (sumar los puntos). Por eso cuando Ibrahima puso en franquía a los navarros sospeché que las opciones realistas quedaban muy mermadas, como así ocurrió. Los de Mendilibar no perdieron en ningún momento el sitio en el campo. Con el 1-0 sus jugadas de ataque no necesitaban transición por el centro del campo, con lo que la Real no pudo robar ningún balón para lanzar el contragolpe. Muerto el perro, se acabó la rabia. Raúl García, Nekounam y Puñal, siempre bien colocados, se dedicaron a recoger los balones sueltos de la zona ancha y desde ahí iniciar las segundas jugadas. Y la Real careció de algún tipo de respuesta. Como su adversario estaba mejor colocado, llegó siempre tarde a la presión y la defensa pasó una de las peores tardes del campeonato. Bien por una floja actuación individual de alguno de sus componentes -especialmente llamativo fue el caso de Demidov- como por un mal comportamiento colectivo sin balón. Aún así, es de resaltar que el resultado final fuera mínimo y que los de Montanier mantuvieran sus opciones de empatar hasta el final.
Bendita permanencia. El arreón que han pegado en las últimas jornadas los equipos de abajo a lo mejor nos ayuda a valorar más haber logrado la permanencia a falta de tres jornadas. Es algo increíble que Manolo Jiménez fuera manteado y aclamado por la afición zaragocista por ganar in extremis a un equipo descendido como el Racing, mientras aquí negamos el pan y la sal a los nuestros. O qué decir de cómo celebró El Molinón la victoria de un Sporting que tiene pie y medio en Segunda. Los festejos que se dan alrededor del fútbol carecen a menudo de lógica y se mueven exclusivamente por sentimientos. Si se correspondiesen con los méritos, sería una historia bien diferente. A ver si todavía va a resultar mejor la campaña de un Zaragoza sumido en deudas y con Lafita como único canterano que la de una Real que ha sabido competir con Bravo, Vela y un puñado de chavales de Zubieta. Pues a lo mejor sí, porque buena parte de la valoración final depende de lo que digan los aficionados. Sólo así se entiende, por ejemplo, que Emery tenga que dejar Valencia después de tres terceros puestos consecutivos en Liga y haber alcanzado esta temporada semifinales de Copa -cayó ante el Barcelona- y Europa League. A ver qué tal les va el próximo año...
La salvación, ¿más barata? Uno de los argumentos para restar valor a la situación de la Real es decir que se ha salvado porque hay tres peores -que de momento son seis, Granada, Villarreal, Rayo, Zaragoza, Sporting y Racing- y que la permanencia ha estado muy barata. Pero la realidad es que los tres últimos de la pasada campaña -Deportivo, Hércules y Almería- sumaron al final de temporada 108 puntos, y los tres de ésta ya llevan 104 a expensas de lo que suceda en la última jornada. El Depor descendió entonces con 43 puntos y de ganar Zaragoza, Rayo y Villarreal el domingo, por poner un ejemplo, el Granada podría hacerlo con 42. Un punto menos. Por otro lado que un equipo como el Villarreal, que esta misma campaña ha participado en Champions, esté aún metido en el lío habla del nivel competitivo de la Liga.
A por los 47 puntos. La Real en esta última jornada puede alcanzar los 47 puntos, superar la cifra del año pasado y mejorar alguna posición en la tabla, además de despedir como se merecer a Aranburu. Alicientes más que suficientes.
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