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DERROTA EN PAMPLONA
Granizo en la carretera, comida en el tentadero y muchas ganas de animar al equipo. Mikel Aranburu fue literalmente aclamado cuando saltó al campo para calentar junto con sus compañeros
6 de mayo de 2012
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A la Real le recibió el arco iris
Foto de familia. Un grupo de seguidores de la Real posa en una calle de la parte vieja de Pamplona. Todos se lo pasaron en grande.
FERNANDO BECERRIL :: REPORTAJE FOTOGRÁFICO JOSÉ MARI LÓPEZ | PAMPLONA..-

Fue un día particular para la afición realista que se desplazó a Pamplona para animar a su equipo en el campo de Osasuna. La hora y la fecha del partido propiciaron una jornada muy larga con unos cuantos focos de atención y el partido se convirtió en protagonista desde la mañana.

A los seguidores guipuzcoanos les pasó un poco de todo. En el viaje de ida más de uno se encontró con una granizada impresionante que dejó la autovía tapizada por una capa de hielo de quince centímetros de espesor. No fue suficiente para frenar a la afición de la Real, que desde que desembarcaron en Pamplona revivieron el ritual de cánticos y alegría de toda la temporada. Pero en esta ocasión no solo se trataba de reunirse con los seguidores rojillos para convertir Pamplona en una fiesta futbolera. Además las peñas realistas habían organizado su habitual congreso en Ansoain, a las puertas de Pamplona, y desde el viernes 25 peñas compartían su pasión por los colores de su equipo.

A la hora de comer los congresistas se dirigieron a un tentadero de Huarte para coger fuerzas para lo que todavía les quedaba por delante. En la inauguración de la víspera la Real había estado representada por la consejera Nekane Soria y por Karmele Zubillaga. Ayer hubo algunos actos protocolarios añadidos, pero la fiesta comenzó a la hora de comer.

La sobremesa se alargó, pero a las 19.30 ya estaban los peñistas de la Real en las puertas de el Reyno para acoger a su equipo. No fue una representación especialmente nutrida, pero los cánticos y los gritos de ánimo llegaron alto y claro a los futbolistas de la Real.

El tiempo seguía amenazando lluvia, pero varios centenares de seguidores realistas se fueron acercando al Reyno de Navarra vistiendo los colores de su equipo. El ambiente no paraba de crecer, pero lo mejor faltaba por llegar.

Ovación atronadora

Media hora antes del inicio del encuentro, los jugadores realistas saltaron al campo para realizar los habituales ejercicios de calentamiento. En ese momento todavía había mayoría de aficionados guipuzcoanos en el campo pamplonés. La ovación fue atronadora. No sé donde he leído que un solo hombre gritando es capaz de meter más ruido que cien mil en silencio. No era uno, pero tampoco eran tantos como para meter semejante alboroto.

La razón era evidente. La Real saltaba al campo y entre sus jugadores figuraba Mikel Aranburu, el capitán que nos dejará la semana que viene y que sin embargo permanecerá para siempre en nuestro equipo y en nuestro corazón. Los gritos en su honor llenaron el campo de fútbol. «Mikel, Mikel, Mikel Aranburu» cantaba la afición realista y su capitán parecía no escuchar sus voces, concentrado en preparar el partido.

En ese preciso momento se encendió un arco iris gigantesco sobre la portería en la que trabajaban Aranburu y sus compañeros. La tarde se alumbraba para saludar a los realistas y desde la tribuna de prensa, en las alturas del campo, nos dio todavía tiempo a ver un poco de sol alegrando el final del día en Pamplona.

A partir de entonces el Reyno de Navarra fue guipuzcoano durante un buen rato. Los seguidores de la Real no paraban de cantar, quizás para compensar su comprensible malestar por los cuarenta euros que les había costado cada entrada. Los gritos de «Reala, Reala» atronaban el estadio y los cánticos habituales de nuestra afición no dejaban de sonar.

La afición local iba llegando poco a poco, que para eso jugaban en casa. El nombre de los futbolistas de la Real fue coreado por los centenares de seguidores guipuzcoanos. Por momentos parecíamos estar en Anoeta, que es algo que pasa con alguna frecuencia cuando la Real se aleja de su estadio.

Hasta el pitido inicial, el partido de las gradas lo estaban ganando nuestros aficionados. Después, todo quedó en manos de los jugadores de uno y otro equipo en medio de un ambiente alegre entre dos aficiones que se llevan bien, a pesar de las heridas que despertó un partido de ingrato recuerdo. Aquello es historia. Ayer tocaba fútbol. Sólo eso.

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