La Real seguirá un año más en Primera División. Certificó la permanencia con una goleada sobre el Racing, que ya es nuevo equipo de Segunda. Griezmann fue la estrella de la jornada al marcar dos goles y regalar el tercero a Agirretxe.
La salvación es el premio al trabajo de toda la temporada. Con sus claros y oscuros, Philippe Montanier ha conseguido cumplir los objetivos que le marcaron al llegar al banquillo. Ha mantenido a la Real sin los apuros del pasado ejercicio y ha rejuvenecido la plantilla con varios elementos del Sanse. Illarramendi, Iñigo Martínez, Cadamuro, Rubén Pardo... Hace doce meses pocos apostaban por ellos. Hoy, son una realidad con un futuro impresionante por cubrir.
La victoria definitiva, la que cuadraba matemáticas y fútbol, vino decorada por un mosaico de sensaciones inconexas. Las pancartas pidiendo la destitución del entrenador y los silbidos a Griezmann y Zurutuza por la excursión a San Mamés convivieron sin aparente contradicción con la celebración de los goles del zurdo de Macon -el segundo a pase del propio Zuru- y la ola final. Y todo ello en noventa minutos. Que paren el mundo, que me bajo.
Así es el fútbol y sus gentes. Este juego de locos amenaza con arrebatar a la Real la esencia de lo que siempre fue, un club serio en el que las cosas se hacían con cabeza. Eso era precisamente lo que se valoraba dentro y fuera de Gipuzkoa de una institución centenaria que, durante una época, se atrevió a discutir la hegemonía de los poderosos.
Ahí residía su magia. Por desgracia, poco queda de todo aquello. Hoy se impone el fast-football, el aquí y ahora. La rueda no se detiene y cada jornada hay que ver caras nuevas y cosas inesperadas porque si no el público pierde el interés. Es una pena que la globalización haya envilecido a la sociedad. Los únicos valores que mantienen su vigencia son el dinero y el éxito. Lo demás, asuntos de perdedores.
En tiempos de precipitación, populismo y demagogia, la Real tiene la suerte de estar dirigida por personas cabales que saben lo que se traen entre manos. Si en el palco de Anoeta se hubieran sentado Piterman, Lopera o Gil, esta mañana nos desayunaríamos con titulares insultantes hacia el cuerpo técnico y los jugadores para contentar al que paga.
No leerán nada de eso en los papeles. Sólo mesura, reflexión y lucidez en la toma de decisiones. De lo contrario, el camino hacia el infierno que ayer inició el Racing sería el que tomase este club más pronto que tarde. Lo más preocupante es que, en la era de internet, eso no se aprecia.
La Real ganó, que es lo que cuenta, y lo hizo sorteando las trampas del colista. La tarde arrancó marchita por los antecedentes y el temporal de lluvia y frío que nos baña. Sin ritmo, precisión ni profundidad, el equipo aburrió a las ovejas hasta el intermedio, cuando Montanier movió el banquillo como le habían reclamado a la media hora de juego.
Fue entrar en cancha Zurutuza y Agirretxe y la película dejó de ser de terror para reescribir un final feliz a su gusto. Al Racing no le servía el punto y debía estirar las líneas en busca de una machada imposible, pero la gloria no se conquista con excusas.
Griezmann, letal ante la portería de Mario, ejecutó a los cántabros a centro de Xabi Prieto, una acción que también tuvo música de viento en sus orígenes. Ver para creer. El francés sentenció el duelo un segundo después al aprovechar un pase medido de Zurutuza. Y, cuando las lágrimas inundaban Santander, renunció a un merecido hat-trick para que Agirretxe aumentase sus registros anotadores.
Luego salió Ifrán -ovacionado, faltaría más- y dibujó algunas de las acciones más lustrosas del encuentro, incluido un caño que Torrejón todavía no se explica. Bravo evitó el gol del honor racinguista mientras el estadio intentaba animarse a sí mismo y no hubo tiempo para más.
Misión cumplida
En Mallorca festejaron la permanencia hace siete días como un enorme logro. Lo es, por mucho que nos empeñemos en creer que esta Real está para grandes gestas como las del vecino. Ese momento no ha llegado aún y criticar por sistema no ayuda a que las bases del proyecto se asienten.
Quizás la próxima campaña haya que subir un peldaño de la escalera de la ambición. Los jóvenes -y no tan jóvenes- tendrán un año más de experiencia en la élite y esos puntos que se han escapado por falta de oficio caigan en el zurrón. Si mis previsiones no fallan, en junio de 2013 la Real encontrará su sitio en la mitad alta de la tabla, que es donde se gestan las aspiraciones que satisfarían al más exigente y menos paciente de los aficionados.
No estaría mal que los futbolistas asumieran su cuota de responsabilidad en los vaivenes emocionales sufridos por la grada. La temporada ha sido pródiga en meteduras de pata y errores de cálculo, con y sin camiseta. Desde los guiños estivales de Griezmann al Atlético, pasando por los quejidos de Ifrán o el plan nocturno en Gabana hasta la más reciente y no por ello menos dolorosa imagen de cuatro realistas en territorio enemigo, los disgustos se han amontonado en el despacho de Aperribay. El presidente debe de estar dándose de cabezazos contra la pared por no saber transmitir lo que significa la Real ni a sus propios futbolistas.
Con los 43 puntos en el bolsillo y a la espera de que la Liga eche la persiana dentro de tres jornadas, las preguntas clave siguen sin respuesta. ¿Seguirá Montanier al frente de la nave? ¿Cederá el Arsenal a las pretensiones de la Real con Vela?
Mientras el club hace balance, ordena sus ideas y sigue dando pasos hacia la consolidación económica y deportiva, la obligación de ganar con cierta regularidad condicionará cualquier movimiento en una u otra dirección porque el fútbol no concede treguas. El año que viene, más y mejor.
Real Sociedad: Zurutuza (Illarramendi, min. 64), Agirretxe (Vela, min. 68) e Ifrán (Xabi Prieto, min. 80).
Racing de Santander: Munitis (Luque, min. 46), Adrián (Cisma, min. 60) y Gullón (P. Diop, min. 73).
Goles: 1-0, min. 47: Griezmann, a centro de Prieto. 2-0, min. 69: Griezmann, a pase de Zurutuza. 3-0, min. 82: Agirretxe, tras asistencia de Griezmann.
Árbitro: Estrada Fernández (C. Catalán). Amonestó al realista Ifrán (min. 90) y a los racinguistas Acosta (min. 38), Torrejón (min. 48), Pedro Munitis (min. 73) y Álvaro (min. 79).
Incidencias: 21.423 espectadores en el estadio de Anoeta y 24.200 euros de recaudación en taquilla. Césped en buen estado. Lluvia y frío.
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