Hoy, 28.000 aficionados llenarán el campo del PAOK de Salónica para el partido de vuelta de la Europa League contra el Udinese. En la ida, sólo hubo once mil espectadores en el estadio Friuli y la mitad eran griegos. La gente prefirió quedarse en casa viendo el festival de San Remo por la tele. Decepcionado al constatar que no se valora el mérito del equipo, el dueño del club italiano, Gianpaolo Pozzo, advirtió a su gente: «Vamos a acabar como en Trieste».
Quiebra
1¿Qué quiso decir? Pozzo se refería a la Triestina, de tercera división, que la semana pasada se declaró en quiebra. Es el momento de declive definitivo de un club que fue grande y plantó cara al Torino de los años 40, que fue entrenado por gente como el padre del ‘catenaccio’ Nero Rocco o Bela Guttman, el húngaro que hizo rey de Europa al Benfica de Eusebio. Vistieron su camiseta Franco Causio, Cesare Maldini, Ferruccio Valcareggi o, más recientemente, Dino Baggio, Alberto Aquilani, Marco Borriello...
Una ciudad del norte
2 Como todos los equipos, un día la Triestina dejó de ganar y la gente se cansó de esperar el regreso de un gran equipo. En 1959 jugó su último partido en Primera. Nunca volvió. ¿Por qué ese desapego hacia el equipo, hacia una institución sólida? Es difícil saberlo. Trieste es una ciudad del norte, próspera, con una vida cultural de alto nivel. Quizá todo eso genere las condiciones para que su gente tenga un punto distante y sea escéptica para entregarse con pasión al fútbol, un juego frívolo.
Momentos para sufrir
3 Donostia no es mucho menor que Trieste y puede compartir algunas características, pero la Real no ha sucumbido al avance de los tiempos, a la tentación de no hacer nada porque las cosas ya están bien así, al aburrimiento aburguesado que da la comodidad. Y si lo ha logrado no es por sus grandes victorias ni por el bellísimo juego con el que ha obsequiado al mundo cada siete días. No. Su dato distintivo son sus 26.000 socios, una auténtica multitud. Ésa es su fuerza. El público de la Real ha entendido a lo largo de la historia que hay momentos para disfrutar y hay momentos para sufrir. La inteligencia de la grada es un arma poderosa. La Triestina la perdió y cayó. La Real la conservó cuando dejó de ganar, su gente esperó el regreso de un gran equipo y ahora comienza a verlo. Así se construye la historia.
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