Antes de que el árbitro pitara el final, mi amigo el accionista (uno de los importantes de la Real) me envía un sms y me pregunta si Rubén Pardo e Iñigo Martínez (qué casta tienes, chaval) van a aguantar mucho aquí. Termina el partido, bajo las escaleras y uno de los porteros que cuida los accesos de Anoeta y no vio el gol de Rubén me pregunta: «¿Ha sido para tanto?». Llego a la Redacción y todos hablan de Rubén Pardo. Suena el teléfono y más Rubén Pardo. Pongo la tele por la noche y el gol de Rubén Pardo. Me meto en la cama y sueño con el gol de Rubén Pardo. En las portadas de los periódicos, Rubén Pardo. Todo es Rubén Pardo, Rubén Pardo, Rubén Pardo.
Como sucedió con Griezmann. Como sucedió con Zurutuza. Como sucedió con Illarramendi... el sentimiento de Anoeta hacia Rubén Pardo fue el de amor a primera vista. Eso no evitará que en el futuro se produzcan desavenencias porque esto está montado así (y por regla general, los periodistas, yo el primero, somos resultadistas), pero el chaval de Rincón de Soto se ha ganado a la grada en un partido, oiga.
Todo lo que veníamos diciendo de Pardo, que tiene talento, que entiende muy bien el juego, que le da ritmo al equipo cuando tiene el balón, que juega fácil, que su toque en largo no envidia en mucho al de Xabi Alonso... quedó refrendado el lunes por la noche en tres jugadas que definen a este chaval. La primera fue un pase en profundidad a Vela, que le sirvió al mexicano para rematar a la cruceta, un pase de cuarenta metros que dejó boquiabierta a la parroquia. Después, otro pase, esta vez en corto con el exterior del pie abriendo a banda tras engañar a un contrario... y la coronación, el 2-0, con aquel trallazo. Si el gol de Vela cargó de electricidad Anoeta, el de Rubén Pardo significó el estallido. Si el gol de Vela fue una preciosidad en su ejecución, el de Rubén Pardo pertenece a otra categoría.
Qué buen tema Rubén Pardo. Seis partidos en Primera han bastado para convertirle en un jugador de culto, con recursos para la Real. En el segundo tiempo, antes del gol, hubo un momento en el que se le vio cansado. Hubo una jugada en la que le costó recular, pero se rehizo. Y de qué manera. Aún debe muscularse y tiene cosas que aprender, pero estamos ante un centrocampista completo, un centrocampista de verdad, para nada incompatible con Elustondo, ni con Illarra, ni con Zurutuza. Rubén juega convencido de lo que hace y allí donde está su presencia resulta decisiva.
Pardo salió airoso, Xabi Prieto salió por fin airoso -se le vio cómodo y ésa es una gran noticia- aunque quien salió airosa y dio un gran paso adelante fue la Real. Lo digo porque era un partido con mucho colmillo. Lo digo porque no estaba Zurutuza, no estaba Illarramendi y a última hora se cayó Elustondo. Lo digo porque antes del partido yo tenía mariposas en el estómago. Lo digo porque el once del condenado Del Nido es un equipo aristócrata al que le basta media ocasión (por ejemplo, aquel cabezazo de Negredo en el primer tiempo) para hacerte una avería. Lo digo porque Míchel se estrenaba en el banquillo y... Lo digo porque era un partido exigente sobre el papel (luego el Sevilla me decepcionó). Pero la Real se elevó por encima del triunfo con un juego solvente. Sólo son tres puntos, pero qué tres puntos.
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