Marcelino no se sentará en el banquillo de Anoeta. Así lo comunicó ayer el Sevilla tras una reunión entre el técnico, el presidente Del Nido y el director deportivo Monchi. La crisis interna en el vestuario y los malos resultados han podido con el asturiano. Ahora será Michel el que se hará cargo del equipo hasta final de temporada.
La historia de Marcelino en el Sevilla ha finalizado con tristeza por ambas partes. Llegaba con un currículum que recordaba al otrora venerado Juande Ramos. Éxitos en equipos de nivel bajo y ganas de crecer. Pero el de Villaviciosa se topó con un impedimento que nunca antes tuvo: los jugadores no estaban al 100% con él y el asturiano no supo gestionar el ego de muchos.
El principio del fin empezó el 15 de diciembre, cuando Kanouté se presentó en las oficinas de Del Nido para marcharse. El mandamás nervionense se negó: «Si te vendo, queman el estadio conmigo dentro». Al malí se le dio permiso en verano para marcharse. Al no recibir ninguna oferta económica se comprometió con el proyecto de Nervión.
Pero rompió su promesa al enquistarse el vestuario. La eliminación en la previa de la Europa League fue un duro palo y algunos fichajes como Trochowski exigían ser titular por contrato. «He venido porque me prometieron un proyecto Champions y me han engañado», le dijo el alemán a Monchi y le comunicó que su agente ya le buscaba equipo para la próxima campaña. El problema es que uno de los culpables de la mala racha es precisamente el germano. La falta de autocrítica y la poca mano dura provocaron un polvorín.
Todo explotó tras un par de partidos seguidos en el Pizjuán. Después de la eliminación en Copa ante el Valencia, Spahic y Rakitic se enzarzaron con un grupo de aficionados. El croata acabó por los suelos y Spahic corriendo al hotel en busca de protección. El segundo caso fue Perotti. Tras varias semanas insultándose vía internet con un seguidor, éste se presentó delante del autobús del equipo para arreglar las cosas y el jugador se fue directo, sin mediar palabra, hacia él para solucionarlo de otra manera.
Una ruleta rusa
Ante esta situación, Kanouté decidió abandonar el barco al llegar una oferta del jeque del Málaga y otra de Catar. Pero la negativa de Del Nido lo enfureció. En el partido contra el Espanyol, forzó la quinta amarilla para borrarse del derbi ante el Betis como protesta. Aquello generó un cruce de declaraciones entre Marcelino y el jugador, acusándose mutuamente de traición. La mecha se encendió hace tres días, cuando en un entrenamiento, ambos discutieron en mitad del campo. Marcelino ya había perdido el vestuario.
Con la mitad de jugadores titulares por decreto, canteranos apartados por no ser estrellas y otros enfadados, el encuentro ante el Villarreal era un todo o nada. Marcelino se la jugó a la ruleta rusa en el descanso y perdió.
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