
La pegada y el poderío del Athletic pasaron ayer por encima de la Real Sociedad en el derbi disputado en Lezama. Las de José Manuel Etxabe completaron un digno primer tiempo pero se dieron de bruces con la realidad, tozuda como pocas. Sirve de muy poco jugar bien ante los rivales fuertes porque cuando ellos golpean, lo hacen de verdad. Las rojiblancas, que están luchando a cara de perro por el título ante el Barcelona, jugaron a tope durante los noventa minutos tratando de marcar todos los goles posibles y se ensañaron con la Real, demasiado blanda en las jugadas a balón parado.
El Athletic, repleto de jugadoras de muchos quilates -varias de ellas guipuzcoanas-, aprovechó ese filón para hacer daño una y otra vez. Vio el pasillo y lo aprovechó. Y nadie en la Real cerró ese grifo. Mal.
Con todo, la jugada que supuso el 0-1 fue una bonita acción que inició Zelaia. Su pase en diagonal lo recibió Gastearena, que no dudó en chutar. Tirapu detuvo como pudo pero no pudo controlar el rumbo de su despeje. Gastearena, atenta, no falló en el segundo intento.
Las rojiblancas remontaron antes del descanso con tres jugadas de juego directo. Erika, que anotó un hat trick, marcó el primero y Santos y Gabirondo anotaron en propia puerta. El resultado al descanso era duro, seguramente injusto, pero ya llevamos un tiempo en la vida como para saber que la justicia no existe. Al menos en este país.
Síndrome de Mallorca
Si el primer tiempo fue difícil de asimilar, peor fue el retorno de los vestuarios. Las realistas sufrieron el síndrome de Mallorca, al igual que los de Montanier en el ridículo copero, y encajaron nada más y nada menos que cuatro tantos en apenas nueve minutos. Fue un vendaval. Un tornado.
La Real se quedó sin argumentos en el marcador, poco menos que hundida, pero sacó el orgullo y trató de competir hasta el último segundo. Esa actitud merece un aplauso. Agoues maquilló el resultado con una falta en la que Tirapu no estuvo acertada y las de José Manuel Etxabe se marcharon de Lezama con la sensación de que el fútbol les había sido cruel.
No se trata de describir otra realidad ni de suavizar la derrota, pero la distancia entre los dos mejores equipos de Euskadi no es la que tienen ahí a la izquierda. El Athletic es grande porque tiene una plantilla amplísima, en la que muchas jugadoras tienen gol.
La Real, que ha mejorado mucho en su poderío ofensivo, no puede competir en un torneo tan largo como éste con los recursos de las vizcaínas, superiores. Pero en los dos últimos años ha tenido el mérito de igualar las fuerzas, por lo que los derbis estaban siendo competidos. Hasta ayer.
Sólo sabemos que este vestuario, este técnico, no tirarán la toalla. No se arredrarán. Y seguirán dando la cara por el fútbol femenino de Gipuzkoa. De las derrotas duras se sacan las mejores lecciones si uno es capaz de escuchar lo que le dice el deporte.
Para llegar a la cima hay que sufrir constantemente, derribar enemigos formidables y persistir. Éste es el concepto clave. Así que no duden de este equipo. Nunca. Porque sólo los que no se rinden son los que tienen opciones de ganar.
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