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La Real ha incorporado en el mercado a 89 jugadores desde que llegó Aldridge en 1989. El irlandés, Oceano, Xavier, Kodro, Karpin, Gica, Darko, Gómez, Nihat y Bravo, los grandes fichajes
3 de febrero de 2012
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Miguel González | .-

SAN SEBASTIÁN. El cierre del mercado invernal y las salidas de Mariga y Sarpong han abierto la caja de los truenos en el entorno realista acerca de la política de fichajes, con el director deportivo, Loren, en el centro de la diana. Ninguno de estos dos futbolistas ha dado el rendimiento esperado y, ante esa situación, la Real ha preferido ahorrarse sus fichas en la segunda mitad del campeonato y apostar por jugadores de la cantera para cubrir sus posiciones.

Lo cierto es que, a día de hoy, la Real es el equipo de Primera –a excepción del Athletic– que menos extranjeros tiene en la plantilla (Bravo, Demidov, Ifrán y Vela) y si se les suma a De la Bella, son sólo cinco de los 22 integrantes del primer plantel los que no se han formado en Zubieta. El peso de los foráneos es cada vez menor y visto el nivel que han dado muchas de las incorporaciones de la última década, la pregunta es inevitable. ¿Merece la pena a esta Real realizar fichajes? ¿Mejoran éstos el nivel de los jugadores de Zubieta?

Aldridge y los 3 extranjeros

1 Para aclarar esta cuestión retrocedemos hasta 1989. La Real es un club que se surte de la cantera, con un coste en la adquisición de jugadores prácticamente nulo. Pero esta coyuntura cambia tras la marcha de Loren e Iturrino al Athletic y las salidas el año anterior de Bakero, Begiristain y Luis Mari López Rekarte. El club se encuentra sin jugadores ofensivos y la capacidad de abastecimiento del Sanse no es suficiente para una competición que gana en calidad con la incorporación del tercer extranjero.

La Real sale al mercado exterior y ficha a Aldridge del Liverpool. La filosofía era contratar refuerzos externos de calidad para cubrir aquellos puestos que no generara el Sanse. En las siguientes campañas llegan Richardson, Atkinson, los portugueses Océano y Carlos Xavier, Kodro, Karpin y Luis García. Se trata de jugadores contrastados e internacionales en sus países, por los que se paga, en varios casos, buenos traspasos. Por Atkinson, por ejemplo, se abonan 2,40 millones de euros, el 30% del presupuesto del club en aquella época. La mayoría triunfan y justifican la inversión realizada, dejando Kodro y Karpin importantes plusvalías en posteriores traspasos. Eran jugadores que marcaban las diferencias.

Muchos pensarán, ¿por qué ahora la Real no ficha como entonces? ¿Ha perdido el ojo clínico? En ese punto hay que tener en cuenta dos aspectos. El primero es que en aquella época sólo se permitía tener a tres extranjeros. El segundo es que sólo clubes como el Real Madrid, Barcelona, Valencia, At.Madrid, Sevilla o Zaragoza tenían un potencial económico superior al blanquiazul –el Athletic también, pero no era rival en el mercado exterior–. ¿Qué significa esto? Que la Real podía aspirar a tener a uno de los 15 mejores extranjeros del campeonato. De hecho, en la campaña 89/90, cuando llega Aldridge, hay 53 jugadores foráneos en la Liga (hoy son 171) y el internacional irlandés es uno de los seis mejores delanteros de fuera aquel año, junto a Hugo Sánchez (Real Madrid), Penev (Valencia), Baltazar y Futre (At.Madrid) y Polster (Sevilla). En la 90/91 fue el extranjero que más goles marcó del campeonato. Hoy, sólo entre Real Madrid (15), Málaga (14), Atlético (13), Valencia (12), Sevilla (12), Villarreal (10) y Barcelona (8) abarcan 84 extranjeros, a los que no puede optar un club como la Real, con menos posibilidades. Y quedan otros once clubes con los que competir, por lo que difícilmente un extranjero de la Real estará entre los cien mejores foráneos del campeonato.

Kodro, Etxeberria y Bosman

2 En 1995 se producen dos hechos claves en la trayectoria de la Real. El primero es la entrada en vigor de la Ley Bosman, por la que todo jugador comunitario pasa a no ocupar plaza de extranjero. En pocos años hay equipos, como el Deportivo, que llegan a formar un once sin jugadores españoles. El nivel de la competición se dispara. El segundo es la marcha de Kodro (Barcelona) y Etxeberria (Athletic). Seis años después, la Real vuelve a verse sin delanteros de garantías y tiene que acudir al mercado, esta vez con la urgencia de encontrar recambios de garantías. Las salidas de Kodro, Karpin, Etxeberria y Alkiza han dejado 15 millones en las arcas, pero el equipo se debilita. En ese momento se supera la barrera de tres foráneos que se había marcado en 1990.

El éxito obtenido con Kodro y Karpin, lleva al club a adoptar una política de fichar apuestas de futuro, pero el acierto ya no es el mismo y la plantilla comienza a llenarse de extranjeros mediocres (Pürk, Yaw, Kühbauer, Mutiu...). Al menos, como son fichajes baratos, no ponen en riesgo la economía del club. Éstos se alternan con otros más ambiciosos que resultan rentables, como los de Kovacevic y Gómez, que dejan un beneficio conjunto de 22 millones. En el aspecto deportivo, la Real se consolida en la zona media, nunca sufre riesgo de descenso y en la campaña 97/98 queda, incluso, tercero con Krauss, a un punto de la Champions.

La marcha de Darko y la crisis

3 Pero como ocurriera en 1989 y en 1995, la marcha del delantero titular da un nuevo giro de tuerca a la política del club. Kovacevic es traspasado a la Juventus en 1999, la Real no acierta en su recambio y el equipo inicia una crisis deportiva que le lleva a coquetear con el descenso en la primera mitad del nuevo siglo, hasta que termina materializándose en 2007. Urgido por la necesidad se lanza a una desenfrenada carrera de fichajes que solucionen la trayectoria deportiva, pero lejos de mejorarla, la agrava. Ya no se trata de fichar buscando una rentabilidad futura. Ahí comienza a desmoronarse el club. Fichajes como los de Khokhlov (4,8 millones), Peiremans (3,6), Demetradze (4,8), Luiz Alberto (4), Collet (2,1), Asper (2,15) suponen un desembolso de 21 millones, no aumentan el nivel deportivo colectivo y no dejan un euro en las arcas. En invierno de 2001, la Real tira de donde no hay para salvar los muebles con Westerveld (4,8), Kovacevic (6) y Nihat (5,4), que junto a una buena base de cantera y las llegadas sin coste de Karpin y Schürrer protagonizan aquel año mágico del subcampeonato en 2003. Pero es un gigante con los pies de barro y aquel equipo no tarda en desmantelarse.

Entre 1997 y 2005 sólo tres jugadores de Zubieta se han consolidado en el primer equipo (Rekarte, Aranburu y Xabi Alonso), por lo que sin dinero y sin un bloque de casa, toca enseñar a los jóvenes de la cantera a competir en Primera de la mano de Amorrortu. No sale mal al principio –aparecen los Riesgo, Prieto, Zubiarre, Mikel Alonso, Garrido, Gari, Ansotegi, Domínguez, Larrea, Mikel González, Agirretxe...–, pero una nueva crisis de confianza en nuestra identidad acaba dando con los huesos en Segunda y con una Ley Concursal que superar. Los tres años de Segunda son un calvario, con una sucesión de jugadores a préstamo y fichajes a coste cero que impiden crecer a la cantera. Afortunadamente , en las tres últimas campañas salen los Griezmann, Zurutuza, Illarramendi, Iñigo, Cadamuro, Rubén y compañía, hasta llegar a la situación actual, en la que 17 de los 22 jugadores de la plantilla son de casa.

¿Cómo fichar bien sin dinero?

4 La pregunta ahora es cómo hacer fichajes, a coste cero o casi, que mejoren el nivel de los futbolistas de casa. En las últimas nueve temporadas sólo el de Claudio Bravo cabe calificarse de excelente. Del resto, destacar un par de cesiones temporales (Savio, Abreu o Bueno) y las llegadas de Llorente y Tamudo. Recordar el desafío que representa hoy en día para la Real acertar en los fichajes, no exime a la dirección deportiva de sus responsabilidades. Eso sí, al menos podemos respirar tranquilos porque aquellos dispendios económicos que amenazaron nuestra existencia son historia. 106 millones y 89 fichajes después, ¿cuántos merecieron realmente la pena?

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