Recuerdo un día en el autocar del Real Madrid hablando con Emilio Butragueño. «El fútbol es completamente imprevisible, míster», me dijo. Tenía razón El Buitre y su frase se puede aplicar a la Real por lo visto este fin de semana en Anoeta.
El equipo de Montanier sólo había marcado cuatro goles en ocho partidos en Anoeta, pero el domingo, para el minuto 3, la Real ya ganaba por dos de ventaja y encima ambos tantos llevaban la firma de un futbolista que sólo había logrado uno en los últimos dieciocho meses...
Por cierto, desde aquí le deseo una rápida y feliz recuperación a Zuru. Fue tremendo el choque con Gregory y, aunque la vida del profesional del fútbol es maravillosa, también tiene sus momentos desagradables.
Luego, cuando el Sporting marcó al comienzo de la segunda parte entramos en un estado de pánico, pero afortunadamente los de Preciado no tuvieron el poder ni hicieron el esfuerzo necesario para aprovechar su posesión de balón. Terminaron pareciendo auténtica carne de Segunda. De todos modos, un equipo sólo puede jugar y ganar contra el rival que tiene delante y los problemas de los gijoneses son de ellos, no de la Real. Que quede claro porque, además, en Primera División nunca se marcan cinco goles por casualidad. Vamos, eso creo yo. La Real acabó el partido con cinco goles, uno más que en los ocho encuentros de casa anteriores y el socio se llevó un regalo inesperado. Era fundamental que los tres puntos del domingo se quedaran en casa y con cinco goles saben todavía mejor.
Ahora vamos al Camp Nou, con el Barça metido en problemas por las lesiones y entre los dos encuentros de las semifinales de la Copa. Curiosamente, en los últimos partidos contra la Real, Guardiola estaba en una situación parecida y vino a Anoeta con un ojo puesto en el partido siguiente. Los nuestros lo aprovecharon bien en las dos últimas visitas del Barcelona para sacar cuatro de los seis puntos en juego. A ver qué pasa el sábado.
La Real tiene un colchón interesante con un par de equipos que están abajo y en situación parecida a la de seis o siete conjuntos más. Por delante están los partidos contra Barcelona y Sevilla, que deben servir para disfrutar y demostrar nuestra capacidad. Estos encuentros pueden decirnos mucho sobre el carácter y la ambición de este grupo.
Una semana es mucho tiempo en el fútbol, como hemos visto en el Liverpool, club donde pasé ocho años como futbolista. El entrenador actual, el escocés Kenny Dalglish, era compañero mío en los años setenta y después de la derrota hace diez días en el campo del Bolton, montó un lío gordo, criticando con dureza a sus jugadores. Su rival era el colista de la Liga.
Pues bien, en los siete días siguientes el Liverpool ganó dos partidos importantísimos en Anfield Road contra los dos equipos de Manchester. Primero contra el City de Mancini para llegar a la final de la Copa de la Liga y luego contra el United de Ferguson en la Copa. Por cierto, en la final de la Copa de la Liga se enfrentarán al Cardiff City, llegado desde la Championship. El Cardiff City fue mi primer equipo como profesional. Allí debuté con dieciséis años en 1965. Ya ha llovido...
Tengo la fecha de la final, 26 de febrero, marcada en mi calendario, y será interesante ver qué pasa en el mítico campo de Wembley entre dos de mis exequipos. Tres días más tarde estaré en Luxemburgo para dirigir un partido de Macedonia. Como se ve, no hay paz para el diablo.
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