Esta Real va en serio. Se ha propuesto ser protagonista en la Copa y lleva camino de conseguirlo. De hecho, si se atiende a los fracasos de los últimos veinticuatro años, podría decirse que ya lo ha hecho. Ayer se merendó al Mallorca, un rival de su liga al que no parece interesarle tanto el torneo del KO. Sigue habiendo unos cuantos equipos a los que una segunda competición les molesta y prefieren centrarse en lo verdaderamente importante: salvar la categoría. Por eso no debe extrañar que los txuri urdin encuentren vía libre hacia la siguiente ronda. Sólo un despropósito general en el Iberostar Estadio -similar al de Los Cármenes en el último partido del pasado año- impedirá el pase a cuartos por la puerta grande. Dos goles, de Aranburu y Agirretxe, encauzan la eliminatoria y exigen unos servicios mínimos en el partido de vuelta del próximo martes. La pena fue que no cayera el tercero, lo que sin duda habría clarificado aún más el panorama.
Es únicamente por poner un pero, pues la Real completó una actuación brillante. Liderados por un centro del campo estelar, los hombres de Montanier demostraron que tienen mucho que decir esta temporada. Los futbolistas están convencidos de lo que hacen y eso es lo que propulsa sus motores. Saben a qué juegan y cómo desarrollar el guión original que tienen entre manos.
Como viene siendo norma desde el aterrizaje del técnico normando en el banquillo, la Real funciona si el cuatro funciona. Ocurrió al inicio de la campaña con Illarramendi, luego tomó el relevo Markel Bergara y ahora es Elustondo el responsable de dar sentido al 4-3-3 que propugna Montanier. La racha negativa de octubre y noviembre coincidió precisamente con las lesiones de los tres pivotes defensivos de la plantilla, dato que refuerza la tesis de que ésa es la pieza clave del engranaje.
No hay que obviar que uno de los secretos para que este dibujo surta efecto es la movilidad de las piezas del puzzle. Cuando la Real ha olvidado el nudo gordiano del invento se ha metido en líos. Cuando ha retomado el orden dentro del caos, los resultados positivos no se han hecho esperar. Si hay una frase que resume la esencia del 4-3-3, ésa es la que encabeza estos párrafos.
Ayer carburó Elustondo y se lucieron Aranburu y sobre todo Zurutuza. Los continuos intercambios de posiciones entre los tres vértices del triángulo facilitó el éxito de las operaciones. Los tres aparecían aquí y allá, como si no existiera lógica aparente en sus desplazamientos sin balón. Todo lo contrario. Cada paso al frente o a un lado respondía a una necesidad concreta en función de la situación. Así se multiplicaron para llegar al más recóndito rincón y anular el entramado medular de Caparrós.
La línea de ataque no se quedó atrás en cuanto a méritos. Mención especial merece Agirretxe. El usurbildarra impartió una lección magistral a los delanteros de la cantera. Supo maniobrar con inteligencia, controlar de espaldas a la portería, apoyarse en sus compañeros, aguantar la pelota... Y asistir y marcar. Casi nada. No se me ocurre mejor manera de celebrar su reciente renovación hasta 2015.
El 1-0 nació de sus botas. Un centro medido a la cabeza de Aranburu significó el primer tanto, el que servía para abrir la lata. Y él mismo se encargó de certificar la victoria al recoger un disparo del capitán repelido por Calatayud y el poste. No era sencillo atinar con la red, pero él lo logró con una facilidad pasmosa.
Aportaciones silenciosas
Nada de esto habría sido posible sin las aportaciones silenciosas -gracias, Lillo- de gente como Griezmann, quien persiguió la pelota y a los rivales sin descanso durante el tiempo que permaneció sobre el verde. El de Macon vive un momento dulce y, aunque ayer no disfrutara de las mieles de la gloria, recibió el reconocimiento de Anoeta por su implicación en tareas destructivas. A los delanteros se les valora por su capacidad anotadora, pero la afición es consciente de que el fútbol no vive sólo del gol y premia el sudor dejado en la cancha.
La solidaridad del zurdo de oro se contagió a otros realistas. Zurutuza debió salir a hombros tras firmar un partidazo espectacular. Se apropió del cuero y no lo soltó ni obligado. No le importó tener uno, dos y hasta tres contrarios colgados de la camiseta. Él seguía a lo suyo. Y cuando era el Mallorca el encargado de proponer, allí aparecía Zuru para contener, recuperar y volver a poner en marcha los mecanismos del equipo.
Y es que se nota cuando los mejores del equipo están a su nivel. Aranburu, Griezmann, Elustondo, Agirretxe, Zurutuza... Hay notables ausencias en esta lista. Anoeta se pregunta qué le sucede a Xabi Prieto, otrora referente indiscutible de la Real y hoy reducido a una sombra de sí mismo. El donostiarra naufragó sin remedio y dejó huérfana la banda derecha, donde Estrada tampoco culmina las carreras kilométricas de Carlos Martínez.
La duda es saber hasta dónde puede llegar este equipo si, alguna vez a lo largo del curso, todos sin excepción rayan el diez sobre diez. Ver cómo el balón circulaba con fluidez, al primer toque y con una razón obliga a aplaudir y disfrutar. La grada presenció quizás el mejor partido del año y quiere más. A estas alturas de la película, nadie se conforma ya con menos.
¿Y el Mallorca? Un invitado de honor a la fiesta de la Copa. Tras un prometedor arranque y algún acercamiento digno de mención, los bermellones quedaron a merced de la propuesta blanquiazul y se vieron superados en lo físico, lo táctico, lo futbolístico y, más importante, los intangibles que convierten a un anfitrión en claro vencedor de la velada.
Se puede hablar de compromiso. Se puede hablar de tenacidad. También de implicación y autoestima. Cualquier abstracción es válida si contribuye a reflejar lo que anoche ocurrió en Anoeta. Ojalá se repita muchas veces.
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