
El Athletic ha emprendido en las últimas semanas una ofensiva en el fútbol guipuzcoano con el objetivo de llevar a jugadores de clubes convenidos con la Real Sociedad a entrenar a Lezama. Este periódico ha podido constatar la convocatoria de hasta 14 chavales, la mayoría de ellos de edades comprendidas entre 11 y 13 años, para acudir a ejercitarse al otro lado de la A-8. La Real está al corriente de estos movimientos, ya que los propios clubes se lo han comunicado, aunque tiene indicios de que podría haber más casos, sobre todo en las zonas más limítrofes con Bizkaia, de jugadores que estarían yendo a entrenar a Bilbao sin que los propios clubes de origen lo supiesen, al haber contactado la entidad rojiblanca directamente con los padres.
Tradicionalmente Gipuzkoa ha sido un caladero en el que el Athletic ha lanzado sus redes con facilidad. Es un territorio en el que, a pesar de ser realista en su mayoría, cuenta también con muchos seguidores, lo que en ocasiones le ha facilitado la captación de jugadores. Históricos de la talla de Iribar o Argote o actuales como Iraola, Gabilondo, Susaeta y Balenziaga son naturales de aquí, por citar algunos ejemplos. Sin embargo, cada vez tiene más complicado acceder a la cantera guipuzcoana desde que la totalidad de sus clubes quedaran bajo el paraguas de la Real tras el acuerdo a tres bandas auspiciado el año pasado por la Diputación, Federación y la propia Real.
Ahora bien, ¿esto supone que los jugadores de los clubes guipuzcoanos no pueden ir a entrenar con otros clubes profesionales diferentes a la Real? En principio, sí; pero en la práctica, no tanto. El artículo 72 del Reglamento del Régimen Disciplinario de la Federación Vasca establece en sus puntos primero y segundo que «los futbolistas con licencia a favor de un club que jueguen o entrenen en equipos de otro sin autorización del primero serán sancionados con suspensión de un mes a dos años. Igualmente será sancionado el club en el que indebidamente intervengan aquéllos, con multa de 300 a 1.200 euros».
Esto quiere decir que para que un futbolista de un equipo convenido con la Real vaya a Lezama debe tener el permiso de su club, algo que en primera instancia no recibirá porque vulneraría el acuerdo con la Real. Éste establece la obligación para el club convenido de comunicar a Zubieta por escrito en el plazo de 15 días cualquier interés que exista en uno de sus jugadores por parte de un club externo. La Real tiene un plazo de dos semanas para llevarle a entrenar a sus instalaciones -si es que no lo está haciendo ya- y en caso negativo, el club de origen tiene manga ancha para permitirle salir a entrenar fuera o no. La mayoría suelen dar el brazo a torcer porque no pueden aguantar la presión de los padres, que reciben con ilusión la opción de entrenar con un club profesional.
La gran novedad de la última remesa de faxes que han enviado desde Ibaigane a los clubes guipuzcoanos es la inmediatez de las convocatorias y el hecho de que en ocasiones, previa comunicación al club, hayan llamado directamente a los padres diciéndoles día y hora para el entrenamiento.
El Club Deportivo Vasconia recibió uno de estos faxes hace un mes. En él se requería la presencia de tres alevines (nacidos en 1999) y un infantil (1997) para ir a Lezama. A pesar de que tres de estos cuatro jugadores ya están en Zubieta, en el club no sentó nada bien la forma de actuar del Athletic. El Vasconia gestiona desde el año pasado el campo de Puio y ha creado una escuela de fútbol que, como se ve, está dando sus primeros frutos.
Amenaza de denuncia
Sin salir de la capital, el Antiguoko también ha recibido una notificación similar en relación a tres de los jugadores de su equipo alevín, que cuenta sus partidos por victorias. Un jugador infantil y otro juvenil habitual de la selección de Euskadi completaban la lista, con la particularidad de que a uno de ellos lo llamaron a casa para decirle que en dos días tenía que ir a entrenar a Lezama. Ante la actuación del Athletic, el club del Antiguo, previa comunicación a la Real, le amenazó con denunciarle ante la Federación Vasca si algún jugador suyo pisaba Lezama. Sólo en el caso de que la Real no estuviera interesada en alguno de ellos, les podría permitir ir a entrenar fuera de Gipuzkoa.
Otro caso se ha registrado en el Club Deportivo Dunboa-Eguzki de Irun, en el que en su día dieron sus primeras patadas López Ufarte y Garrido. Su buen trabajo con la base no ha pasado desapercibido para los ojeadores rojiblancos, que llamaron a casa de cuatro de sus jugadores infantiles de primer año (1998). Un equipo que está realizando una gran temporada, en la que han empatado contra la Real (1-1) y goleado a domicilio al Real Unión (1-5). Aunque rápidamente el Dunboa lo puso en conocimiento de la Real, estos chavales ya han estado en Lezama, dado que el club no pudo frenar el deseo de los padres.
Otro caso, aunque éste viene de meses atrás, se da con un portero infantil de primer año (1998) del Tolosa, hijo de un conocido ex deportista de elite guipuzcoano, que acude con frecuencia a Lezama a entrenarse. La temporada pasada, jugadores de otros clubes como el Sanse y el Hernani también lo estuvieron haciendo.
El Athletic, como cualquier otro club, tiene pleno derecho a fichar a cualquier chaval que le interese allá donde quiera. De hecho, hasta la edad juvenil (16 años), todos los niños quedan libres cada 30 de junio. Así incorporó, por ejemplo, el pasado verano, a los gemelos del Eibar Jon y Asier Etxaburu, habituales de la selección de Euskadi. Hasta aquí todo normal. Lo que no puede es llevarlos a entrenar antes del 30 de junio si están convenidos con la Real. Pero claro, si no los fideliza, resulta más complicado ficharlos.
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