
Era una apuesta segura, pero hasta que Teixeira Vitienes no dio por concluido el Madrid-Sevilla del pasado miércoles no llegó la confirmación oficial. Los blancos eliminaron a su rival de la Copa y jugarán la final contra el Barcelona, histórico duelo que abre una tercera vía de acceso a la Europa League a través del torneo de la regularidad.
El séptimo clasificado de la Liga disputará la segunda competición continental, un objetivo ansiado por muchos al que ahora podría sumarse la Real. Los txuri urdin son novenos a dos puntos del Atlético, dueño de esa privilegiada posición tras la vigésimo primera jornada.
Esta posibilidad ha sido acogida con ilusión por el vestuario txuri urdin. El mensaje hacia el exterior es unánime y fija la permanencia como principal reto, pero los jugadores son conscientes de que están más cerca de la zona noble de la tabla que del pozo de Segunda, lo que alimenta sus esperanzas y hambre de gloria.
La Real ha sumado veintiocho puntos hasta la fecha y el límite de la salvación está en diecinueve después de que el Levante, antepenúltimo clasificado, alcanzara la cota de los dieciocho con su victoria en casa sobre el Getafe. Los granotas han firmado una media de 0,8 puntos por jornada. De mantener esta cadencia no llegarían a 33 al término de la campaña.
Gran parte de culpa en el abaratamiento de la permanencia la tienen precisamente Barça y Madrid, protagonistas de la final copera del próximo 20 de abril. Culés y merengues se muestran intratables tanto en casa como a domicilio. Los de Guardiola sólo se han dejado cinco puntos en el camino por un empate (Mallorca) y una derrota (Hércules), mientras que los dirigidos por Mourinho han perdido doce en cinco tropiezos.
Si son capaces de aguantar este ritmo, se presentarían en mayo con más de cien y más de noventa puntos, respectivamente, cifras que condicionan no sólo la salvación, sino también el resto de premios en disputa. Es cierto que en fútbol puede pasar cualquier cosa y que no hay nada escrito, pero los puntos en juego son los que son y si caen en el bolsillo de los dos grandes no lo harán en los del resto de competidores.
Este fenómeno ya se apreció la pasada temporada. El Barça se proclamó campeón de Liga con 99 puntos, récord histórico, mientras que el Madrid fue segundo con 96, números de escándalo que permitieron al Málaga continuar un año más en la élite con apenas 37. Antes de que los gigantes de los 400 millones de presupuesto impusieran su dictadura futbolística, la salvación solía rondar los cuarenta puntos.
Un filón económico
La Europa League es una fuente de ingresos a tener en cuenta. El hermano pobre de la Liga de Campeones recibió en 2009 un lavado de cara para ganar en atractivo y competitividad, lo que también ha incrementado la bolsa para los participantes. La antigua Copa de la UEFA, una ruina para quien no se metiera en semifinales, brilla hoy con nuevo nombre y más repescados de la Champions.
El año pasado, por ejemplo, la Europa League repartió un total de 135 millones, a razón de 600.000 euros por entrar en la fase de grupos, 300.000 por partido jugado (la liguilla garantiza un mínimo de seis), 120.000 por victoria y 60.000 por empate. La clasificación para dieciseisavos se pagó a 180.000 euros, 270.000 ganaron los clubes que llegaron a octavos, 360.000 los que alcanzaron los cuartos y 630.000 los semifinalistas. Estas cantidades se van acumulando según se superan rondas. A los dos finalistas les toca el gordo: 2 millones para el subcampeón y 3 para el que levanta la copa.
El séptimo puesto liguero es de momento un sueño para la Real porque la realidad obliga a no perder de vista el objetivo prioritario marcado desde todos los estamentos del club, pero no sería la primera vez que un recién ascendido da la campanada y se cuela entre los mejores del continente.
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