
La espalda de Joseba Llorente no ha resistido más. El delantero hondarribiarra arrastra molestias desde que sufriera una lumbalgia en septiembre y el domingo tuvo que pedir el cambio en El Madrigal porque los dolores eran insoportables. Las pruebas que se le realizaron ayer confirmaron la existencia de una hernia discal que además ha provocado una rotura de fibras.
El parte emitido por el médico de la Real explica que «durante el encuentro del pasado fin de semana Llorente presenta dolor lumbar, glúteo derecho e irradiado hacia la parte posterior de la pierna derecha (ciática). Las exploraciones complementarias realizadas en Policlínica Gipuzkoa han permitido objetivar que las molestias son debidas a la existencia de una rotura fibrilar grado I del músculo glúteo medio y una alteración en el espacio intervertebral L5/S1 como consecuencia de una hernia discal». El doctor José Manuel González de Suso, jefe de los servicios médicos del club, declinó la invitación de los periodistas a comparecer en sala de prensa para aportar más detalles sobre la lesión.
Son dos lesiones asociadas pero diferentes y cada una requerirá de su correspondiente periodo de recuperación. La rotura en el glúteo de la pierna derecha es de grado I, el mínimo, y le mantendrá al menos tres semanas alejado de los terrenos de juego.
Así, Joseba Llorente se perderá con toda seguridad los partidos contra Almería en Anoeta y Real Madrid en el Santiago Bernabéu, mientras que su concurso en los choques frente a Osasuna y Mallorca en casa está prácticamente descartado.
Más dudas genera la hernia discal que, pese a ser de pequeño tamaño, le está dando muchos problemas al jugador. Todo comenzó en el amistoso de tres tiempos disputado en la localidad cántabra de Barreda. La Real se medía con el Racing en un encuentro eterno que, además de la derrota, tuvo en la lesión de Llorente su nota más negativa. Había sido titular en la primera jornada de Liga contra el Villarreal, en la que asistió de tacón a Xabi Prieto en el gol del triunfo, pero regresó de Cantabria con fuertes dolores de espalda. Así contaba entonces la lesión: «Hacia el minuto quince ya se me fue cargando. Luego, en frío, vieron que sufría una pequeña lumbalgia. Llevo tres días con tratamientos, osteópatas, médicos... Parece que estoy mejorando. Pronto espero empezar a entrenar. Me duele y me cuesta moverme, pero no es grave». Sin serlo, la cosa se alargó más de lo previsto y Llorente no pudo participar en los choques contra Almería y Real Madrid y fue suplente contra Osasuna.
Media campaña más tarde, los problemas se recrudecen en forma de hernia. El periodo de baja dependerá del tratamiento elegido. Los hay más conservadores y más agresivos. La fisioterapia y las infiltraciones pueden ayudar a mejorar los síntomas y dolores, pero el tratamiento es prolongado y el alivio es lento debido a la compresión de los nervios interdiscales. De momento, la opción del quirófano no se contempla, aunque tampoco se puede descartar en un futuro si la evolución no es positiva. La operación consistiría en extraer el disco dañado y soldar las vértebras para que no se muevan. Si finalmente no hay más remedio que meter el bisturí, Llorente diría adiós a la temporada.
Será el propio afectado quien tome la decisión. El goleador consultará con varios expertos y excompañeros que han sufrido la misma lesión para recabar toda la información posible. Permanecerá en reposo absoluto hasta la próxima semana, cuando deberá decantarse por una de las opciones que maneja.
Higuaín, Cazorla, Touré...
La hernia discal no es una lesión frecuente en el mundo del fútbol, pero hay casos recientes entre jugadores conocidos que reflejan la disparidad de tratamientos existentes y la dificultad para establecer plazos de recuperación. El madridista Higuaín, por ejemplo, ha tenido que ser intervenido recientemente en Estados Unidos después de varias semanas de tratamiento conservador y estará entre dos y tres meses de baja. Lo mismo le ocurrió en 2008 al excentrocampista del Barcelona Touré Yaya, quien fue operado tras tres meses de fisioterapia y necesitó otras ocho semanas de rehabilitación.
Santi Cazorla, íntimo amigo de Llorente desde que coincidieran en el Villarreal y al que el realista ya ha preguntado por su experiencia, vivió el mismo calvario y tardó más de cinco meses en ponerse a disposición del entrenador después de sufrir una recaída.
Si todas las lesiones son inoportunas, ésta llega en el peor momento del año. La Real afronta desde el sábado una fase decisiva del campeonato, con enfrentamientos con rivales directos en la lucha por la permanencia. Con los problemas de Diego Ifrán en el tendón de Aquiles, la nómina de delanteros queda reducida a dos: Tamudo y Agirretxe.
Ellos tendrán que asumir la responsabilidad goleadora del equipo durante la próximas semanas, que pueden ser claves en el desenlace de la Liga. La Real, con veinticinco puntos, necesita al menos tres victorias más para garantizarse la salvación en Primera. A partir de ahora habrá de acostumbrarse a ganar sin su segundo máximo anotador. Una faena.
La de Llorente es una pérdida enorme para Lasarte. Pocos jugadores de la plantilla encarnan como él los valores tradicionales de casta, lucha y sacrificio por el colectivo. Además de los goles -cinco en lo que va de ejercicio- y asistencias -seis, contando la del domingo en Villarreal-, su entrega en la presión le convierte en el primer defensa del equipo. Cuando no está en el campo, toda la estructura se resiente.
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