
Siempre hay una primera vez. Y la de la Real llegó el 10 de octubre de 2010. El equipo realista guardará esta fecha en la memoria porque es la primera vez en su corta historia que derrota al Athletic. Lo logró ayer. Y lo hizo en Lezama, lo que otorga aún más mérito a la hazaña. Habíamos dejado escrito en más de una ocasión que a la Real le faltaba muy poco para doblegar al eterno rival. Algunas veces era el infortunio, otras la poca pegada. Ayer se dio carpetazo al pasado. La Real ya está en capilla. Y sólo puede ir a más.
Las realistas entraron con la máxima ambición al terreno de juego. Salieron a por todas. Como tiene que ser. Y en la primera jugada saborearon el triunfo con Herrero, Agoues y Zelaia de protagonistas. Esta última recibió un pase en profundidad y, pese a fallar a la primera, recogió el rechace para fusilar a puerta vacía. Era el minuto dos.
Lo malo es que el Athletic empató pronto. Demasiado rápido. En el minuto nueve. Azkarate, que ha crecido mucho en la portería, salió a un terreno que no era el suyo. Calculó mal. Y Beristain, muy rápida, le regateó para marcar a puerta vacía. Vuelta a empezar.
Había mucho interés en comprobar la reacción. Un empate era un buen botín. Pero fue una delicia constatar que la Real no se conformaba con lo que tenía. Ese punto de ambición, necesario para salir triunfador de las plazas más reputadas, le llevó a conquistar Lezama.
Amaga el Athletic
Es verdad que las locales pudieron adelantarse si el remate de Tzibi, una de las veteranas, se hubiera escorado algo más. Pero lo repelió el poste, que para algo está, y dejó el partido empatado al descanso. Las sensaciones eran muy buenas. Pero faltaba refrendarlo. La Real estaba ante una oportunidad histórica de vencer en Lezama. Primero lo creyó, el paso fundamental. Y luego lo puso en práctica.
Para más inri, para que el recuerdo sea más gozoso todavía, el tanto del triunfo fue un auténtico golazo. De los de guardar en vídeo. La zaga rojiblanca despejó de cabeza una falta lateral. Y el balón estaba en la frontal. Caía del cielo. Herrero vio el caramelo tan cerca que no se pudo resistir. La tentación vive arriba. Le pegó con toda su alma y el balón entró de forma extraordinaria en la portería. Qué golazo.
De ahí al final hubo que sufrir. Como suele pasar en este deporte. Pero a mí me parece que eso ocurre para que el recuerdo sea todavía más bonito. Más dulce. Como el de la primera vez.
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