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DERROTA EN PAMPLONA
La Real regresó a Pamplona a jugar un partido de Liga en una fecha muy poco oportuna como para poder estar de fiesta
22 de septiembre de 2010
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La herida empieza a cicatrizar
Sentimiento. Casi un millar y medio de seguidores realistas se dieron cita en las gradas del Reyno de Navarra para animar a su equipo.
FERNANDO BECERRIL.-

Es una faena que un partido de Liga entre Osasuna y Real Sociedad se juegue un puñetero martes cuando la inmensa mayoría de la competición se disputa en fines de semana. El día fue muy poco oportuno para los que confiaban en recuperar este año la tradición festiva de estos duelos vecinales. Sin embargo, ayer era fácil hacer una lectura positiva. La herida que quedó abierta hace más de tres años gracias a la amnesia de gente como el Cuco Ziganda, Josetxo o Puñal empieza a cicatrizar.

Hubo momentos de cierta tensión como cuando los seguidores realistas se incendiaron con Ricardo, que permanecía en el suelo cuando la Real había empezado a llamar a su puerta. No se creían la lesión y a los seguidores locales no les gustó que se abucheara a su portero. Así que hubo intercambio de índices levantados al viento. Fue el único síntoma de ruptura. Antes y después, buenas relaciones, aunque más frías que antes.

Cuando el autocar de la Real llegó al campo pamplonés a las 18.30 no había más que un puñado de seguidores esperándoles. La avanzadilla de la afición realista les dedicó unos calurosos aplausos y los curiosos vestidos de rojo les miraron entre sonrientes y relajados.

A esa hora, las peñas realistas estaban todavía en la carretera. Habían salido unos minutos antes y todavía no habían llegado ni siquiera a Navarra. El martes te gasta estas bromas. Hay que estudiar, hay que trabajar y no se puede ir al centro de Pamplona a dejarse ver, a dejarse oír y a celebrar con la afición pamplonesa que nuestros dos equipos van a enfrentarse en un partido de fútbol. Lo peor que tienen los martes es que al día siguiente suele amanecer miércoles. Hoy vuelve a ser día de escuela. Es ir y venir para ver un partido de fútbol que también se puede seguir por televisión.

Para más de un millar de seguidores realistas el esfuerzo merecía la pena, siempre es buen día para ver de cerca a la Real y para transmitirle apoyo y entusiasmo. Así que las camisetas blancas y azules empezaron a asomarse a las gradas del viejo Sadar y nuestra afición empezó a entonar los habituales cánticos de guerra.

Guitarra contra coros

La megafonía del Reyno de Navarra no ayuda a las aficiones a comunicarse con sus jugadores. Joe Satriani atronaba por los altavoces y el que quisiera hacerse oír iba a tener que dejarse las cuerdas vocales. La consecuencia se llama frialdad.

Para los jugadores de la Real la salida al campo no fue tan calurosa como hace un año en Soria. Claro que aquel día era domingo. En las gradas no había todavía más de un centenar de seguidores realistas que aplaudieron lo que pudieron. Los pocos aficionados locales miraron salir a los nuestros como las vacas ver pasar al tren. Un par de txalos desde la zona de Indar Gorri y respeto silencioso en el resto.

No se puede pedir más cuando juegas fuera, pero no hace mucho la Real saltaba a este campo entre ovaciones y a Osasuna le ocurría lo mismo en Anoeta. Ni uno ni otro jugaban fuera tras el viaje más corto de la Liga. Después de ver lo que ayer vimos creo que es una relación que se puede recuperar. Al fin y al cabo el Cuco es un parado de lujo y Josetxo ni siquiera estaba en el banquillo. Puñal era el capitán, pero los guipuzcoanos no somos rencorosos y las directivas de ambos clubes no han dejado de organizar partidos amistosos cada verano y amistosos se deriva de amistad.

Las peñas realistas desembarcaron al fin en la tribuna principal del Reyno de Navarra. El millar previsto de seguidores crecía más allá de lo que esperábamos y el pop ambiental tenía que elevar los decibelios para evitar que se hiciera público y notorio que los jóvenes aficionados realistas siguen a su equipo a todas partes porque cada día le quieren más. En balde, la megafonía fue derrotada en toda la línea por una afición que había llegado más tarde que otros días y que, por consiguiente, estaba más fresca.

Futbolistas, en la grada

Las gradas pamplonesas registraron una gran entrada a pesar de los pesares. La mayoría, claro, era navarra, pero la música ambiente la pusieron los guipuzcoanos a partir del momento en que los altavoces guardaron al fin silencio porque había comenzado el partido.

En las gradas se dieron cita Aranburu y Estrada, que no estaban convocados, pero que no se quisieron perder el partido. Iñigo Sarasola, cedido en el Real Unión, presenció el encuentro con los que han sido sus compañeros hasta hace unos días.

Cambió casi todo

La afición blanquiazul vivió muchos minutos de euforia. Tamudo aprovechó un regalo de Puñal y llenó de felicidad a los suyos. Mientras la Real estuvo por delante, no cesaron de cantar y de animar a los suyos. Los goles rojillos antes del descanso lo cambiaron casi todo. Lo que no cambió fue que la afición txuri urdin siguió mandando en las gradas, a pesar de que ya no llevaba las riendas en el marcador.

El segundo tiempo tuvo momentos alentadores, pero el daño ya estaba hecho. A los nuestros les dio igual: «Real, Real, Real». El partido se agotaba y no se veía solución. Es lo mismo: «Real, Real, Real». Que los nuestros se retiran derrotados, qué más da: «Real, Real, Real». Esta afición no pierde nunca.

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