
Cuando en la noche del 15 de junio de 2003 la plantilla de Real regresó desde el vestuario al césped de Balaídos a saludar a sus aficionados y a compartir con ellos la desilusión por la Liga perdida, ya estaba claro que uno de aquellos jugadores llegaría lejos en el mundo del fútbol. Xabi Alonso tenía 21 años y todo el futuro por delante. De tremenda personalidad, ganador y ambicioso, al tolosarra le aguardaban grandes retos. El lunes lució una bandera del Centenario de la Real en las celebraciones del título mundial.
El ambiente en aquel vuelo de regreso desde Vigo no fue igual que el de Johannesburgo a Madrid, pero Alonso no pensaba conformarse con aquella derrota. De todas formas, seguro que al pensar en su futuro no imaginaba que le costaría menos tiempo ganar un triplete casi imposible -Mundial, Eurocopa y Liga de Campeones- que vengar aquella tarde negra de Vigo. Xabi Alonso tiene el palmarés soñado por cualquier futbolista, esa triple corona impresionante, pero no ha ganado la Liga. Curiosamente, ha sido subcampeón con sus tres equipos, Real, Liverpool y Real Madrid.
Dos años después de Vigo, Xabi Alonso dio un giro a su carrera y decidió fichar por el Liverpool. El entonces entrenador del equipo inglés, Rafa Benítez, prefirió informar personalmente a su colega en la Real, José Mari Amorrortu, de que iba a poner un buen montón de libras esterlinas sobre la mesa para arrebatarle al tolosarra (al final la Real ha recibido 19 millones de euros por su venta). Benítez entró al vestuario del estadio Goodison Park de Liverpool, donde la Real acababa de jugar un amistoso contra el Everton, y le dijo a Amorrortu: «Me temo que Xabi Alonso no va a jugar más con vosotros...».
Los títulos más difíciles
Dicho y hecho. El tolosarra firmó antes del final del verano y se marchó a Anfield Road. Allí, su carácter competitivo, su fútbol cartesiano y su poderío físico cautivaron a la grada y a la crítica. Tiene vocación de líder silencioso, mandar mucho en el campo y el vestuario y poco delante de las cámaras. Eso le da una gran autoridad entre sus compañeros y entrenadores. Entró en el Liverpool con el pie derecho. En su primera temporada ganó la Liga de Campeones, el mayor trofeo del fútbol internacional de clubes y el más difícil de todos los que se ponen en juego, incluidos los torneos de selecciones.
Jugó otra final y peleó siempre en Europa, pero la Liga se le resistía y no veía que el Liverpool estuviera en condiciones de ganar la Premier en un plazo cercano. Por eso, hace dos años habló con el capitán, Steven Gerrard, y le dijo que había decidido dejar el Liverpool y buscar un destino más ambicioso aún.
Benítez intentó mandarle a la Juventus, pero haciendo gala de esa personalidad que es su mejor virtud, aguantó una temporada más en Inglaterra para decidir por sí mismo. Y eligió a lo grande. Entre tanto, se había proclamando campeón de Europa en Suiza y Austria 2008. Pero cinco años en Inglaterra no le habían servido para recuperar para sí mismo la Liga perdida por todos los realistas en Vigo, y pensó que el Bernabéu era el mejor destino para conseguir ese ansiado trofeo liguero que le falta.
Pero en Madrid tampoco se acercó al título más que en la Real. Lograron 96 puntos jugando un fútbol vertical envidiable, sí, pero fueron subcampeones. Detrás del, quizá, mejor equipo de la historia, pero subcampeones al fin y al cabo. Como en 2003 en Vigo.
Sin embargo, esta espina tampoco tardaría mucho en sacársela el tolosarra. Ya es campeón del mundo. Ha sido titular en todos los partidos de Sudáfrica y decisivo, junto a Busquets, en que el conjunto de Del Bosque haya sido el más sólido del torneo. Pudo marcar dos goles, pero el larguero ante Suiza y el portero de Paraguay en un penalti impidieron que estrenase su casillero.
Xabi Alonso nunca habría imaginado que iba a poder ganar un Mundial, una Eurocopa y la Champions antes que una Liga. Aunque todos esos logros los ha conseguido mientras militaba en otros clubes, nunca se ha olvidado de la Real.
El lunes en Madrid, en la celebración del título mundial, lució una bandera del Centenario de la Real anudada al cuello. Fue un gesto simbólico que su legión de seguidores en Gipuzkoa estimaron. Ahora luce los colores del Real Madrid, histórico rival de la Real, y la próxima temporada hará todo lo posible por derrotar al equipo blanquiazul en Anoeta y Chamartín, pero en el momento de mayor gloria deportiva se acordó del club donde se formó y que tanto significa emocionalmente para él.
«Aperri, quita las pistas»
Antes de la final, Alonso concedió una entrevista a este periódico en la que reflexionó sobre diversos asuntos de la actualidad realista. Entre ellos, la necesidad de que la Real tenga, por fin, un campo de fútbol y no un estadio de atletismo. Se declaró seguidor de la campaña 'Aperri, quita las pistas': «Eso es fundamental. Aquí en Sudáfrica ya se lo he recordado a Villar, que tiene que hacer algo, porque un campo de fútbol te da muchos puntos. Le he dicho que si sale la candidatura para el Mundial 2018, debe apoyar el nuevo estadio. También a Lissavetzky. No sé si me harán caso, pero yo lo he intentado».
El tolosarra también se felicitó por el ascenso realista y por la marea de adhesión popular que se ha producido en Gipuzkoa. «Me ha gustado sobre todo que la gente se haya desatado, que haya recuperado el sentimiento, pero hay que mantenerlo aunque luego los resultados no siempre sean buenos».
A lo largo de su carrera, Alonso, de 28 años, siempre se ha encargado de hacer guiños a su posible regreso a la Real dentro de un tiempo, pero no es algo que entre en sus planes cercanos. Acaba de firmar por el Madrid, un reto a la altura de sus ambiciones, y aspira a completar un ciclo exitoso en la casa blanca, con permiso del Barcelona.
Ahora está de vacaciones, pero el 2 de agosto se unirá a su equipo en Los Ángeles. Allí se encontrará cara a cara con Mourinho, que ha ganado seis Ligas en las últimas ocho temporadas. Justo lo que necesitaba el tolosarra....
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