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EL RECIBIMIENTO
Un gentío completamente entregado recibió al autobús de la Real antes del partido. Más de mil personas vieron la llegada de sus ídolos
14 de junio de 2010
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ídolos. Cientos de espectadores esperan ansiosos la llegada del autocar de la Real. Fueron recibidos como unos héroes. :: FOTOS: LUSA, APREA Y LÓPEZ
Un gentío entregado recibió al autobús de la Real antes del partido
MIKEL MADINABEITIA.-

Camino de Anoeta el ambiente era contagioso. Había sensación de partido grande, de día histórico. Ése que recordaremos con nitidez en el futuro. A las cuatro de la tarde, los aledaños de Anoeta estaban a rebosar. Cuánta gente. Vimos aficionados de todas las edades disfrutando de la jornada. Y había peleas por hacerse un hueco en la puerta 29, nuestro objetivo inmediato. Ver en directo la llegada del autobús de la Real no tenía precio.

Quince días antes también se vivieron escenas de locura absoluta. Aquel día el rival era el Villarreal B. No había derbi ante el Athletic, ni jugábamos ante el Barça o el Madrid. Tampoco era un duelo de Champions como los de no hace mucho. Pero había en juego medio billete para Primera. Por eso el recibimiento fue grande. Pero nada comparable a lo de ayer. Lo de ayer fue apoteósico. Tremendo.

La kalejira, que arrancó a las tres y media desde el Boulevard, llegó minutos antes que el autobús de la Real procedente del Hotel Costa Vasca. Todos sabían dónde tenían que ir. La puerta 29 era el destino final. Pero había que esperar, cosa que no nos gusta a nadie. ¿Qué hicimos? Nos pusimos a cantar. Todos como locos a cantar. «Que sí, joder, que vamos a ascender», «El que no bote es del Athletic de Bilbao» y «Hemos venido a despedirnos de la Segunda División», fueron los tres lemas más repetidos. Todos se dejaron la garganta en ello. Qué manera de gritar.

La llegada del autobús se esperaba para las cuatro y media. Lo vimos aparecer cinco minutos antes tras las inevitables falsas alarmas. Que las hubo, cómo no. El autocar entró por la zona de Illumbe y se tuvo que parar a mitad de camino debido a la afición. Qué locura. En los alrededores de la puerta 29 no cabía un alfiler. Nos juntamos mucha gente. Yo creo que más de mil personas. Todos gritando, todos chillando. Los más aventajados, eso sí, fueron los niños y niñas que se auparon a los hombros de los aitas. Ellos tuvieron la mejor visión panorámica.

La Ertzaintza había acordonado la zona con vallas protectoras. Para que no se repitieran las escenas vividas el día del Villarreal B. Esta vez todo salió según lo previsto, no hubo incidentes que lamentar. Para pasar al otro de la verja y estar codo a codo con los jugadores, sólo los periodistas, fotógrafos y cámaras tenían acceso. Algún privilegio tenía que tener este oficio.

El no va más

Y el autobús paró. 16.26 de la tarde. Fue un recibimiento multitudinario. Los jugadores de la Real fueron vitoreados como unos auténticos héroes. Como si fueran estrellas del rock. El primero en bajar del autocar fue Alberto Iturralde seguido de Martín Lasarte, que animó a los congregados cerrando el puño. Ambos bajaron de la puerta delantera del autocar.

Como ídolos

Después, por la central fueron desfilando los ídolos de la afición. Abrió la veda el riojano Sergio Rodríguez, que flipó literalmente con la fiesta que había montada en la calle. Detrás de él aparecieron Xabi Prieto, Markel Bergara y Mikel Aranburu. Todos quisieron contener la emoción, todavía quedaba el partido por delante, pero era inevitable que su rostro se mostrara diferente al de cualquier otro día. Aunque ya se sabe, la procesión va por dentro.

Diego Rivas, Antoine Griezmann, Gorka Elustondo y Eñaut Zubikarai fueron de los más aclamados. Quizá porque fueron quienes más correspondieron a la afición con sus saludos efusivos. Y por cierto, a Carlos Bueno, el único al que vimos con los cascos escuchando música, ya le llaman «Uruguasho, uruguasho, uruguasho.».

Fueron cinco minutos intensos, frenéticos, vividos con mucha pasión. Todavía quedaba una hora larga para el inicio del choque. Pero daba igual. La fiesta en el cuerpo no nos la iba a quitar nadie.

Y es que vuelve a quedar demostrado, por si había alguna duda, que este deporte juega con los sentimientos de la gente. No hay otro que lo haga de la misma forma.

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