
Qué puntazo! La Real rescató un empate casi in extremis en un partido en el que el músculo se impuso al fútbol. Labaka, de certero cabezazo a falta de diez minutos para el final, invalidó el tanto inicial de Moisés y se redimió del despiste que había sufrido en esa jugada. Un gol que vale su peso en oro, ya que Numancia y Levante también firmaron tablas en sus respectivos compromisos. Y serán los siguientes equipos en visitar Anoeta. El ascenso está en juego.
Poco puede contarse de lo sucedido sobre el césped de El Alcoraz. Hubo mucha lucha y todos los jugadores se emplearon con la máxima intensidad, pero fútbol, lo que se dice fútbol, más bien nada. El Huesca explotó sus armas y, espoleado por los 4.000 aficionados que llenaban las gradas &ndashlos otros 1.000 eran realistas y también se hicieron notar-, arrinconó a los txuri urdin hasta condenarles a un continuo intercambio de pelotazos que dificultó la entrada en acción de los hombres más talentosos de Lasarte.
El míster recibió en el calentamiento la noticia de que Labaka, renqueante durante la semana, iba a poder salir de inicio. Su compañero en el eje de la zaga fue un novato Esnaola, quien con la ayuda de sus compañeros solventó con nota la gran oportunidad de su carrera. El oriotarra se mostró tranquilo, confiado y serio. Se pegó a la espalda de Moisés y subió a rematar las faltas y córners. Nadie diría que eran sus primeros minutos con la elástica blanquiazul.
El choque arrancó con el habitual respeto al escudo rival por parte del modesto. El Huesca cedió el terreno con la esperanza de encontrarse un contraataque y dar un susto a la Real. Y vaya si se lo dieron. Un susto de infarto.
El centro del campo realista, con Rivas y Elustondo en el doble pivote y Aranburu unos metros por delante de ellos, padeció lo indecible para controlar el balón. La presión local era total y cada brizna de hierba era motivo de discusión.
Los minutos corrían y, al ver que el león no era tan fiero como lo habían pintado &ndashun comentarista oscense se atrevió a pronunciar las palabras «éstos son de Segunda»-, los hombres de Antonio Calderón empezaron a tocar sin miedo. Sólo Rivas, implacable en el robo, y Griezmann, un peligro constante en el primer acto, acertaban a mantener alto el buen nombre del segundo clasificado.
El resultado de este despropósito fue de cero disparos entre los tres palos. Un testarazo de Bueno a centro de Elustondo fue la única ocasión digna de mención antes del descanso. Tampoco el Huesca inquietó a Bravo, pero al menos sus delanteros probaron fortuna. El brasileño Gilvan, nuevo ídolo de la parroquia azulgrana, y el incombustible Moisés, remataron con desigual puntería.
El panorama cambió tras el intermedio. El Huesca ya no tenía nada que temer y se lanzó sin miramientos a por el gol. Nunca habían ganado a la Real y ése era motivo más que suficiente para buscar la machada.
El premio les llegó en una acción de estrategia. Sacaron un córner en corto y el centro posterior fue empujado a la red en el segundo palo por Moisés ante la impasibilidad general. El 1-0 transformó El Alcoraz, un campo de dimensiones engañosas, en una olla a punto de reventar.
El gol fue un duro golpe para el once de Lasarte, quien al segundo movió el banquillo para meter dinamita. Agirretxe y Xabi Prieto sustituyeron a Bueno y Songo&rsquoo. La reaparición del interior donostiarra, pieza fundamental del equipo, pareció dar alas a sus compañeros. A partir de ese minuto 63, todos los balones iban dirigidos al diez.
Con Prieto, otro equipo
Él, pese a no estar el 100%, asumió la responsabilidad y devolvió a la Real la autoestima que la había traído hasta aquí. Pidió la pelota, encaró a su par, caracoleó y, de repente, el ascenso pareció estar más cerca que un cuarto de hora antes. Es lo que tienen los cracks.
Con Prieto sobre el verde, la Real se conjuró para que alguno de los puntos en liza volaran de Huesca. Si podían ser los tres, mejor que mejor, pero uno era ya bastante, visto lo visto hasta ese momento.
Una &lsquoprietinha' dibujó una mueca en la cara de Juanma, quien poco después derribaría al capitán en el vértice del área grande. Johnatan, muy participativo y acertado en su retorno, sirvió con rosca para que Labaka fusilara a Doblas. Un golazo, tanto por su ejecución como por lo que supone. Y supone mucho. La vida.
El Huesca, que se las veía muy felices con el marcador a favor, aceptó su condición de equipo simpático de Segunda y tendió la mano. El empate les supo a gloria. Ya no hubo más acercamientos que anotar. En resumen, el balance fue de tres disparos a portería &ndashdos por parte local y uno por parte visitante- y dos goles. Mayor efectividad no se puede pedir a una tarde en la que el viento se llevaba el balón donde le placía.
Con ánimos renovados y una inyección de confianza en la yugular, la Real regresó a tierras aragonesas convencida de que, este año sí, el ascenso no se va a escapar. Habrá más días grises como el de ayer, pero con Prieto, Zurutuza, Griezmann, Rivas y Aranburu en forma, este equipo tiene gran parte del objetivo en el bolsillo.
Para rematar la faena, ahora deberá retomar la insultante superioridad que había mostrado en Anoeta &ndashocho triunfos consecutivos hasta el tropiezo contra el Elche- y fiar su destino a esa fuerza invisible que le ha permitido sumar 48 puntos en veintiséis jornada de campeonato, sólo cuatro por debajo de la media inglesa.
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