
Tic, tac, tic tac. La cuenta atrás hacia el ascenso comenzó ayer en tierras oscenses. De aquí al final de Liga, se espera al menos mil seguidores en cada desplazamiento txuri urdin. Ayer, unos 1.200 valientes poblaron las calles de Huesca dejando estampas de afición de Primera. Pero, a pesar del empate, el viaje de regreso no fue agradable, ni mucho menos. La mayoría de los seguidores se quedaron bloqueados en la carretera al suspenderse el transporte en autobús desde las ocho de la tarde por culpa de la ciclogénesis. El grupo más numeroso permaneció en Jaca hasta que recibieron el aviso de que podían restablecer la marcha. El equipo, por su parte, llegó hasta Pamplona en autobús y desde allí tomaron taxis a San Sebastián.
Por lo demás, fue un gran día de fútbol, en el que no faltaron anécdotas que oscilan entre lo estrambótico y lo grotesco. Señores, es que estamos en Segunda. Esperemos que sólo nos resten dieciséis partidos en este infierno.
09.00 Nos acercamos al Estadio de Anoeta, punto de partida de la expedición txuri urdin. Caras de sueño e incluso de resaca. Gente muy joven que, pese al mal cuerpo, comienza a cantar, con más pena que gloria. 'Goazen erreala es uno de los cánticos más reproducidos junto al 'Agirretxe alé alé alé' al son del Yellow Submarine. Hablamos con componentes de la peña Txirritako, de la Mikel Alonso y de la amaratarra Goazen Erreala y emprendemos el viaje. Al llegar al Alcoraz nos cuentan que uno de los autobuses ha tenido que acudir, como un Fórmula 1, a boxes. Cinco horas de carretera. No está mal. Siguiendo con el símil, en los diversos repostajes, los aficionados donostiarras dejaron secas las reservas de cerveza de una de las áreas de servicio. Debió de ser un show. Y eran las once de la mañana. Alegría.
12.30 La diminuta zona centro oscense va acogiendo a los realistas que llegan eufóricos. Ávidos de más cerveza. Que no falte. Al principio predomina la timidez y el cansancio. Mikel Ortega, donostiarra ataviado con una txapela txuri urdin que le acompaña a todos los viajes, nos cuenta que «hemos viajado con Goazen Erreala por primera vez. Habríamos venido en coche pero si tomas un par de copas... Nos ha sorprendido que incluso ha habido sorteo de polos y gorras. Muy buen rollo».
Mikel y los suyos secundaron el cántico de 'Paaaaatxi, Paaaaatxi'. En honor a un jubilado navarro de 67 años que acumula 194 viajes con la Real. Es una institución. Ha estado en todas las tardes o noches de gloria. «Tenía mucha relación con José Luis Orbegozo. Viví in situ el partido de Puertollano en 1967. Por supuesto estuve en El Molinón. Y en Atocha cuando le ganamos 2-1 al Bilbao -lo dice con mala cara- y levantamos la segunda Liga». Cuando falleció mi hija compré una gorra de la Real y prometí colocarle un pin de cada equipo en cuya ciudad he seguido a la Real». Y la gorra, evidentemente y como podrán comprobar en una de las fotos que ilustra este reportaje, no da abasto. «De todos los campos de Primera y Segunda sólo me faltaba Huesca».
14.00 Tanta cerveza y tan poco desayuno provocan una pequeña pájara, con la consiguiente espantada de la zona conocida como El Tubo. Allí se corta el bacalao. Nos cuentan que tras tiras y aflojas con el Ayuntamiento, los hosteleros y la muchachada oscense consiguieron que en sábado se abra hasta las siete de la mañana. Ya a la hora de comer, la ciclogénesis prevista en Donostia se trasladó a El Alcoraz. Uno de los bares que mejor aprovechó el tirón txuri urdin fue el Candanchú. El barman, con hechuras en el mundo del marketing, nos recibe amable. Miraba el Chelsea-Manchester City pero pronto comenzó a lanzar lisonjas. «Equipo de Primera», nos dice. Asentimos. «Qué afición, cuántas tardes de gloria ha dado la Real al fútbol español». Henchidos de orgullos pedimos los bocadillos. Mordimos el anzuelo. El barman se vino arriba. «Pero creo que no vais a subir. Le pasó al Salamanca. Aquí vemos todos los partidos de Segunda y ante el Girona se vio que se os ha acabado la gasolina». Aunque lo dijo con buenas maneras, el hombre se llevó un par de sustos porque uno de los peñistas empezó a zarandear el cartel de los helados. «Que nos vamos sin pagar», amenazaron. El barman dejó de tentar a la suerte. Los bocadillos, flojos, por cierto.
16.00 El Tubo, que da nombre a la calle Padre Huesca, echa humo. Los cubatas van cayendo como en su día cayeron testarazos de Darko. La camiseta del Centenario monopoliza el centro de una ciudad poco acostumbrada a este ajetreo. Nos encontramos con los hermanos Monreal, fieles seguidores txuri urdin. Alberto, Iñigo e Igor para más señas. Éste último llegó el viernes desde Nueva Delhi. Estuvo trabajando con su empresa guipuzcoana durante diez días y llegó a Donostia horas antes del choque. «El jet lag está haciendo estragos. Me he despertado a las cinco de la mañana con la sensación de que eran las diez. Se me puede hacer largo el día, aunque si ganamos voy a dormir doblemente a gusto». Igor lamentaba más tarde que Markel, ídolo de la familia -dos de sus tres componentes portaban el '5' del elgoibartarra- no jugara. Nos recordaba las dotes defensivas del que consideran «va a ser jugador de la Real para por lo menos los próximos diez años. Cuando coincidió en la selección española con Cesc, le cubría las espaldas. Y cuando el catalán fichó por el Arsenal, sus padres agradecieron a los de Markel la labor del '5'. Son historias que nadie conoce». Un fenómeno se llevó un radiocassette digno de bazar de a pie de calle y comenzó a sonar el himno del Centenario de Mikel Erentxun y Andoni Egaña.
16.30 El Alcoraz aguarda engalanado. Por decir algo. Es una forma de dorar la píldora a los simpáticos oscenses que nos miraban con cara de lástima al vernos escribir estas líneas en plena grada. Antes nos pasamos por la carpa habilitada para la ocasión en los aledaños. Parecida a la que se suele montar en Anoeta con motivo de la Copa de Europa de rugby, pero diminuta. Llega la Real y un centenar de seguidores corean el nombre de los realistas, que entran con cara seria.
A mi lado, ya en la cabina de prensa/grada, un buen hombre, Jesús, nos explica que su equipo tiene el campo en propiedad. Y que está saneado. No debe dinero y paga al día. Y nos recuerda que ni el Zaragoza llevó tantos aficionados a las gradas. Nos ofrece cacahuetes. Un buen hombre.
18.00 El balón echa a rodar y distinguimos entre los realistas a un jugador con 599 partidos en Primera con la elástica txuri urdin. Con un Mundial a las espaldas. Bixio Górriz. 'Adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, hemos venido a despedirnos, de la Segunda División', se cantó en la primera mitad en el Fondo Sur, ubicación txuri urdin... En el descanso un hombre pasó con una pizarra con un número de tres cifras. Se trataba de la rifa del jamón. Segunda División en su máxima expresión. La grada, ruidosa, puso la sexta marcha en el 56 cuando una gran acción de Griezmann provocó la primera amarilla de los locales. Diluida rápidamente con el gol del Huesca. La Real parecía muerta. El Levante vencía. Pero salió el 10. Prietinho. Y la lió. Y volvió locos a todos. A su par y al fondo sur. Y a mi amigo Jaime, al que se le cayeron los cacahuetes al ver en directo la Prietinha. Pero antes llegó el gol de Labaka. Y además el Levante dilapidó su ventaja...
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