
«La temporada es muy larga y lo repito cada semana en Zubieta. A Iosu Esnaola le dije hace poco que mirara siempre la pizarra en la que figura la convocatoria los viernes. Porque le vi desanimado, ya ni miraba y le pedí que al menos tuviera ese aliciente porque ya había desistido». Son palabras de Martín Lasarte que quedaron en el tintero en la entrevista que publicó DV hace un mes.
El uruguayo es un tipo valiente y sabe que parte de su éxito al frente del club txuri urdin radicará en dar confianza a los jóvenes valores. Por eso ayer no le tembló el pulso a la hora de colocar en la zaga al oriotarra. El aguilucho, que entró a El Alcoraz serio, concentrado aunque según explicó tras el partido tranquilo, tuvo una destacada actuación en la que mostró sus credenciales. Contundencia, poder en el juego aéreo y sencillez en el despeje.
La Real salió a calentar con doce jugadores de campo. Markel hizo ejercicios con el once inicial por si Labaka se resentía de su lesión. Pero quienes conocen al azpeitiarra saben que no es de los que se borran y si hay que ayudar a un compañero que debuta, él juega como sea. Honestidad brutal. Así fue.
Esnaola intervino en el primer minuto de juego. Tuvo que despejar con la cabeza un balón aéreo. No era complicado así que fue una buena ocasión para soltarse y liberarse de la presión del debutante. Se reflejó esta tranquilidad en el minuto cuatro, cuando salió al corte y despejó a banda una incursión de Gallardo, que avanzaba hasta línea de fondo.
El oriotarra, nuevo ídolo de la afición aguilucha -el propio Iosu es un gran aficionado al remo y si el fútbol se lo permite se desplaza a La Concha vestido de amarillo-, se sintió cómodo y se incorporó al ataque porque su 1,86 impone. Por eso, tras una falta inofensiva, el central zurdo aprovechó para robar el balón en el rechace. En la zona de extremo izquierdo. Provocó un córner. El debutante, dorsal 14, realizó dos nuevos despejes con la cabeza en la primera mitad, sólo cometió una falta -tumbó a su par, José- y no tuvo mayores problemas.
En la reanudación, más de lo mismo. El zaguero de Orio estuvo atento, relizando buenas coberturas a De la Bella. Despejando sin florituras. Y con la ayuda de Labaka, que quizás pudo hacer algo más en el gol del Huesca pero que sin embargo estuvo notable. Y satisfecho sabiendo que su sacrificio valió para ayudar a un debutante. A partir de ahora, Iosu mirará los viernes la pizarra de Zubieta.
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