
Martín Lasarte vive un momento dulce en la Real. Su trabajo al frente del primer equipo, al que ha llevado al liderato de Segunda División, ha convencido a los críticos. Las dudas que en septiembre sobrevolaban el vestuario se han transformado en elogios unánimes. Hoy, tras quince jornadas disputadas, nadie niega que confiar el banquillo txuri urdin al uruguayo ha sido un acierto.
Lasarte, fiel a su estilo prudente y caballeroso, se mantiene al margen de loas y reparte méritos con sus compañeros de faena, a quienes analiza para DV. Alberto Iturralde, Pablo Balbi y Roberto Navajas son sus hombres de confianza. Ellos forman el cuerpo técnico que ha devuelto la ambición a los jugadores y la ilusión a los aficionados. «Son un grupo fantástico que está haciendo lo imposible para que este proyecto salga adelante», asegura el entrenador realista.
Balbi, un viejo conocido
A Balbi se lo trajo de Uruguay. Se conocen desde hace muchos años y han implantado su metodología allí donde han requerido sus servicios. El preparador físico que más goles celebra -su cabeza blanca siempre aparece entre los abrazos de los jugadores- ha compartido experiencias con Lasarte en River Plate y Danubio, donde en 2004 y 2008 se proclamaron campeones del Torneo Apertura.
Ahora, la Real llega en mejores condiciones a los finales de partido y los futbolistas que salen desde el banco resultan muchas veces decisivos. «Eso es mérito de Pablo», cuenta Lasarte. «Les hace trabajar fuerte durante la semana e incluso en el calentamiento. Me sorprende que aquí se toma un poco a la ligera lo de calentar en la banda. En mi país es muy diferente. El futbolista tiene que estar preparado porque el fútbol no te avisa. Hay una lesión y tienes que estar al 100%, no al 80% o al 90%. Los mantiene calientes, los va cambiando, les habla mucho. Además, sabe de mi manera de motivar, con mensajes tirando hacia arriba. Son cosas que a uno le dan una enorme tranquilidad para tomar decisiones antes y durante los partidos».
Como la inmensa mayoría de los niños, Balbi quiso ser futbolista. «Es un gran profesional. Es un muchacho joven, pero que empezó pronto. Vio que el fútbol no le iba a utilizar como integrante del equipo y decidió estudiar una faceta que le permitiera desarrollarse en lo que le gustaba. Desde muy jovencito tuvo la fortuna de trabajar a nivel alto, en la selección y en el extranjero. Es una persona excelente. Un tipo honesto, cabal, que siempre está tratando de renovarse y reciclarse».
Iturralde, el descubrimiento
Iturralde se unió a la aventura ya en territorio guipuzcoano. Su misión era hacer de enlace entre el nuevo míster y la esencia de la Real: Zubieta. Como él mismo confesó en estas mismas páginas, es como la voz en off de Lasarte. «A veces, al entrenador auxiliar se le da poca importancia», admite el técnico charrúa. «Pero en Alberto he descubierto una persona de muchísimo conocimiento, de muchísimo recorrido desde el punto de vista teórico. Tiene una capacidad de análisis que pocas veces he visto. Y aporta seriedad. Además, he encontrado un tío genial. Somos grandes compañeros y me siento muy tranquilo con él. Conversamos mucho sobre las decisiones que tomamos durante la semana. Él ha aprendido a conocerme, a saber qué pienso de ciertos temas. Yo a él, también. Eso nos ha enriquecido. Creo que todo ello ayuda y redunda en beneficio del equipo».
Navajas, el todoterreno
El entrenador de porteros es la pieza que completa el puzzle. Navajas fue jugador del Sanse y acumula una extensa trayectoria profesional. Lasarte lo tiene claro. «Es un fenómeno. Fuimos rivales en algún momento, hace muchos años. Siempre me alegro por los futbolistas que han tenido la oportunidad de ver lo alto y lo bajo del fútbol. Hay gente que estuvo veinte años en el primer nivel y eso está bárbaro. Pero nosotros no estamos en el primer nivel, sino intentando volver a él. Por eso, necesitamos de todo: conocimiento de los viajes en autobús, de hoteles más o menos decentes, de campos malos, de equipos que juegan difícil, a tu fallo... Todo eso es importante. Roberto tiene mucho bagaje al respecto. Ha dado a su trabajo una solvencia, una descontracturación en lo que se refiere a rutina, todos los días un ejercicio diferente, todos los días hay una gran alegría en los porteros por trabajar... Eso se ha visto en el rendimiento, sobre todo en el caso de Asier, que ha demostrado cuando le tocó jugar. También a Eñaut, quien todavía no ha disfrutado de minutos en competición oficial, le mantiene vivo, en tensión».
Iturralde, Balbi y Navajas, todos de 41 años, se complementan a la perfección con Lasarte. Entre los cuatro han construido un espíritu ganador del que el vestuario se ha contagiado. Los resultados saltan a la vista. El liderazgo de la Real nace en el banquillo.
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