Real Sociedad
Actualidad
1 de junio de 2009
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El tudelano era... de Rente
Javi Ros fue el único que lo intentó con varios buenos disparos lejanos. /JOSE MARI LÓPEZ
MIGUEL GONZÁLEZ.-

DV. No me apetece amargarles el comienzo de la semana contándoles lo que se vivió ayer en Anoeta. No me parecería justo. Los casi 14.000 valientes que estuvieron presentes no necesitan que nadie les hurgue en la herida. Y los que se ausentaron tampoco merecen saber lo que pasó. Tedio, sopor, desgana y un resultado que desconecta a la Real de las matemáticas que la mantenían con vida. Eran las únicas que trataban de contradecir la realidad. Y el desenlace, si va a ser doloroso, mejor que sea cuanto antes.

¡Qué difícil es entender un partido de fútbol si no hay nada por lo que pelear! El ejemplo del Real Madrid en las últimas jornadas o del Barcelona, que ha sumado un punto de nueve tras entornar el alirón, sirven de ejemplo. Y es que partidos como los de ayer atentan contra el sentido del fútbol, un juego concebido para marcar el mayor número de goles en la portería contraria. ¿Para qué? Para sumar puntos y alcanzar los objetivos marcados en una tabla numérica, en el caso de las competiciones regulares o, en los torneos directos, para superar eliminatorias y soñar con ver el trofeo lo más cerca posible. Pero cuando un partido no te lleva a ningún lado, se convierte en una tortura para jugadores y aficionados. Y así fue.

La Real arrojó la toalla el sábado, después de conocer que las victorias del Tenerife y Zaragoza le dejaban casi sin opciones. Tantas semanas y tanto esfuerzo persiguiendo en vano a los rivales en vano acabaron por desfondar a un equipo que no daba más de sí. Por eso, cuando encaramos la tercera temporada en Segunda División, no me apetece echar la vista atrás y prefiero contarles alguna historia positiva a la que puedan agarrarse para levantar la moral. Que las hay. Y ayer, ésta la escribió el joven canterano Javi Ros, que debutó como titular en el primer equipo a sus 19 años.

A estas alturas ya habrán leído o escuchado que es aún juvenil, que ha jugado casi toda la temporada como titular en el Sanse -a pesar de que ni en la web del club figura entre los integrantes de su plantilla-, que ha sido una de las revelaciones y que ha renovado hasta 2014. Y habrán advertido, a través de la tele en Salamanca y ayer en Anoeta, que se trata de un futbolista pequeño pero aguerrido, que tiene desparpajo, un fácil disparo con ambas piernas y un buen cambio de ritmo y conducción del balón. No es un jugador de puesto específico, de hecho, durante su carrera le he visto jugador en banda derecha, de mediapunta, de lateral... De todo. Es lo que hoy en día se llama un todoterreno, ese jugador que quizás no brilla en un sitio determinado, pero que cumple con nota allá donde juega y aporta mucho al equipo.

Pero sobre todo, detrás de Ros hay un corazón txuri-urdin y el sacrificio de toda una familia hacia el club. A los Ros-Añón, la sangre blanquiazul les viene a través de sus abuelos maternos, Manolo y Carmen, que eran de Errenteria. Su madre Miren es navarra, pero nunca ha olvidado sus raíces guipuzcoanas. Eso se ve en los nombres euskaldunes de muchos de sus siete hijos, que son Alejandro (38 años), Jon (27), Iñigo (26), Miren (25), el propio Javi y su gemelo Mikel (19), y Marta (18). Por eso, cuando su hermano Iñigo recibió una oferta de la Real desde Zubieta en su último año de juvenil le tentó más que la del propio Osasuna. Militó cinco temporadas en el Sanse y jugó 126 partidos. Fue viéndole a Iñigo, donde a Javi le creció su pasión por la Real.

Cada quince días los Ros-Añón desembarcaban en Zubieta con toda la prole en su Renault Space. De ella bajaban los cinco hermanos más pequeños, casi siempre con un balón en sus pies. Ese sentimiento blanquiazul hizo que no fuera difícil su fichaje cuando el ojeador realista en Navarra, Paco Nogales, advirtió sus cualidades. Siendo alevín vistió su primera camiseta de la Real en el torneo de Brunete con los hemanos Eizmendi, Alain y Eneko e Illarramendi, entre otros. Les eliminó el Madrid.

Desde Tudela en taxi

Pero lo más duro vino después, cuando se integró oficialmente en los equipos inferiores. Sólo tenía 12 años y vivía en Tudela. Durante tres años vino dos días por semana, los miércoles y los viernes, en el taxi que la Real ponía para los jugadores de la zona. Con él compartieron miles de kilómetros su paisano Javi Blanco, Sergio Murugarren, de Azagra y el valtierrano Jonathan Resa. Sólo Ros se ha abierto camino en el fútbol. Los viernes dormían en el Hotel Atxega de Usurbil y el sábado volvía a Tudela con sus padres. A los 15 años pasó al Colegio Mayor Olarain, donde se ha ganado el cariño de todos por su simpatía y extrovertido carácter.

Todo ese sacrificio ha merecido ahora la pena. Su historia endulza una amarga tarde en la que Lillo fue despedido con pitos y se oyeron gritos pidiendo la dimisión de la directiva. Y es que ser de la Real, resulta cada día más duro. Si no fuera por lo grande que es ser de la Real... ¿Que se lo pregunten a Ros?

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