Aquí el pesimismo. Aquí la resignación. Siete puntos. Siete losas. Es para llorar. No subimos. Así, la Real no sube. Ya puede decir Lillo misa.
El técnico declaró que «su equipo le había gustado con matices» ante el Hércules, que «quedan 17 partidos y que el tren no se ha ido...». También recordaba en su comparecencia semanal que «el Getafe de Rivas estaba a once puntos a nueve jornadas del final y subió». Está en su papel. Trata de convencernos (sus jugadores, también) de que este cuento de la Liga todavía tiene capítulos, pero a la Real se le ha escurrido el ascenso entre los dedos (cuánto me gustaría equivocarme).
La Real está en una alarmante crisis de juego y los síntomas se concretaron en una tarde en la que se volvió a escenificar la dificultad que tiene la Real para salir con el balón jugado. Un ejemplo (se pueden poner diez). Sacaba Bravo el balón con la mano y el balón iba a Castillo, que se lo cedía a Mikel Gonzalez, que recibía presionado..., y pase a Ansotegi, que miraba y remiraba a un lado y a otro para intentar el pase. Al no ver a nadie desmarcado lanzaba el balón... o se lo cedía de nuevo a Bravo que buscaba, esta vez con el pie, a alguien de arriba, casi siempre a Agirretxe cuando hubiera sido mejor buscar a Prieto, digo yo, o a Abreu, Y así es muy difícil. Porque si no sacas el balón controlado, si la transición defensa-ataque cuesta Dios y ayuda, si las bandas no desbordan, no hay nada que hacer.
Sólo en el último cuarto de hora, con la entrada de Sergio combinó la Real, pero el marcador certificó un 1-2, los puntos se volvieron a escapar y hoy todo vuelve a ser cuestionado en la Real.
Si lee estas líneas, Lillo hará énfasis en que los periodistas nunca nos equivocamos porque escribimos después de los partidos, pero uno maneja datos. Y tiene opinión. Y puede afirmar que el partido ante el Hércules dejó al aire varias cuestiones que la Real no ha solucionado.
Xabi Prieto lleva varios partidos escondido en la banda, en la que no contesta. Aranburu está para el banquillo. Castillo, que no centró una con peligro, no es el de hace dos meses. Y Mikel Gonzalez, tampoco. Markel Bergara tiene chispa cortando balones, pero no es organizador y juega precipitado hacia adelante. A Abreu se le ven las costuras. Y a...
Todos clamaban porque llegara un goleador y Abreu está aquí, Pero el problema de la Real no es sólo de gol, que también. El problema de la Real es de fútbol. De elaboración. Hace tiempo que la Real no tiene organizador. El que tenía (Elustondo), está lesionado. Y la Real de juego está tiesa.
Aquí el pesimismo. Aquí la depresión. Siete puntos. Siete losas.
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