No hay nevera suficientemente grande en Gipuzkoa para meter a Bernabé, ni venda que tapone la herida de la que sangra la Real, ni consuelo para una afición a la que han vuelto a pisotear.
Lunes. Diez de la mañana. Suena el teléfono. Estaba despierto, ojeando el periódico. Era un ex jugador de la Real. Estoy con unos amigos. ¿Vienes a tomar café con nosotros?, me dice. Acepto la invitación. Uno de sus amigos es abogado laboralista, el otro es entrenador y el tercero es accionista de la Real. Han pasado 48 horas del día de autos, pero continúa soliviantado.
«Te he llamado porque no puedo dar crédito a lo que acaban de decirme, que Bernabé García, el árbitro del penalti inventado ante el Zaragoza, amonestó en 2004, en Segunda B, a un jugador del Mataró por hablar en catalán con un compañero. ¿Es cierto?». Le digo que no sé nada. «Es que no sólo fue el penalti. Desde el minuto uno su actitud fue insultante. Todo el primer tiempo fue una provocación. Un ejemplo. Las faltas de la Real eran tarjeta y las del Zaragoza, no. Y ya viste el penalti. Algunas veces no es necesario recurrir a la televisión. Y el sábado se vio desde la Policlínica que el penalti era un invento, que Bravo tocaba el balón. Ese penalti (que no fue) lo vio... y no vio el que hicieron a continuación y en la misma jugada a Ansotegi y Agirretxe. ¿Casualidad?».
Interviene en la conversación el entrenador de fútbol. «Es cierto que el árbitro nos birló dos puntos y la Real tiene derecho a sentirse agredida por un arbitraje que le dejó sin victoria en el minuto 90, pero hay que hacer autocrítica y decir que la Real tiene asignaturas pendientes en casa en cuanto a su juego. Personalmente no me gustó el sistema 3-4-3 de Lillo y llevamos tres empates consecutivos en Anoeta».
Mi amigo le interrumpe. «Te aceptaría un comentario así en otro momento, pero con lo que está lloviendo, no. Mira, hasta el ex árbitro y delegado realista Eleizegi, siempre tan comedido, ha dicho que no recuerda un partido así en Anoeta y mira si ha visto cosas. Por algo lo dirá. En estas ocasiones siempre me acuerdo de José Luis Orbegozo, de cómo llegó a conseguir que a la Real le pitaran los mejores árbitros. Tenía peso en la Federación. Prestigio. Y se ganó el respeto del estamento arbitral y del federativo. Es curioso. Antes, la Real no tenía a nadie en Madrid y nos respetaban; ahora tenemos al presidente de la LFP, a directivos de la RFEF y mira... Decía Cedrún el otro día que la Segunda no existe mediáticamente y tiene razón porque la escandalosa actuación de Bernabé ha pasado desapercibida en las televisiones generalistas y en los programas de radio de mayor audiencia, lo que no pasó con el Madrid-Osasuna. Y Sánchez Arminio y los que designan a los árbitros (López Nieto y Puentes Leira) y Villar se deben enterar».
Interviene el abogado laboralista. «¿Dices Villar? Ya conocéis la última del presidente de la Federación Española de Fútbol. Ramón Calderón se vio obligado a dimitir como presidente del Real Madrid tras un escándalo de colosales proporciones, por manipular una asamblea..., y al de unas horas encontró amparo en Villar, quien designó a Calderón responsable del Centenario de la RFEF. Por lo que parece le gusta otorgar favores a presidentes caídos. Ahora es Ramón Calderón pero antes lo fueron Joan Gaspart, Cortés, Luis Uranga...»
¡Ah! Uranga. Espero que el ex presidente realista le cuente a Villar, con quien coincidirá mañana en Sevilla, el atropello que sufrió la Real ante el Zaragoza. Lo que hizo Bernabé. Nunca mais.
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