Una noche para no perdérsela

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Una de las características del fútbol moderno, ese que como ya sabrán a estas alturas no estimo en demasía, es su facilidad para justificar la no asistencia a los estadios. Cualquier motivo es bueno para no ir: que si hace frío y en casa se está calentito, que si es puente y me pilla fuera, que si la Real Sociedad ya está clasificada, que si es muy tarde... Antaño sucedía justamente lo contrario, cualquier excusa valía para no perderse un partido. Daba igual que hubiera examen al día siguiente, que llegaras tarde a casa, que no conocieras a ningún jugador del contrario –a ver quién distinguía a los futbolistas del Dinamo de Minsk sin televisión ni internet–, que tuvieras que pasarte dos horas de pie en Atocha esperando el inicio del encuentro... Si la Real jugaba en Europa no había nada que impidiera que estuviésemos allí detrás de la valla. Ni siquiera la fiebre nos retenía en casa porque milagrosamente desaparecía nada más acceder al viejo campo por la mítica puerta 10.

Hoy llega el Zenit, que ocupa el puesto 16 en el ranking UEFA por delante de equipos que estarán en los octavos de la Champions como la Roma, Tottenham, Liverpool o Basilea. No tiene el nombre de otros clásicos del continente, pero sí bastante más potencial que muchos de ellos gracias al respaldo del gigante gasífero Gazprom y, seguramente, el mejor estadio de todos. En 2008 ganó la UEFA y la Supercopa de Europa y ha plantado cara al poder moscovita en el fútbol ruso en este siglo. Y la Real quiere superarle en el grupo para ganar prestigio y tener un cruce en dieciseisavos más fácil. ¿Y se lo van a perder?

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