Illarramendi y diez más

Lo que más me preocupa de la Real es la falta de descanso que tiene el mutrikuarra

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

La Real Sociedad encara esta tarde en Rusia su segundo partido europeo y lo hace en un momento extraño. El equipo se ha parado en seco después de un inicio más que prometedor y las alarmas de los más agoreros ya se han encendido cuando no hay motivos para perder el oremus. Como el fútbol es el deporte que más agita el corazón, las expectativas se dispararon y basta que haya habido tres tropiezos seguidos -uno, previsible ante el Real Madrid- para que las nubes predominen en el cielo. Ni lo uno ni lo otro.

En las próximas líneas resaltaré la que es mi principal preocupación, que no es otra que el exceso de minutos que acumula Asier Illarramendi. De hecho, lo ha jugado todo. Si asumimos que la medular es el motor y si sabemos que el mutrikuarra es el combustible, la peonza loca que va de aquí para allí, el hombre que defiende cuando los demás atacan y el que ataca cuando los demás defienden, convendremos en que tenemos un problema grave. Cuando Illarra no juega, la Real tiene un vacío existencial. Se convierte en Pascal. Es un domingo sin fútbol. Pero, claro, no puede estar siempre disponible. ¿Entonces qué hacemos?

Ésa es la cuestión

Le veo a Eusebio como a Shakespeare, pensando en si cambiar o no cambiar. Si quita a Xabi Prieto y a Zurutuza, que tampoco pueden jugarlo todo, la Real es otra cosa. Deja de ser un equipo de pausa para convertirse en uno de vértigo. Abandona la cordada que le ha convertido en un equipo de autor, reconocible, para escalar en modo alpino, en solitario, abriendo unas líneas verticales expuestas a dos cosas. El abismo y el entretenimiento.

Ante una temporada tan larga, no se puede confeccionar una plantilla desequilibrada. Pero no pasa nada. Se gana hoy en Rusia y el domingo al Betis, y nos iremos al parón con una sonrisa. Este deporte funciona así. De sobresalto en sobresalto hasta la victoria final.

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