Llamado al triunfo desde muy joven, ha conocido la dureza de la portería

La crisis de ese puesto en la Real le ha ofrecido una oportunidad de oro que quizá no podía imaginar, a punto de cumplir 34 años

A. V. SAN SEBASTIÁN.

Miguel Ángel Moyá es el mejor ejemplo de la complicada vida de un portero. Llamado a grandes empresas desde muy joven, cuando se alternaba con Asier Riesgo en la portería de la selección en todas las categorías inferiores. Llegó, como el debarra, pronto al profesionalismo, cuando debutó con el Mallorca en 2004 con 20 años. En el club de su isla natal se labró un nombre y sus cuatro temporadas allí le valieron para dar el salto al Valencia.

Portero muy fuerte, con un físico para mandar en el área, también es rápido bajo palos. Sus casi 1,90 y más de 80 kilos definen a un futbolista poderoso. Le costó el salto a un equipo de primera fila y lo pagó con la suplencia en Mestalla, donde solo jugó ocasionalmente en sus dos temporadas (12 partidos en total). En 2011 dio el salto al Getafe en busca de minutos y los encontró. En tres temporadas jugó casi cien partidos y volvió a demostrar que su calidad le permitía aspirar a un escalón más alto.

Esta vez, en 2014, fue el Atlético de Madrid el que le reclamó. Su arranque en el Vicente Calderón fue espectacular y fue titular hasta que en los octavos de final de la Champions cayó lesionado. Le sustituyó un por entonces semidesconocido: Jan Oblak. Y la crueldad de la portería hizo el resto. El esloveno se desveló como un fenomenal portero y desplazó al ostracismo a Moyá. En las últimas tres temporadas ha jugado nueve partidos de Liga, los nueve la pasada campaña.

En esos encuentros que disputó por la lesión de Oblak hizo lo más difícil para un portero: no acusar la inactividad. Salió y jugó a un nivel formidable, hasta el punto de discutir la titularidad del esloveno cuando volvió de su lesión. Esas actuaciones sacaron a la luz su profesionalidad y desvelaron lo que no se suele ver en en el fútbol profesional, la competencia que un buen suplente opone al titular, fundamental para subir el nivel del puesto. De la portería y de cualquier otro.

Moyá será el segundo meta balear en la historia de la Real, después del menorquín Juan Bagur, que defendió la portería de Atotxa entre 1958 y 1959. El hasta ahora jugador del Atlético es un futbolista contrastado y respetado sobre el césped y destaca también en sus comparecencias públicas, con un discurso muy elaborado. Habla muy bien y es fino en sus análisis del juego, demostrando bagaje, inteligencia que agradece el aficionado.

Veterano, cumple 34 años en abril, Moyá está ante el último gran contrato de su carrera. La crisis de la portería de la Real le ha ofrecido una oportunidad de oro que quizá no podía imaginar ni en sus mejores sueños.

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