Real Sociedad

Iñigo Martínez se entrenó ayer a la espera de que se concrete su futuro

Iñigo Martínez se entrenó ayer a la espera de que se concrete su futuro

Se mostró serio durante toda la sesión y solo las bromas de Illarramendi o Vela lograron sacarle una sonrisa

Axel Guerra
AXEL GUERRA

Iñigo Martínez concitó ayer el interés del entrenamiento de la Real en Zubieta, a la espera de que se cierre su fichaje por el Barcelona. El central, que en la última sesión de la semana pasada se reincorporó al grupo y se ejercitó con el peto de visibilidad que se otorga a los jugadores que acaban de salir de una lesión, demostró estar totalmente recuperado de los molestias musculares que le impidieron viajar a la concentración que el equipo llevó a cabo durante dos semanas en la localidad holandesa Ermelo

El central fue el último jugador en salir por las escaleras que dan acceso desde vestuarios al césped del José Luis Orbegozo. Lo hizo escoltado por Vela y Zurutuza, con gesto serio y sin responder a los saludos del centenar largo de aficionados que se acercaron a Zubieta.

Durante la carrera de calentamiento se refugió en el centro del grupo junto a Juanmi. En los ejercicios con balón que organizó Eusebio se enfundó el peto gris y se ejercitó junto al malagueño, Canales, Gaztañaga, Pardo, Vela e Illarramendi, uno de sus mejores amigos dentro del vestuario y que vivió una situación parecida en 2013 cuando se marchó al Real Madrid. El azteca y el mutrikuarra fueron prácticamente los únicos que lograron sacar una sonrisa al de Ondarroa.

Tras unos ejercicios de posesión y salida de presión, el entrenamiento terminó con un partido en espacios reducidos en los que Iñigo se empleó con la misma intensidad y bravura que acostumbra, especialmente en una acción en la que se lanzó al suelo para rebañar un balón a Agirretxe, que tenía todo a favor para marcar ante Rulli. Antes de que finalizase el ejercicio, Iñigo marcó un gol, que como el resto de los que lograron sus compañeros, recibió la ovación de los presentes.

El defensa se retiró a vestuarios con el mismo gesto serio con el que había iniciado la tarde y sin pararse ante los aficionados que se agolpaban en la zona de acceso a vestuarios. Solo ante la llamada de uno se giró y le devolvió una leve sonrisa y un saludo.

Abandonó Zubieta por la parte trasera tras firmar un balón a un joven aficionado. Fue el único autógrafo que concedió.

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