Real Sociedad

Iñigo, ¿una aspirina?

Iñigo, en su primera visita a Anoeta con el Athletic, con gesto contrariado ante un gran escudo de la Real. / J.M. LÓPEZ
Iñigo, en su primera visita a Anoeta con el Athletic, con gesto contrariado ante un gran escudo de la Real. / J.M. LÓPEZ

Anoeta no perdonó su marcha. Escuchó música de viento desde que bajó del autobús hasta que dejó el campo con una amarilla. Entre medias, un tormento |

ÁLVARO VICENTE

Iñigo habrá amanecido hoy con dolor de cabeza después de lo mucho (o poco según se mire) que tuvo que escuchar en su regreso a Anoeta por primera vez con la camiseta del Athletic. El aficionado de la Real Sociedad no le perdona que dejara en la estacada al equipo a escasas horas del cierre del último mercado invernal para fichar por el Athletic. No al menos por el momento. Escuchó música de viento en las 46 ocasiones en las que tocó el balón, desde el primer minuto al último.

A Iñigo le recibieron con billetes falsos con su rostro impreso cuando descendió la escalerilla del autobús que dejó al Athletic en Anoeta. Sin levantar la mirada, tomó el camino a un vestuario que ayer conoció por primera vez como visitante en la que fue su casa. En ese momento ni se podía imaginar lo que le esperaba. Un par de horas después se despidió con derrota, con un (casi) gol en propia puerta y con una tarjeta amarilla por protestar cuando había terminado el partido.

Si había dudas de cómo podía recibirle el aficionado de la Real Sociedad, pronto quedaron disipadas. Media hora antes de que arrancara el partido, cuando los jugadores del Athletic asomaron por el túnel de vestuarios para iniciar el calentamiento, a Iñigo ya se le empezó a hacer de noche. Los pocos, poquísimos, que ocupaban su localidad en ese momento le llamaron de todo menos bonito. De lo que se puede escribir sin herir sensibilidades, el grito de 'pesetero' fue lo más repetido. A partir de ahí, lo que a usted se le ocurra. Al estar casi vacío el estadio se escuchaba con nitidez. Como detalle, el primer balón que tocó en Anoeta con la camiseta del Athletic se lo entregó a San José.

Según se acercaba la hora de inicio del partido y el personal empezaba a llenar el estadio, el volumen de esa música de viento fue creciendo. El pico más alto se produjo cuando los rojiblancos se retiraron a los vestuarios. Y todavía no había empezado el partido.

Hace mucho que no se producía una pitada igual cuando el 'speaker' dio los nombres del Athletic y se escuchó el nombre de Iñigo. En ese momento en el fondo norte bajo se desplegó una pancarta en la que se podía leer 'Lealtasunak ez dauka preziorik' (La lealtad no tiene precio).

Mirada desafiante a la grada

Suya fue la asistencia del primer gol de la Real (del Athletic en propia puerta). Iñigo no alcanzó a despejar de cabeza un córner, despistó a sus compañeros y el balón cayó en la bota derecha de San José que remató de forma impecable a su portería.

El central vizcaíno apenas se incorporó al ataque salvo en las jugadas a balón parado. Quedó emparejado con Aritz en los córners. En uno de ellos, en el minuto 18, remató de cabeza con intención, pero Williams se interpuso en su camino a la portería. Cuatro minutos después, en un nuevo córner, en la segunda jugada, remató en el segundo palo y el balón se fue por encima del larguero.

Luego vinieron los goles, el repaso de la Real al Athletic, pero ni con esas, ni con el público saltando y disfrutando de la victoria, Iñigo pudo dejar de escuchar la canción de la tarde dedicada a él. Anoeta aplaudió a rabiar a los suyos cuando llegó el descanso, pero también tuvo su ración para Iñigo. Y para más inri, por megafonía pusieron a todo trapo aquella de Barricada 'Estás asustado, tu vida va en ello...'.

En la segunda parte todavía fue peor. Iñigo fue a despejar un saque de falta a pie cambiado de Canales, pero lo que hizo fue desviar de forma poco ortodoxa y el balón, tras tocar en San José, acabó en la portería de Kepa. Las cámaras de televisión apuntaron al 4 y en sus labios de pudo leer «¡Qué puta folla!». Ese error lo enmendó tres minutos después al provocar el penalti con el que el Athletic recortó distancias. Remató de cabeza y el balón dio en la mano de Llorente. Todavía tuvo tiempo de participar en la tangana que se produjo cuando Pardo vio la roja directa. Iñigo se marchó con la amarilla y una mirada desafiante a la grada. No fue su tarde.

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