hoy es el día

MIGUEL ANGEL MATA

Este 2018 no está siendo un buen año para la Real. No hace falta extenderse en el cúmulo de sinsabores que lleva padecidos la afición txuri-urdin. Sucesión de derrotas en los primeros meses, marcha de Iñigo Martínez al eterno rival, eliminación de la Europa League, crisis institucional que acabó con la salida del entrenador y del director deportivo, confirmación de que Xabi Prieto cuelga las botas a final de temporada... Hasta una de las pocas satisfacciones que parecían perennes ya no nos pertenece después de que el Barça nos haya arrebatado el récord de imbatibilidad. Y en la lista no incluyo el fiasco de la Copa ante el Lleida porque se produjo en noviembre.

Pero hete aquí que en abril algo ha cambiado. La llegada de Imanol al banquillo, en el que debutó el pasado día 1 ante el Eibar en Ipurua, ha insuflado un renovado optimismo en la parroquia txuri-urdin. Por un momento nos volvimos a ilusionar con la posibilidad de volver a luchar por Europa, aunque el traspié de Málaga no ha tardado en ejercer de amargo justiciero para un equipo que no se habría merecido semejante premio. Nos ha vuelto a mostrar que hay equipo para mucho más de lo que estábamos contemplando. Y junto a la mejora en el plano deportivo, una serie de acontecimientos han operado como catarsis y han devuelto al entorno blanquiazul el orgullo y la ambición que estaban adormecidos.

El nuevo récord de imbatibilidad del Barça nos ha recordado que han hecho falta 38 años y un equipo plagado de estrellas y con el mejor jugador del mundo a la cabeza para sacar del libro de la historia de la liga a un grupo de canteranos que con calidad pero sobre todo, pundonor y tesón, estuvieron 38 jornadas de dos temporadas sin conocer la derrota. Acabamos de celebrar, el jueves, que ese mismo equipo conquistó hace 37 años, un inolvidable 26 de abril de 1981, el primer título de Liga de la Real. Y en breve nos toca recordar el segundo.

El anuncio de la retirada de Xabi Prieto y el obligado repaso a su trayectoria nos ha devuelto la certeza de que aún hay jugadores que por encima del dinero sienten el orgullo de pertenencia a un club. Y en lo que a la rivalidad con el contrincante de hoy se refiere, ayer mismo Illarramendi afirmaba en estas páginas que «no quiere jugar en el Athletic». No hay mejor respuesta en vísperas de un derbi a las constantes amenazas sobre las intenciones de llevarse a nuestros mejores jugadores.

Por eso hoy es el día. El día de dar una última alegría a la afición en esta temporada amarga. El día de honrar a la Real imbatible y campeona. El día de pensar que Prieto, capitán y quintaesencia del Realismo, no se merece perder su último derbi. El día de cerrar con una sonrisa un mes que nos ha devuelto la ilusión. Parafraseando a Sabina, que nadie nos robe el mes de abril.

Y también el día de demostrar señorío. La presencia de Iñigo Martínez marca sin duda el partido. A buen seguro que se le pitará, se le increpará, se le lanzarán billetes, se le presionará cada vez que toque el balón para que falle... pero se debe hacer sabiendo que esto es fútbol y que hay unos límites. Por educación, sin insultos ni actitudes excesivas en un horario en el que habrá en Anoeta infinidad de niños que no tienen necesidad de oír determinados insultos ni determinados comportamientos en un momento, además, en el que la sociedad se está concienciando de que hay que dar ejemplo en los campos de fútbol.

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