Hay que ganar a los malos

La contracrónica

La Real no acierta en la lectura del partido, la cabeza corre más que las piernas y cae con amplitud

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDOSan Sebastián

En todas sus grandes temporadas de los últimos tiempos, la Real ha sido implacable a la hora de ganar los partidos que hay que ganar. Hubo otros años heroicos, con victorias épicas en Anoeta contra los grandes, con triunfos vibrantes en derbis, erigiéndose como la pesadilla de los más grandes, pero en que se escapaban demasiados partidos ante rivales menores. Esas temporadas acabaron peor. Cuando la Real se olvida de lo imposible (golear al Barcelona y cosas así) para centrarse en lo práctico, ha sido letal. En palabras gruesas, cuando ha derrotado sistemáticamente a los malos ha estado arriba.

Ayer visitaba al Levante, un recién ascendido. Uno de esos partidos. Solo que colocarle al Levante el cartel de 'malo' es un error. La Real midió mal, pero el de ayer era un partido para ganar. De esos que dan tres puntos perfectamente olvidables pero a final de temporada suman, y de qué manera. Pero si el Levante no ha perdido aún en lo que va de Liga será por algo y hacía falta jugar bien.

La Real salió con intención, pudo y quizá mereció ponerse por delante. Quizá habría bastado con eso para ganar. Pero con el paso de los minutos, la cabeza de los realistas corrió más que las piernas. Y se acabó. Un golazo inverosímil de Chema hizo el resto. Adiós.

El debut de Gorosabel; cada joven que da el salto al primer equipo es un éxito del club LO MEJOR

El resultado reflejó lo que se vio en el campo, con un Levante más acertado y sólido LO PEOR

El equipo valenciano, recién ascendido, no ha perdido ningún partido en lo que va de Liga EL DATO

El gol de Chema quebró la igualdad y Juanmi no acertó en la primera acción del segunda mitad LA CLAVE DEL PARTIDO

Si ante el Real Madrid la Real jugó el partido del Levante, ayer se puso a jugar el del Valencia y quién sabe si el de San Petersburgo. Va un partido o un partido y medio por delante y así es difícil. Es natural que suceda y la culpa la tiene el éxito del equipo. Su juego brillante y eficaz le ha llevado a Europa y, después de tanto tiempo reclamando un once reconocible, ahora la fórmula no sirve. Se acumulan los partidos y la competición examina la profundidad del banquillo.

Antes no perdonaba

Ahora bien, fue implacable con los más débiles. Contra los tres recién ascendidos, Leganés, Osasuna y Alavés, sumó 13 puntos de 18. Solo perdió en Vitoria y cedió un empate en Leganés. Pero fue aún más dura con los tres equipos que acabaron descendiendo, Sporting, Osasuna y Granada: pleno de victorias. Frente a esos cinco equipos sumó 25 de los 30 puntos en juego. Terminó la Liga con 64. Es decir, casi la mitad de los puntos ante los cinco equipos más débiles del torneo, cifra que demuestra la importancia de ganar los partidos que hay que ganar.

Algo que también quedó probado en 2014, cuando la Real se clasificó para la Champions. Al equipo de Philippe Montanier solo le superaron Barcelona, Madrid y Atlético. No estuvo mal ante ellos, con dos victorias y un empate para sumar siete puntos de 18 posible. Pero el colchón de puntos también lo amasó contra los peores equipos: 13 de 18 antes los tres que descendieron (Mallorca, Deportivo y Zaragoza) y 12 de 18 frente a los recién ascendidos (Valladolid, Celta y Depor). En total, contra esos cinco equipos sumó 21 de 30. Casi un tercio de los 66 con que terminó.

En la presente campaña, la Real jugó ayer su primer partido contra un recién ascendido y perdió. Mala señal. Se ha medido a uno de los grandes: perdió 1-3 contra el Madrid, lo que vistos los precedentes, fue un excelente resultado. Vendrán más partidos que hay que ganar. Como el de ayer.

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