Real Sociedad

La frustración de Iñigo Martínez

Iñigo Martínez realiza un gesto de contrariedad durante el último derbi entre la Real y el Athletic disputado en Anoeta. /JOSE MARI LÓPEZ
Iñigo Martínez realiza un gesto de contrariedad durante el último derbi entre la Real y el Athletic disputado en Anoeta. / JOSE MARI LÓPEZ

Aperribay no obstaculizó la marcha del defensa al Barça en verano, fue el club azulgrana el que desestimó su contratación

JAVIER ONDARRETA

Iñigo Martínez da muestras de estar frustrado. Es posible que piense que se precipitó marchándose al Athletic en enero. Motivos tiene. Aseguró en su presentación con la entidad rojiblanca, que llegaba a un «gran club, cuyo objetivo siempre es estar arriba, porque aquí no vale quedar en mitad de tabla». Es evidente que a tenor de lo ocurrido en la Liga, el Athletic apenas ha podido aspirar a otra cosa que no fuera luchar por la permanencia, clasificándose por detrás de la Real Sociedad.

Si Iñigo Martínez hubiera permanecido en el club blanquiazul, tendría ahora una mejor oportunidad de fichar por otro equipo acostumbrado a luchar por títulos. Así lo intentó durante el verano pasado, aunque sin éxito. Entonces, ni Barça, Inter, Roma o Manchester City estuvieron dispuestos a pagar los 32 millones de su cláusula de rescisión. En aquel momento, el defensa vizcaíno no parecía tampoco tener mucho interés en irse al Athletic. Cinco meses después, cambió de criterio y decidió firmar por el club de Ibaigane con una cláusula elevada de 80 millones de euros, que imposibilitará su salida de Bilbao durante los años de duración de su contrato.

El balance de aquella decisión, que el defensa de Ondarroa protagonizó el pasado mes de enero, después de haber afirmado antes, que «nunca me iría al otro bando (Athletic), porque siempre he estado aquí (Real) desde pequeño y son muchos los sentimientos», es de muy dudosa virtualidad para los intereses del jugador. Y él lo sabe. El club vizcaíno no dejará escapar ahora a Iñigo Martínez y parece improbable que esté en condiciones de luchar por logros deportivos como los que hubiese tenido a su alcance de haber sido algo más paciente.

Si Iñigo hubiera permanecido en la Real, tendría ahora una mejor oportunidad de fichar por otro equipo acostumbrado a luchar por títulos

La frustración del defensa vizcaíno hunde sus raíces mucho más allá de la sensación que pueda tener de haberse precipitado con su salida de la Real. No ha digerido el ruidoso recibimiento que le dispensó la afición blanquiazul en el último derbi disputado en Anoeta. Tampoco ha asimilado la frialdad con la que le despidieron sus compañeros de vestuario en Zubieta. Y, además, parece molesto porque la Real ofreció a sus aficionados cambiar la camiseta con su nombre, a pesar de que fue él quien decidió sustituir la elástica blanquiazul por la rojiblanca, después de haber participado activamente en una campaña promocional del club realista con el lema: 'Yo no tengo segundo equipo'.

Iñigo Martínez camina cabizbajo mientras los jugadores de la Real celebran un gol en el reciente derbi de Anoeta.
Iñigo Martínez camina cabizbajo mientras los jugadores de la Real celebran un gol en el reciente derbi de Anoeta. / IGNACIO PÉREZ

Contradicciones

Iñigo Martínez afirmaba recientemente que el presidente realista, Jokin Aperribay, le había decepcionado porque no había hecho nada por retenerle. Algo que se compadece mal con el hecho de que fuese el jugador mejor remunerado de la plantilla realista desde su última renovación de contrato, a pesar de ser un defensa que ni siquiera tiene un hueco en la selección. ¿La Real tenía margen para intentar retener a un jugador que, siendo el mejor pagado de la plantilla, había pretendido forzar su salida en verano al equipo que fuese? ¿O después de que su familiar-representante comunicase a Jokin Aperribay a las 21:45 de la noche del 29 de enero: «Nos vamos al Athletic, porque la oferta que nos han hecho es irrechazable»? Conviene recordar además que Iñigo Martínez no había comentado nada de su marcha al Athletic a compañeros, entrenador, director deportivo y presidente ese mismo día por la mañana en el entrenamiento matinal que tuvo lugar en Zubieta. Tal y como recordaba esta semana el presidente realista Jokin Aperribay «es difícil que yo haya torpedeado sus salidas y que no haya puesto todo para que se quede al mismo tiempo».

El defensa de Ondarroa subrayaba también que la puerta de salida al Barcelona se la cerró Aperribay, cuando fue el club azulgrana el que desestimó su contratación después de que Messi, por ejemplo, no lo considerara un fichaje interesante.

Mejor sería que Iñigo Martínez hubiera reconocido que se iba al Athletic, principalmente, por dinero. Una decisión muy legítima

El victimismo de Iñigo Martínez no acaba ahí. También ha llegado a criticar la actitud de la Real en relación a su posible fichaje por el Manchester City, aseverando que pasaron «cosas raras» con el argumento de que el club británico se había interesado mucho por su fichaje, hasta dar el ok, para congelarse finalmente la operación. ¿Qué sucedió realmente con el City? Algo muy sencillo de entender. El equipo entrenado por Guardiola no quiso abonar en agosto los 32 millones de euros de la cláusula que la Real había acordado con el defensa vizcaíno, pero sí estuvo dispuesto a pagar al Athletic 60 millones por Laporte solo cinco meses después. ¿La culpa de que Iñigo Martínez no fichará por el Manchester City fue de la Real? No, el problema es que los dirigentes del club británico prefirieron fichar a Aymeric Laporte en lugar de a Iñigo Martínez, pagando además el doble de dinero. Así de sencillo.

Excusas

Los aficionados blanquiazules son inteligentes. Les sobra tanta excusa innecesaria. Mejor sería que Iñigo Martínez hubiera reconocido que se iba al Athletic, principalmente, por dinero. Es una decisión muy legítima, siempre que no intentara edulcorarla con pretextos insustanciales y contradictorios. En el Athletic cobra algo más del doble de lo que percibía en el club blanquiazul, cuando en la Real era el jugador mejor remunerado. Si hubiera fichado por el Barça, Manchester City, Inter o Roma hubiera podido aducir que apostaba por crecer deportivamente. Irse al Athletic alienta demasiadas dudas sobre que ese haya podido ser un motivo esencial de su decisión.

Iñigo Martínez, antes de abandonar Zubieta.
Iñigo Martínez, antes de abandonar Zubieta. / PEDRO MARTÍNEZ

El jugador vizcaíno se quejaba también recientemente de que en la Real no le estaban valorando del todo, porque no atendían peticiones que hacía. Sí, es cierto. Su familiar-representante hizo en diferentes ocasiones peticiones al club realista, argumentando que el jugador necesitaba más visibilidad y mayor protagonismo público. Quizás para destacar más y tener opciones de ir con la selección al Mundial de Rusia con el fin de aumentar su cotización y aprovechar que a partir de julio su cláusula de salida sería de 25 millones. Es verdad que esas peticiones formuladas no siempre fueron atendidas. Por ejemplo, cuando propuso que Iñigo Martínez fuese el jugador encargado de lanzar las faltas desde fuera del área. Y también cuando propuso que fuera designado capitán y no precisamente el cuarto de la plantilla. Respecto a la primera sugerencia, poco se puede decir. Y en relación a la segunda, Iñigo Martínez es capaz de intuir que si se hubiera producido una votación en el vestuario, entre los propios jugadores de la Real, su candidatura a la capitanía hubiera tenido escasas probabilidades de haber salido elegida. A pesar de ello, el presidente realista le designó capitán junto a Xabi Prieto, Agirretxe e Illarramendi, tras la marcha de Carlos Vela. Pero también le debió parecer poco.

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