La Real Sociedad en Europa, 1.114 días después

La plantilla realista se ejecita ayer en Zubieta.
La plantilla realista se ejecita ayer en Zubieta. / JOSÉ MARI LÓPEZ

La Real Sociedad, que recibe al Rosenborg, abre su nueva aventura continental con la ilusión de llegar lejos en el torneo. El equipo blanquiazul se ha renovado en estos tres años y presenta una cara bien distinta a la de su última aparición en el extranjero en Krasnodar

MIGUEL GONZÁLEZ SAN SEBASTIÁN.

Anoeta vestirá esta noche (21.05) sus mejores galas para reencontrarse con Europa, con el Rosenborg como invitado a la fiesta. Han pasado 1.114 días desde que en Krasnodar la Real Sociedad dijera un 'hasta luego' a las competiciones continentales y ya está de nuevo aquí, dispuesta a dar guerra y saldar una deuda que tiene pendiente desde hace mucho tiempo: brillar en el extranjero con luz propia. Si clubes como el Sevilla, el Alavés o el Athletic lo han conseguido en el presente siglo, ¿por qué no va a hacerlo también el conjunto txuri-urdin?

Pero se hace camino al andar y no se puede dar el segundo paso sin dar antes el primero. Y ahora toca disfrutar de lo que significa volver a estar en el foco de atención, que es lo que supone jugar en Europa. En el fútbol moderno, todo aquel que no lo hace, no existe. Por eso es tan importante participar en este tipo de competiciones. Si el club ha podido retener a sus mejores hombres este verano ha sido porque puede ofrecerles un aliciente deportivo semejante. El sentirse protagonistas de una aventura que se presenta apasionante.

Y en la hora del regreso de la Real Sociedad es inevitable que a uno le vengan a la cabeza las imágenes del vuelo de vuelta desde Krasnodar aquel 29 de agosto de 2014, tras haberse consumado la eliminación a las puertas de disputar la fase de grupos. El silencio era sepulcral. Pueden dar fe de ello supervivientes de aquella experiencia, como Prieto, Iñigo, De la Bella, Zurutuza, Rulli, Vela, Agirretxe, Canales, Pardo o Carlos Martínez, que hoy borrarán aquellos viejos fantasmas de su recuerdo al revivir lo que significa volver a estar en Europa.

Nadie entonces habría dado un duro porque este retorno se hubiese producido tan pronto. Tres años no son nada para un club que tuvo que esperar seis para recibir a Europa en Anoeta y que en los catorce que transcurrieron entre 1999 y 2013 solo pudo darse el gustazo de hacerlo otra vez más. En la Champions, eso sí, en el curso 03/04.

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Porque aquel golpe sufrido en Rusia supuso echar por la borda todo el trabajo realizado la campaña anterior, en la que el equipo, aparte de clasificarse para la fase de grupos de la Champions, alcanzó las semifinales de Copa y se mantuvo todo el curso en puestos europeos. Pero a las primeras de cambio todo se torció. Lo que podía salir mal, salió peor. Griezmann y Bravo salieron aquel verano rumbo al Atlético y el Barcelona, respectivamente. Vela, que se quedó como el jugador franquicia, se perdió la pretemporada por una fascitis; Finnbogason, el hombre que debía garantizar los goles arriba, se había lesionado en Escocia; y Rulli, cuando estaba jugando el partido de su vida el día de su debut en Krasnodar, se rompió el quinto metatarsiano al saltar por un balón en un córner. Si se le suma que el árbitro se inventó un penalti a favor de los locales en una acción en la que De la Bella no cometió infracción alguna, comprenderán que el resultado no podía ser otro que caer eliminados.

Antes de lo esperado

Lo peor entonces es que nadie sabía cuándo iba a llegar una nueva oportunidad. En los tiempos modernos solo seis plazas en la Liga aseguran la presencia en Europa y tres tienen dueño antes de empezar: las del Madrid, Barcelona y Atlético. Y para las tres restantes siempre levantan el dedo equipos como el Sevilla, Valencia, Villarreal o Athletic, con mayor potencial económico.

Fue tan fuerte aquella decepción, que el equipo entró en una profunda depresión de la que no salió hasta la llegada de Eusebio en noviembre de 2015. Aquel 'tsunami' se llevó por delante a Arrasate y a Moyes, así como a un buen puñado de jugadores que, apenas año y medio después, habían desaparecido del mapa. Fueron los casos de Zubikarai, Elustondo, Finnbogason, Estrada, Cadamuro, Ansotegi o Chory, entre otros.

Hoy, 1.114 días más tarde, conviene recordar lo duro que ha sido el camino para saber disfrutar del presente. Y valorar lo que supone un partido como el de esta noche para una Real Sociedad que quiere soñar a lo grande sin dejar de tener los pies en el suelo.

Afronta la Europa League con una buena plantilla, en la que la mayoría de sus integrantes aún no han tocado techo. Solo Prieto, Zurutuza y De la Bella superan los 30, y por detrás hace tiempo que Illarra e Iñigo asumieron los mandos de esa nueva generación que tomará el relevo en el futuro. Además, hay jugadores con maneras que buscan reivindicarse.

Como Willian José, que ha sido campeón del Mundo sub-20 al lado de los Casemiro, Coutinho, Danilo, Alex Sandro y compañía. O Rulli, que sueña con defender el arco de la albiceleste de Messi en el Mundial de 2018. O Juanmi, Oyarzabal y Llorente, que a pesar de su juventud ya saben lo que es debutar con La Roja. O Januzaj, que ha dejado el Manchester United para tratar de convertirse en uno de los mejores futbolistas del continente. O el mismo Vela, que sueña con despedirse de San Sebastián a lo grande. O Kevin y Odriozola, dos laterales que fueron protagonistas en el último Europeo sub-21. Con semejantes mimbres, como para no soñar...

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