El entrenador, con la «misma actitud positiva» que en su primer día en la Real

A. VICENTE SAN SEBASTIÁN.

Todos los focos apuntaban ayer a Eusebio. Fue salir por la puerta de los vestuarios camino del campo dos de Zubieta y todas las cámaras de los compañeros gráficos apuntaron a él. Acompañado de su entrenador ayudante, su inseparable Juan Carlos Ándrés, Eusebio dio los buenos días a los presentes, como es norma en él, y se dispuso a iniciar el primer entrenamiento de una semana crucial para el equipo y para él. Desde la distancia, Eusebio parece tranquilo, pero es obvio que ha tenido semanas mejores que esta en la Real. Quienes mejor le conocen, dicen que está «preocupado y ocupado», que está haciendo lo imposible por tratar de romper esta mala dinámica en la que está metido el equipo, y que está «dolido» por no poder devolver con resultados el cariño que desde que aterrizó recibe de los aficionados. «Está con la misma actitud positiva que el primer día», apuntan. Nada le fastidiaría más que dejar sin acabar el trabajo que viene haciendo en el club. En una jornada, la de ayer, complicada para cualquier txuri-urdin y también para él, todavía el entrenador pudo recibir el aliento de un aficionado anónimo que se acercó a Zubieta. «¡Aupa Eusebio! ¡Aupa Erreala!», gritó a su paso.

El técnico, que no es ajeno a lo que se cuece a su alrededor, agradeció el apoyo levantando su mano derecha. Ya en faena, Eusebio volvió a ceder parte de la dirección del entrenamiento a sus ayudantes, tanto a su segundo como al preparador físico, pero en el ejercicio en el que más tiempo empleó, un juego de posesión en un tercio de campo, se incrustó entre los jugadores, a los que pidió celeridad en el pase para generar situaciones de superioridad. Estos respondieron con acierto. Una vez más, el entrenamiento permitió comprobar la altísima calidad técnica de los jugadores realistas. No habrá muchos equipos en Primera que muevan el balón a la velocidad que lo hacen en Zubieta. Otra cosa es la capacidad para competir luego los domingos. Es esto lo que preocupa a Eusebio y los suyos. El reto es poner toda esta calidad sobre el verde y competir con garantías durante los noventa minutos, sobreponiéndose a los malos momentos que siempre hay en los partidos.

Tras este ejercicio de posesión con los jugadores divididos en dos equipos, en el que Oyarzabal, Zurutuza y Navas actuaron de comodines, Eusebio se separó unos metros sin más compañía que la de un balón. Es una imagen que se suele dar de forma habitual. Esta soledad buscada le permite reparar en detalles a priori invisibles. Es cuando cede el peso del entrenamiento a Juan Carlos Andrés y Mikel Labaka, y solo entra a corregir ciertos aspectos en momentos puntuales de los entrenamientos. Ayer tuvo un aparte con Januzaj, en el que por sus gestos parecieron rememorar alguna acción del último partido en Villarreal.

La sesión de una hora y media de duración finalizó con un partidillo en el que no participaron los titulares en Villarreal, salvo Januzaj y Toño.

Eusebio separó a sus jugadores en dos equipos de seis. Con peto verde jugaron Toño, Gorosabel, Canales, Guridi, Agirretxe y Juanmi. De negro, Rulli, Pardo, De la Bella, Aritz, Januzaj y Bautista. Ganaron estos últimos con un doblete de Bautista y a un estupendo tanto de Pardo, de golpeo lejano. Por los de verde marcó Canales.

El entrenador se encerrará con sus jugadores en Zubieta hoy, mañana y pasado. La próxima vez que los aficionados puedan ver a sus jugadores será el viernes en Anoeta. Por la cabeza de Eusebio no pasa otra cosa que ganar al Deportivo. Es lo que se respira en Zubieta.

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