Real Sociedad - Eibar

El mal tiempo y la escasez de eibarreses deslucen el ambiente

Seguidores de la Real Sociedad y el Eibar dan muestra de la buena relación que existe entre las dos aficiones guipuzcoanas./ JOSÉ MARI LÓPEZ
Seguidores de la Real Sociedad y el Eibar dan muestra de la buena relación que existe entre las dos aficiones guipuzcoanas. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Las obras en Anoeta han dejado sin entradas a los seguidores visitantes y apenas ha habido aficionados armeros en un partido pasado por agua

KAREL LÓPEZSan Sebastián

A ritmo de ‘ongi etorri’ recibía el grupo ‘Reala Rock’ a los miles de aficionados, prácticamente todos de la Real, que se han dado cita en Anoeta para presenciar un derbi pasado por agua. Un encuentro en el que las bufandas, capuchas y paraguas han sido obligadas protagonistas.

Como de costumbre esta temporada cuando la Real juega en casa, el rock suena en las inmediaciones del estadio del barrio de Amara. Aunque este domingo los que querían escucharles se han calado, porque la lluvia hizo acto de presencia pocos minutos antes de que comenzara un choque que muy pocos seguidores del Eibar han disfrutado en directo ya que el conjunto armero no pudo vender a sus aficionados entradas por las obras de Anoeta.

Ha diluviado, aunque ha habido unos instantes de tregua cuando las federaciones de peñas de la Real y del Eibar, en un sencillo acto, se han intercambiado obsequios media hora antes del encuentro junto al busto de Alberto Ormaetxea, una persona que une a ambas aficiones.

«El año pasado nos comprometimos a juntarnos siempre antes de los derbis que se jueguen en Anoeta. Confiamos en que estos actos se puedan repetir durante muchos años; significaría que los dos equipos estamos en Primera», aseguraba Mikel Porto, representante del club armero en un acto en el que el Eibar ha entregado una bandera y un bonito trofeo a la Real y en el que los txuri-urdin han entregado una camiseta y otro trofeo.

«Nos alegramos de los éxitos de la Real y nos gustaría que siguieran luchando en Europa. Nosotros esperamos mantenernos en la máxima categoría y así poder seguir repitiendo este acto para recordar también a una figura como Alberto Ormaetxea con la que las dos aficiones nos identificamos», ha añadido.

Hay que recordar que Ormaechea, fallecido en 2005, comenzó su carrera deportiva en el Eibar y la siguió en la Real, participando en el ascenso del equipo a Primera División en 1967. Después llegaron los títulos como entrenador de los blanquiazules.

Escaso ambiente previo

No ha habido demasiado color antes del derbi en las inmediaciones del estadio –tampoco en el interior del mismo– por culpa, precisamente, de la lluvia y del frío y de la escasa presencia de aficionados eibarreses.

Pocos valientes se han atrevido a lucir las camisetas de sus equipos. Se veían más bufandas. Los pocos aficionados del Eibar que de una u otra manera se hicieron con una entrada, las lucían orgullosos y algunos incluso han posado en manga corta junto al fondo norte del estadio. Otros han preferido hacerlo con el derribado fondo sur a sus espaldas. Pocos derbis quedan con el aspecto actual de Anoeta y hay que guardar recuerdos.

También ha habido tiempo para actividades para informar a los socios sobre la iniciativa Realzale Incondicional. Los txikis probaron puntería mientras personas del club txuri-urdin explicaba en qué consiste esta idea que premia la fidelidad de los aficionados que acuden a Anoeta a ver los partidos de su equipo.

Sea como fuere, no ha sido un derbi como otros. Ni en el campo ni en las horas previas. El mal tiempo y la escasa afluencia de aficionados del Eibar por la limitación de entradas como consecuencia de las obras en Anoeta han impedido que se haya vivido el tradicional ambiente festivo por las calles de la Parte Vieja donostiarra o los aledaños del estadio de Anoeta.

Las obras que se están llevando a cabo en Anoeta han dejado sin entradas disponibles para los seguidores visitantes y, salvo unos pocos que han conseguido entradas sueltas a través de sus contactos, apenas ha habido representación de la afición azulgrana en el derbi guipuzcoano.

Cada año que pasa, ya sea por los precios de las entradas, por la mala ubicación, por los horarios que últimamente se fijan desde la Liga para los derbis y por las inclemencias climatológicas, los desplazamientos en masa a Donostia cada vez son menos numerosos.

Nada que ver con aquella invasión que los azulgranas protagonizaron para presenciar un Sanse-Eibar de Segunda que se disputó en octubre de 1986 en el ya desaparecido y recordado Atotxa. Entonces casi un millar de eibarreses llegaron por tierra y hasta por mar a la capital.

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