Real Sociedad

El derbi de la catapulta

Oyarzabal trata de salir de la presión de Arbilla y Capa en el duelo de la primera vuelta disputado en Anoeta. /JUAN HERRERO
Oyarzabal trata de salir de la presión de Arbilla y Capa en el duelo de la primera vuelta disputado en Anoeta. / JUAN HERRERO

La Real Sociedad y el Eibar se agarran al partido de Ipurua para recibir el chute de autoestima que necesitan

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Es un derbi. Nada más y nada menos. Pero es sobre todo un partido para recibir un chute de autoestima que ambos equipos necesitan. El Eibar ha pinchado el globo que le había traído de alegría en alegría hasta el punto de que Europa parece ahora una quimera. La Real Sociedad, por su parte, no ha abandonado la trinchera en toda la temporada y acaba de salir de un tsunami. Así que los dos se agarran al encuentro de Ipurua para despegar. Ésta es la esencia del derbi. Un derbi apasionante. El derbi de la catapulta.

La Real precisa los tres puntos con más urgencia. Su temporada me parece desilusionante hasta la fecha porque en la Copa se firmó un fracaso y en Europa, una decepción. Queda la Liga, donde ha habido más derrotas que victorias. Y aunque todavía restan nueve partidos para el final, pienso que debemos leer entre líneas. Y en las mías dice que este equipo no está aún para competir hasta el final en tres competiciones. Lo digo como lo siento.

No es un tema de presupuesto. No es un tema de calidad. No es un tema de ambición. Es un tema de exigencia mental. De fatiga cognitiva. El fútbol de élite es concentración al cuadrado. Concentración para acertar en la única ocasión que tengas en noventa minutos y concentración para no cometer errores atrás. Cuando hablamos de intensidad, hablamos de intensidad de concentración, porque jugar es fundamentalmente pensar y pensar exige concentración.

El balance goleador de la Real Sociedad en Liga (51 goles a favor, 52 en contra) subraya el desequilibrio que ha imperado a lo largo de toda la temporada. Y es el verdadero déficit a superar. La asignatura pendiente. Los equipos punteros llevan años acostumbrados a esa dinámica salvaje de partidos cada tres días, algunos más exigentes, otros menos. Si la Real quiere dar un paso adelante y colocarse a la altura del campo que está cerca de construir, le urge dar ese salto competitivo. El futuro va por ahí.

El funambulismo armero

Mientras, en Eibar están acostumbrándose a jugar contra los mejores aunque siempre con esa sensación de funambulismo. De saber que si algún año los fichajes no marcan la diferencia, estarán en el agujero. No es fácil jugar con esa espada de Damocles. Lo sabe Mendilibar. Lo sabe Garagarza. Y lo sabe la afición.

Tampoco es fácil hacerlo sin Pedro León y Fran Rico, lesionados casi todo el año. Pero el ADN de este club funciona a base de escalar montañas que parecían inaccesibles. «Cuanto mayor es el obstáculo, más gloria hay en superarlo» (Molière). Ahora que suma sólo cuatro de los últimos dieciocho puntos, es un buen momento para demostrarlo.

El paraíso de Primera División cumple ya su cuarto año y nadie quiere que el sueño acabe. El Eibar quiere finalizar cuanto más arriba mejor. Como la Real Sociedad. Quiere ser el mejor equipo vasco. Como la Real Sociedad. Quiere seguir invicto en los derbis de Ipurua ante la Real. Y quiere convertirse en un clásico más de Primera División. Sabiendo lo que cuesta que los de toda la vida te acojan como uno más. Si el fútbol es algo, es tradicional.

Así que si pensaban que el partido se presentaba poco trascendente, aquí tienen algunos motivos para no perdérselo. No será un derbi más. Será el cuarto derbi en Ipurua. El derbi de la catapulta.

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