Cierre de filas

Jorge Sainz
JORGE SAINZ

Con gusto arrancamos ayer la hoja del calendario. La cuesta de enero ha sido durísima para los aficionados de la Real. No recuerdo un mes tan demoledor, saldado con derrotas y goleadas y la puntilla de la marcha de Iñigo Martínez, que nos ha dejado 'colgados' en una situación crítica yéndose por la puerta de atrás. Pero, como dijo el presidente Aperribay, todo eso es ya historia y llega por fin febrero con un partido crucial esta noche frente al Dépor, en el que están en juego mucho más que tres puntos. Un choque que hay que ganar 'por lo civil o por lo criminal', parafraseando a Luis Aragonés. Nos enfrentamos al equipo que marca el descenso y una victoria supondría dejar esos temidos puestos de abajo a diez puntos. Y sobre todo nos permitiría comprar tranquilidad para la eliminatoria europea, porque tras los coruñeses llegará la muy difícil visita al Bernabéu. Y como sigamos cayendo en picado en la tabla, habrá que plantearse seriamente el tener que reservar a los titulares en la ida ante el Salzburgo porque después, con apenas 63 horas de margen gracias a otra lamentable jugarreta de LaLiga, tocaría recibir al Levante en otra cita a vida o muerte en Anoeta. Un traspié ante los gallegos, además, podría precipitar la caída de Eusebio, en lo que sería la certificación de un fracaso.

La afición parece haber entendido la trascendencia del partido de esta noche y las peñas más activas han organizado un recibimiento previo al equipo en los alrededores del estadio. Una iniciativa plausible para intentar crear ambiente y animar la asistencia en un horario atípico como el de los viernes y con una meteorología adversa.

La hinchada anda lógicamente de uñas por la crisis del equipo aunque la salida de Iñigo Martínez ha provocado, paradójicamente, un cierre de filas que será necesario escenificar durante los noventa minutos de hoy. En este sentido, estuvo de diez Aperribay poniendo en valor a la Real con firmeza y sin perder la elegancia, y dando un aldabonazo para, en un momento delicado, revivir un sentimiento de orgullo que seguro que nos saca de este atolladero.

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