Y el chico lo está pasando mal...

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La vuelta copera ante el Lleida llega en plena resaca arbitral tras el gol que se tragó Iglesias Villanueva el domingo en Mestalla que, como afectó a uno de los dos grandes, ha tambaleado los cimientos del fútbol español. Algunos se rasgan ahora las vestiduras y se llevan las manos a la cabeza, cuando aquí ya hemos vivido varias de esas. Que Vela hizo un gol así en San Mamés y no pasó nada.

Lo más curioso del caso es que Sánchez Arminio, presidente del Comité Técnico de Árbitros de la Federacón Española, nos dice que le da pena Iglesias Villanueva porque, textualmente, «el chico lo está pasando». Mal lo tiene que estar pasando Álvaro Odriozola, que vio cómo era expulsado porque el trencilla de turno, González Fuertes, entendió que simuló en dos caídas y no podrá jugar en el Wanda Metropolitano por mucho que las cámaras de televisión demuestran que Dani Castellano le pone la mano encima para detener su avance dentro del área. Y no es que no pitara penalti, es que encima le saca amarilla. Esta es la savia nueva del arbitraje español...

Que la Real sea el conjunto que más expulsiones ha sufrido en lo que llevamos de Liga, cuatro, es de traca. Contra el Valencia, en la sexta jornada, tuvo que jugar con diez desde el minuto 68 por una roja a Zubeldia que no debió de producirse. No lo digo yo, lo dijo el Comité de Competición que le retiró la primera amarilla, ya que «fue amonestado por derribar a un contrario en la disputa de un balón cuando, tras ver el vídeo, queda claro que fue el futbolista contrario quien le derribó a él». Tremendo. La Real, que iba 2-2 en ese momento, acabó perdiendo el partido por 2-3. ¿Y quién arregla esto, señor Sánchez Arminio?

De Iglesias Villanueva le voy a hablar. Dice que no se le puede culpar por algo que no vio, que no hay motivos para meterle en la nevera. La semana pasada arbitró a la Real en Montilivi y sí que vio cada una de las 30 faltas con las que el conjunto catalán no dejó jugar al blanquiazul. ¿Y qué hizo? Mirar a otro lado y permitirlo. Y cuando sacó la primera amarilla fue para amonestar a Llorente en un salto limpio con Stuani que no fue ni falta. Gracias a eso tampoco jugará ante el Atlético. Así que pena no nos da ninguna, que ya sabemos aquí quiénes son la víctimas y quiénes los verdugos.

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