Real Sociedad

Carlos Martínez, un futbolista de otros tiempos

Carlos Martínez posa para este periódico en una reciente entrevista. /USOZ
Carlos Martínez posa para este periódico en una reciente entrevista. / USOZ

El defensa de Lodosa representa al prototipo de jugador antiguo cuyas características son tan fundamentales como alérgicas a los focos

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Carlos Martínez dice adiós. El bravo lateral navarro, el expreso de Lodosa, conocido por sus valientes galopadas por la banda y su pundonor en los balones divididos, ha puesto este lunes punto final a una larga y dilatada trayectoria de 18 temporadas en la Real Sociedad, de las que once han sido dentro del primer equipo. 'Txarly', como es cariñosamente conocido por todos, es recordado como el lateral derecho del ascenso a Primera División y de la Champions, y ha vestido la camiseta txuri-urdin en 209 ocasiones.

Sostén de los cuartos traseros, multiplicador de energías y paradigma del futbolista honesto y de mirada limpia, Carlos Martínez es parte del mismísimo escudo de la Real Sociedad, el salvavidas al que agarrarse en las noches de marejada. Grandioso en el esfuerzo, ha sido aún más gigante en el comportamiento con los propios y con los rivales. No pasará a la historia por su técnica, sino por su corazón. Y estos futbolistas hacen falta en un equipo.

Carlos Martínez no acaparaba los focos ni desfilaba por el paseo de las estrellas, pero era fundamental para cerrar la puerta, para levantar el ánimo de la grada en las grandes noches. Y también las que apuntaban a torcerse. Como tantos otros jugadores, formaba parte los artesanos que fabrican y afinan los pianos, mientras los artistas eran otros. Eran los que nos hacían soñar con sus melodías.

Siempre me gusta contar mis inicios como periodista deportivo en aquellas matinales de Zubieta, cuando los ojos de la juventud se iban inevitablemente a los jugadores ofensivos, a los talentosos, cuando uno creía que sólo valían los que atesoraban calidad. Qué ejercicio de humildad. Qué lecciones de realidad. Muchos no hubiéramos apostado por aquel espigado chaval que corría la banda como un jabato, sí. Que defendía como un titán, por supuesto. Pero que se perdía en el océano cuando apuraba la línea de fondo para ejecutar un centro. Aquel jugador no sólo llegó al primer equipo. Aquel jugador no sólo debutó en Primera División. Aquel jugador hizo carrera en la Real Sociedad hasta el punto de disputar más de 200 encuentros.

Carlos Martínez ha sido un futbolista de otros tiempos, de cuando los jugadores no llevaban el nombre en la espalda porque ese deporte aún era un deporte de equipo. Futbolistas que olían a cloroformo y se duchaban en el quirófano. Futbolistas que acumulan cicatrices con orgullo porque saben que detrás de cada una hay un ejercicio de profesionalidad. Una historia de superación. Un gladiador de sangre txuri-urdin. Para mí, eso ha significado Carlos Martínez.

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