Real Sociedad

Algo tiene que cambiar Eusebio

Algo tiene que cambiar Eusebio

La Real es un equipo lento, sin movilidad en ataque y sin agresividad a la hora de defender. El dibujo táctico actual no garantiza un equilibrio suficiente para armonizar el trabajo defensivo y ofensivo

JAVIER ONDARRETA

La Real ha conseguido 2 puntos de los 12 disputados en la Liga durante el último mes, ha caído eliminada de la Copa ante el Lleida y ha asegurado su pase a los dieciseisavos de la Europa League como segundo equipo clasificado, tras ganar en Rosenborg (0-1) y perder con el Zenit en Anoeta (1-3). Además, los blanquiazules han ganado sólo 10 de los últimos 36 puntos en juego. El balance es muy pobre para un equipo con las aspiraciones de la Real, y lo que es peor, dibuja una tendencia negativa, que se acrecienta con el paso de los partidos y muy especialmente en Anoeta.

La crisis que atenaza a los realistas es innegable. Afecta a la confianza del equipo, a su propuesta de juego y al desenlace de los partidos. No se trata de un problema coyuntural, es algo estructural, y la sucesión de malos resultados así lo acredita.

Desperdiciar numerosas ocasiones de gol está matando al equipo, y la fragilidad defensiva que demuestra, lo condena a perder sin remedio. No se puede aspirar a ganar partidos, encajando dos y tres goles en cada contienda.

En una situación así, negar la evidencia sería el peor de los remedios. Que entrenador y jugadores no tuvieran suficiente espíritu autocrítico, siendo conscientes de que es preciso cambiar algunas cosas, no dejaría de ser una torpeza imperdonable.

La Real es ahora mismo un equipo acomodado y previsible. Ha dejado de ser un bloque competitivo capaz de imponerse a cualquier rival. Gana siempre en porcentaje de posesión de balón, pero esta engañosa estadística no garantiza sacar adelante los partidos. Y en fútbol solo hay un verbo para conjugar: ganar. No vale sacralizar un estilo de juego, si éste no conduce a una consecución sostenida de triunfos. Por ejemplo, defender eficazmente con el balón, exige jugar con las líneas muy juntas y aplicando una presión defensiva adelantada e intensa para recuperarlo cuanto antes. Y además, un despliegue ofensivo dotado de dinamismo, profundidad, velocidad y movilidad. Nada de esto practica una Real demasiado acomodada sobre el terreno de juego. En consecuencia, el tan defendido estilo o filosofía de juego, basado en la posesión de balón, está actualmente pervertido hasta convertirse en pura retórica incapaz de convertir a la Real en un equipo sólido, equilibrado, bien armado defensivamente y con capacidad de generar peligro en la portería contraria.

Lentitud y previsibilidad

Los blanquiazules practican con el balón un juego de toque lento, parsimonioso, horizontal y carente de la movilidad y velocidad necesarias en esos últimos metros decisivos en los que está en juego la definición ante la portería contraria. El conjunto realista abusa del juego al pie y se olvida de hacerlo al espacio. Abusa de los centros al área en el juego de ataque sin tener suficientes efectivos dentro de ese espacio para rematarlos. Tiene enormes dificultades para imponerse en los duelos individuales, por un desequilibrio posicional sobre el terreno de juego, y tampoco los jugadores aplican la agresividad que se requiere en el plano defensivo para incomodar el juego de los rivales, tanto a la hora de defender los centros laterales, como en la presión a los jugadores contrarios dentro del área propia. La Real no sabe replegarse rápido para defender, no defiende con las líneas juntas y tampoco es capaz de llegar con velocidad al área rival tras robo y en situación de contragolpe. En definitiva, sufre enormemente cuando no tiene el balón, pero tampoco es un equipo intenso y disciplinado para recuperarlo cuando lo pierde en posiciones de ataque. Lo peor, es que los rivales ya se han dado cuenta.

Equipo desequilibrado

La Real se ha estancado, si es que no ha retrocedido en su propuesta futbolística. Ahora mismo es un equipo desequilibrado con un centro del campo incapaz de sujetar al equipo. Illarramendi no puede seguir multiplicándose sin fin en defensa y ataque hasta fundirse por completo. Zurutuza atraviesa una alarmante falta de forma. Xabi Prieto no es un centrocampista para dar consistencia a una línea formada por un pivote y dos volantes. Canales no es centrocampista. Y además, Eusebio no parece convencido con Zubeldia y ha descontado a Rubén Pardo. Su apelación retórica al fondo de armario existente en el Sanse, aunque sin recurrir a él, no parece a estas alturas ni creíble, ni coherente.

Gestión previsible

Eusebio no acredita mucho acierto para cambiar el rumbo de los partidos cuando se ponen cuesta arriba. Ni recurriendo a los preceptivos cambios, que acostumbran a ser casi siempre de jugador por jugador, sin modificar el dibujo táctico, ni tampoco a la hora de gestionar la sucesión de partidos entre Liga, Europa League y Copa. El último ejemplo es el más reciente. El partido importante era el del Málaga, no el del Zenit, y no puede ser que repitiera prácticamente la misma alineación en un intervalo de solo 61 horas. Sobre todo, por el negativo mensaje de desconfianza que trasladaba de esta manera a varios jugadores de la plantilla, llamados sin excusa alguna a discutir la titularidad a unos compañeros que no habían sido capaces de ganar al conjunto ruso.

El crédito en el fútbol no es ilimitado. La Real debe reaccionar ya y pegar un puñetazo encima de la mesa. El Athletic en San Mamés y el Sevilla en Anoeta son dos oportunidades irrenunciables para hacerlo. Lo contrario, supondría para el equipo blanquiazul sumergirse en una preocupante crisis deportiva de incierta resolución.

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