Real Sociedad

Red Bull: fichar, formar y vender

Las instalaciones del Salzburgo. Tiene siete campos de fútbol, uno cubierto, dos pistas de hockey hielo y una residencia para 180 deportistas./
Las instalaciones del Salzburgo. Tiene siete campos de fútbol, uno cubierto, dos pistas de hockey hielo y una residencia para 180 deportistas.

El rival en la Europa League tiene un modelo de cantera opuesto al de la Real. En Zubieta y la academia del Salzburgo se pone todo el empeño en formar jugadores, pero el objetivo final es muy distinto

ÁLVARO VICENTE SAN SEBASTIÁN.

La fotografía que preside esta página podría pasar por una toma aérea de las instalaciones de la Real. Se asemeja mucho, pero es el centro de formación del rival del jueves en la Europa League, a las afueras de Salzburgo.

Zubieta y la academia Red Bull se asemejan desde las alturas, pero su filosofía es muy distinta aras de césped. En la Real se forman jugadores, procedentes en su mayoría de los campos de fútbol repartidos en nuestro territorio, para tratar de que lleguen el primer equipo con el objetivo de que jueguen con la camiseta txuri-urdin cuantos más años mejor, mientras que el Salzburgo se sustenta en un programa de cantera que busca réditos económicos sin tapujo ninguno. El fútbol de siempre, fiel a unos colores, en contraste con el fútbol en el que no existe sentimiento de pertenencia.

Dicen quienes siguen de cerca la actualidad del Red Bull Salzburgo que todo chaval que entra en su academia pasa antes un test atlético que prima sobre la técnico. El centenar largo de jugadores que estudian, pernoctan y se entrenan en sus espectaculares instalaciones (siete campos de hierba, uno cubierto...) no puede llevar tatuajes y paga cincuenta euros por cada kilogramo ganado de forma indeseada. Con catorce años son tratados ya como profesionales -los rivales critican que les ofrecen mil euros al mes siendo niños- porque el objetivo último es que acaben dando ese paso desde que Red Bull se introdujo en el mundo del fútbol. Su modelo de cantera es claro, no engaña: una nutrida red de ojeadores les permite controlar el mercado de cada país y extender sus redes en cuatro continentes. Su política pasa por fichar niños con maneras de futbolista, formarlos en su academia de Salzburgo y ponerlos en el escaparate para venderlos por la cifra más alta posible. Un ejemplo de esta políti ca es la del guineano Naby Keita, que en 2014 fue fichado por el Salzburgo por 1,5 millones de euros, que dos años después pasó al RB Leipzig y que el pasado agosto fue vendido al Liverpool por 70 millones de euros. Hay muchos más.

Inversión en infraestructura, un potente sistema de captación, cantera y recursos económicos para manejarse con suficiencia a la hora de fichar es el modelo por el que apuesta el rival de la Real desde que en 2005 la empresa de bebidas energéticas compró la totalidad de las acciones del SV Austria Salzburgo y le inyectó poder económico para que pudiera competir no sólo en Austria sino que también fuera capaz de ofrecer un buen rendimiento en competiciones europeas.

Tras la compra, el club sufrió un vuelco. Se cambió el nombre, el escudo y la camiseta para adaptarse a la imagen corporativa de la empresa. Incluso se intentó romper con la historia del club, pero la Federación austríaca lo impidió al considerar que era la continuidad del proyecto anterior, y no uno de nueva creación. La fuerte inversión en fichajes, la remodelación del estadio, y los títulos facilitaron la transición, pero sus aficionados no terminan de digerirlo años después y así lo han hecho constatar con protestas masivas en el transcurso de sus partidos cuando juega como local. No lo ven.

La cantera funciona a pleno rendimiento, el año pasado el equipo juvenil ganó la Youth League -la Champions juvenil- con chavales de diecinueve nacionalidades distintas, pero el equipo profesional está pagando esta apuesta por una política mercantilista con cada vez más asientos vacíos en su estadio. No hay jugadores referentes en el equipo y cuesta que el aficionado se sienta identificado con los suyos porque cada vez que alguien destaca por su fútbol es traspasado al Red Bull Leizpig, a una liga potente como la alemana, o a cualquier otro club de Europa de primera fila. «El equipo no baja de lo más alto, viene ganando la liga y la copa en el último lustro y es un habitual de las competiciones europeas, pero el aficionado no llena las gradas», lamentaba ayer en estas mismas páginas uno de sus buques insignia en los últimos años, el catalán Jonathan Soriano, hoy en China.

El fundador de Red Bull, Dietrich Mateschitz, ha logrado que su marca sea una de las más reconocidas del mundo gracias a su habilidad para desarrollar ingeniosas acciones de marketing relacionadas con el deporte -patrocinó pruebas de motocross, surf, skate, saltos acrobáticos...- pero no entiende de colores, de sentimientos y sí de números.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos