Real Sociedad

Homenaje a Xabi Prieto y Carlos Martínez: «Betidanik eta betirako txuri-urdinak»

Los jugadores de la Real mantean a Xabi Prieto y Carlos Martínez ayer durante el homenaje que recibieron al finalizar el partido contra el Leganés./ARIZMENDI
Los jugadores de la Real mantean a Xabi Prieto y Carlos Martínez ayer durante el homenaje que recibieron al finalizar el partido contra el Leganés. / ARIZMENDI

Xabi Prieto y Carlos Martínez juegan sus últimos minutos en un estadio abarrotado en el que mandó la emoción durante toda la tarde

AXEL GUERRA

Era el minuto 82 de partido y todo Anoeta se puso de pie y aplaudió, al tiempo que «Xabi, Xaabii, Xaaabiii...» fue un grito unánime entre los miles de aficionados de la Real Sociedad que estaban en las gradas del estadio. Entraba por última vez en el terreno de juego Xabi Prieto, uno de los grandes en la historia txuri-urdin. Después de dieciocho temporadas en la Real Sociedad, -quince de ellas en el primer equipo- se marchaba con el reconocimiento y la admiración de su afición por encarnar los valores y las señas de identidad del club.

La carga emotiva era doble porque también decía adiós a la Real Sociedad Carlos Martínez, compañero infatigable del donostiarra durante once temporadas en la banda derecha por donde trazaron parte del camino que llevó al equipo del pozo negro de Segunda hasta el firmamento futbolístico de la Champions League. El de Lodosa, ejemplo de constancia y trabajo, es un futbolista humilde que se ha ganado el cariño de los aficionados con un compromiso de bandera.

El ambiente fue el de las grandes tardes. Se colgó el cartel de no hay billetes y el estadio registró una buena entrada. Nadie se lo quiso perder. Xabi Prieto iba a cumplir por última vez ese sueño que cada uno de los aficionados txuri-urdin han tenido alguna vez, que él ha vivido en más de quinientas ocasiones y que el día que anunció su retirada resumió con una frase que debería quedar grabada a fuego en las paredes de Zubieta para que todos los canteranos la tengan presente. «Mi sueño no era ser futbolista sino jugar en la Real Sociedad».

Prieto y Carlos Martínez eligieron la manera en que querían despedirse de la Real Sociedad y de su afición. Arrastraban lesiones desde hacía meses y trabajaron hasta el último día para poner fin a su carrera de la manera en la que han sido felices durante tanto tiempo. Sobre el césped y defendiendo por última vez la camiseta blanca y azul, que en esta ocasión, no llevaba a la altura del corazón el escudo del club sino una imagen del donostiarra «porque un jugador único merece un gesto histórico».

Los sentimientos no se pueden controlar y la tarde, como no podía ser de otra manera, tuvo una alta dosis de emoción. El homenaje del club comenzaba al finalizar el partido, pero el de los aficionados lo hizo mucho antes cuando a falta de 25 minutos para iniciar el partido Prieto y Carlos Martínez recibieron la primera ovación al salir de vestuarios para participar en un rondo junto a De la Bella, Llorente y Bautista mientras los titulares calentaban.

Los aficionados querían mostrar su admiración y respeto por unos realistas de una pieza que siempre antepusieron al club por delante de sus intereses personales. De las gradas colgaban pancartas con mensajes para ellos. «Xabi, betidanik eta betirako, txuri urdina» (Xabi, de siempre y para siempre txuri-urdin) o «Txarly, esfortzuaren eredu» (Txarly, ejemplo de esfuerzo), decían algunas de ellas.

Ovaciones y un gol dedicado

Los aplausos volvieron a sonar con fuerza durante sesenta segundos en los minutos 2 y 10 de juego, coincidiendo con los dorsales que tantas temporadas han lucido el de Lodosa y el donostiarra, respectivamente, que obligaron a los dos futbolistas a levantarse de los banquillos y agradecer la ovación entre gritos de «Txarly, bota de oro» y «Xabi, Xabi...».

En el minuto 18, Anoeta vivió la imagen del relevo generacional que está viviendo el equipo cuando Oyarzabal marcó el primero. El eibartarra corrió hasta llegar al banquillo para dedicar el tanto a Prieto y Martínezy fundirse en un abrazo con ellos, que representa el pasado, el presente y el futuro del club.

El estadio a coro pidio a Imanol que diera entrada a Xabi Prieto cuando el árbitro señaló el penalti sobre Juanmi, pero el oriotarra prefirió que lo lanzara Willian José. El campo se vino abajo cuando el cuarto árbitro levantó la tablilla para dar paso al número '10'. Chocó la mano de Juanmi, al que sustituyó, Illarramendi le cedió el brazalete de capitán y se movió como si fuera uno más de los 530 partidos anteriores. En el minuto llegó otro de los momentos de la noche. Entonces era Carlos Martínez el que saltaba al campo para hacer sus últimas carreras en la banda de Anoeta.

Lo mejor de días como el de ayer, es ver cómo todo un club es capaz de agradecer la fidelidad, el compromiso, la entrega y el orgullo de pertenencia de gente como Xabi Prieto y Carlos Martínez. Ojalá en el futuro en Zubieta aparezcan muchos como ellos porque querrá decir que la Real sigue viva, trabajando bien y haciendo historia.

Taconazo y galopada para el recuerdo

El momento más esperado de la tarde llegó en el minuto 82. Justo después de que Willian José marcara de penalti el 3-2. Imanol llamó a Xabi Prieto y el '10' de la Real Sociedad, que estaba calentando, fue al banquillo. Se quitó la sudadera, el pantalón largo y se quedó de corto. Estaba listo para ingresar en el terreno de juego. Para saltar por última vez al verde de su casa.

Le costó entrar en contacto con el balón. Tuvo que ir a una disputa y correr para defender, pero en el 84 dejó su sello. Dejó ese detalle que se quedará para el recuerdo. Que quedará para la historia como su último retazo de magia.

Controló el balón en la zona de tres cuartos, lo pisó y se lo dejó con un sutil taconazo a Odriozola. Fue el punto final a uno de los pocos hombres a los que les ha valido con su calidad –y su corazón– para convertirse en leyenda.

Menos tiempo tuvo Carlos Martínez, ya que entró al campo en el 87. Pero no desperdició su última ocasión para levantar a Anoeta de sus asientos. Ganó el balón aéreo que pasó por su zona, peleó con sus rivales y se lanzó en segada para interceptar un pase. Y sí, también cabalgó por última vez con la melena al viento.

Un día histórico

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