Real Sociedad

Mal asunto que el solista toque demasiado solo

Pugna. Janujaj intenta superar en carrera a Berisha para tratar de hacerse con el balón, ayer en el Red Bull Arena./LOBO ALTUNA
Pugna. Janujaj intenta superar en carrera a Berisha para tratar de hacerse con el balón, ayer en el Red Bull Arena. / LOBO ALTUNA

Januzaj, único jugador que trata de poner algo de fútbol en el bando txuri-urdin pero que naufraga con el resto

RAÚL MELERO

Para hacer un buen concierto los instrumentos tienen que estar afinados. La Real ha demostrado, quizá de un tiempo a esta parte en contadísimas ocasiones, que es un equipo que juega bien. Que puede dominar a través de la posesión el ritmo del partido. Y que si el cuero rueda al son que marca la batuta, la victoria suele estar más cerca. Esas fueron las premisas que se proclamaron antes del viaje a Salzburgo además de la testiculina, el ardor guerrero, y el escudo. Cuestiones que se deben poner encima de la mesa tanto en un choque de una eliminatoria copera o en un amistoso a las afueras de Reikiavik.

Se apuntó al postrero tanto de Minamino en el choque de ida como un accidente y al buen resultado ante el Levante como estilete para levantar la moral de la tropa. Sin embargo el partido de ayer, dejó claro que esta Real no está para ningún tipo de concierto.

Los únicos rayos de luz salieron de las botas de Adnan Januzaj. Irregular, como siempre. Pero el único que hizo algo diferente sobre el maltrecho césped del Red Bull Arena. Porque así fue. La pelota no rodaba. Botaba. Algo que extrañan los instrumentos de este equipo.

El seguimiento... Adnan Januzaj

Minutos
95
Goles
0
Tiros a puerta
1
Tarjetas amarillas
0
Balones recuperados
4
Balones perdidos
17
Faltas cometidas
2

El belga fue el único que tiró entre los tres palos en la segunda mitad. Una segunda parte para olvidar. Con expulsión, penalti y lesión del portero incluidos. Quizá hubiera sido demasiado premio que con esa acción que despejó como pudo el meta del Salzburgo, la Real hubiera ido a la prórroga. Y quién sabe lo que hubiera pasado después.

Januzaj, del que por cierto se espera mucho más de lo que ha ofrecido hasta el momento, se vio rodeado. Intentó de todo. Tiró caños, arrancó, trató de forzar faltas que el colegiado, o no vio o no quiso señalar, buscó asociarse, disparó a puerta. Esfuerzo baldío.

En la patria de Wolfang Amadeus se necesitaba alguien que se erigiera en figura. Que tocara por encima de la orquesta. En el que se apoyaran el resto de músicos para coger confianza. Porque una eliminación siempre es dura. Y más cuando realmente el equipo vencedor no es netamente superior al perdedor como es este caso. Sin embargo la banda txuri-urdin no suena igual que hace meses. El solista, estuvo demasiado solo. Y eso se paga. Hasta el punto de que la partitura que ha caracterizado a esta escuadra se dio la vuelta. No se tocó de forma armoniosa cuando el resultado era 1-1 y la Real estaba a un gol de pasar a octavos. El juego cambió. Balones en largo. Y el solista intentando pescar el esférico para darle algo de clarividencia. Su gol en la ida en el minuto 80 fue un rayo de luz para la eliminatoria. Y en Salzburgo, donde los virtuosos destacan, el solista no pudo brillar.

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